Nos sobran los motivos

5 de Junio.- Querida sobrina: no sé cuándo ni dónde leerás esto. Ni siquiera sé si lo leerás. El mundo, dentro de veinte años, quizá sea de otra manera. O a ti, a lo mejor, no te gustará leer. O encontrarás este océano de correspondencia tan profundo que quizá, quién sabe, te dé miedo (o peor, pereza) meterte en él. Sin embargo, esta es la única manera indirecta de que dispongo para comunicarte lo que me va pareciendo la vida. Las pobres impresiones que un sólo par de ojos pueden tener de este viaje extraño a ningún sitio al que llamamos vivir.
No peco de inmodesto si te digo que, escribir, es lo único que sé hacer más o menos bien. Y digo que no soy inmodesto porque, aún para esto, soy consciente de mis enormes limitaciones. Cuando me comparo con otros que se dedican a ello, o que se dedicaron en su momento, me doy cuenta de que me queda mucho por aprender.
Escribir, sobrina, es sobre todo, solucionar problemas de manera imaginativa. Y a mí ¡Hay tantas soluciones que no se me ocurren espontáneamente! Sin embargo, cuando me entran dudas, siempre pienso que, si algún mérito pueden tener mis escritos, es que están hechos desde la sinceridad más absoluta. