Hablemos del humor (una vez más)

2 de Abril.- Querida Ainara: si hay algo que, a estas alturas, no se puede negar, es que la gente se parte el pecho de risa con la gente de nuestra familia.
Durante muchos años, las comidas en casa de tus abuelos han sido un peligro constante de morir por atragantamiento. Reirnos de las cosas es nuestra manera de examinarlas, de discutirlas, de defendernos de ellas, de jugar.
Un sentido agudo del humor es a la inteligencia lo que el humo a la presencia de la llama. Y la inteligencia, Ainara, consiste principalmente en ver lo que los demás tienen delante de las narices sin darse cuenta. Por eso la sátira ha sido tan perseguida a lo largo de la Historia. Porque no hay mentira de gobernante que resista la mirada desprejuiciada de una persona con sentido del humor. Todas las dictaduras (las pasadas, las presentes y, desgraciadamente, las que estén por venir) se esfuerzan por ser cosas enormemente serias,por eliminar el color y los matices, porque saben que no podrían resistir la prueba del ácido de un par de personas listas cachondeándose de su heroismo de cartón piedra.
Pero no quiero escribirte hoy, Ainara, para hablarte de las ventajas del humor, que podrás percibir por ti misma dentro de un tiempo, sino para hablarte de sus peligros.
Si viniste equipada con el don de hacer reir (cosa que, en principio, no hay que dudar, porque se te ve en los ojos que eres una chica listísima) quizá descubras que el don tiene sus desventajas. En mi caso, pienso que la más importante es que la gente no sabe distinguir cuándo hablas en serio y cuándo estás hablando en broma; y tienden a tomar a choteo todo lo que dices.
“Culpa mía”, pensarás tú muchas veces, como tu tío ya ha pensado más de una, “por ir por la vida como un chisgarabís”
Mirarás al cielo y dirás: Dios mío, ¿Por qué no podré ser yo como otras personas, discretas, calladitas, grisaceas? ¿Por qué no puedo cerrar la bocaza de una bendita vez? ¿Qué es lo que me lleva irremediablemente a esa carrera de salto de vallas que consiste en empalmar un chiste con otro? (Porque, cuando a uno le escuchan, la sensación es tan gratificante que, cuando haces pop, ya no hay estop).
Pues cariño, yo te diré la respuesta a esta pregunta: en esta familia llevamos el espectáculo en la masa de la sangre y aunque, hasta la fecha, sólo tu tío Paco se ha subido a un escenario (lo de tus bisabuelos en los viajes del IMSERSO casi que no cuenta) necesitamos tener un público como respirar oxígeno, o beber agua cuando tenemos sed. La mirada de los otros y su atención hacen que nos resulte muy difícil contenernos. Nos emborrachan. Y nena, te lo digo ya: la atención ajena es una droga como otra cualquiera.
Uno va aprendiendo con los años a dejar apartada de sus chistes la información que considera comprometedora para su vida privada (no es conveniente hacer chistes sobre cosas que de verdad sean delicadas, porque las cosas frágiles se rompen, y eso hay que aprenderlo, sobrina). Por otra parte, también es conveniente tener alguien al lado que te diga cuándo tienes que parar. Porque alguien gracioso que además sepa que lo es, es como un ludópata insaciable que pierde el sentido del tiempo y del espacio, y no hay nada más triste que un payaso que ha dejado de hacer gracia. Así pues, Ainara, cuando estés en edad, búscate un chico sensato que te diga al oido cuándo te estás pasando. Y hazle caso, por supuesto.
Y, sobre todo, usa tu don con decencia: nunca te rías de personas más débiles o que no se puedan defender. Lucha solo contra iguales porque, además, tiene mucha más gracia.
Incluyo en el grupo de los disminuidos humorísticos a aquellos que no son capaces de reirse de sí mismos (cultiva eso, Ainara: cultiva la capacidad de reirte de tus propios defectos; cultiva la capacidad de percibir en ti misma las debilidades y las flaquezas que te hacen risible y, por lo tanto, humana). Estos disminuidos, digo, bastante castigo tienen con tener que ir disimulando que en esta vida somos todos bastante ridículos y, por lo mismo, dignos de solidaridad y compasión.
La que garantiza una sonrisa compartida.
Creo que este tema da para más, Ainara, y probablemente, hablemos del humor (como cantaba Raphael) una vez más.
Besos de tu tío,

5 comentarios:

RBD dijo...

Paco,
Pues sí, no hay criminal que valga si su caso no ha sido suficiente como para granjearle un apodo sonoro, algo cruel y divertido. Además de La Mataviejitas, estaba El Matagays, El Mochaorejas, en fin... larga lista.

Yo sé que estas cartas se las escribes a tu sobrina, por lo que no me queda claro la pertinencia de verter opiniones que pudieran caer en la indeseable categoría de "no solicitadas", pero no sé si estoy de acuerdo en la parte de "no es conveniente hacer chistes sobre cosas que de verdad sean delicadas".

Más bien me parece que, aunque se agradece el ejercicio de la empatía y la intención de no ofender, el humor es una manera de reaccionar ante la vida que no ofende intrínsecamente al objeto analizado. Es un enfoque que niega sucumbir a los conceptos de seriedad y gravedad. El humor negro y el humor ácido (categorías muy preciadas de humor} simplemente no existirían si aplicáramos las palabras que cité. A mí, prima facie, me suena a autocensura y creo que el tema admite sus matices (como todo lo humano). Pero, bueno, esa es mi opinión. Un abrazo,

Rafa

m. dijo...

Bueno, pues yo sí estoy de acuerdo cno Paco en que hay cosas con las que no se puede hacer humor (ni blando, ni duro, ni negro ni blanco). Lo que me sorprende es que, muchas veces, la hipocresía respecto al tema es alucinante. Cuando pasó lo de las torres gemelas, a los pocos días había chistes e incluso páginas dedicadas a cachondearse del tema. Pero pobre del que se atreva a hacer humor del 11-M de la misma manera que se hizo con las torres gemelas. El humor es una buena 'defensa' ante la vida (las cosas es mejor tomárselas con humor que pillando un rebote o llorando), pero tiene sus límites como todo. Me ha gustado el trozo ese en el que describes lo de que todos esperan que cuentes un chiste. Incluso el más pizpireto puede tener un mal día. Por desgracia, mantener la bocaza cerrada no es una de mis virtudes.
Besillos.
m.

m. dijo...

Paco, tu verificador de palabras me odia. Si tuvieras efectos sonoros de bocinazos cada vez que se pone mal, mi ordenador parecería un concierto trompetero. Jesús, qué espesa estoy hasta para esto.
PD: Me esoy leyendo un libro muy interesante sobre la Sissí de vuestros amores.

Paco Bernal dijo...

Hola! Gracias a los dos por vuestros comentarios.
Al señor Barceló: a mí me parece fascinante lo de ponerle motes a los criminales; aunque no sea políticamente correcto. Aunque todos empiezan por mata-algo, o sea que los asesinos en México tienen pinta de ser muy selectivos...Ummm.
En cuanto a lo del humor, yo no soy partidario de la autocensura, pero por experiencias pasadas me he dado cuenta de que no todo el mundo tiene el mismo grado de flexibilidad ante los chistes que tú y yo tenemos (en mi casa hemos hecho chistes de cosas auténticamente negras) y, como tu dices, las cartas van dirigidas a una tierna infanta -tiernísima,que no tiene un año- pues tengo que recomendarle precaución, aunque yo creo que de transgredir las fronteras ya se ocupará ella.
a M.como le decía al señor Barceló, yo estoy de acuerdo con hacer humor de todo. Porque es una manera de defenderse de lo que te agrede y de lo que te da miedo. Nada como reirse del monstruo para que deje de ser temible. Bueno, no me quiero repetir.
¿Cómo se llama el libro sobre Sissi? ¿Es Vals Negro, el de Ana Maria Moix?

m. dijo...

Uno de ellos sí, es Vals Negro de Ana María Moix y me ha gustado mucho. Y ayer compré otro que es más en plan biografía convencional.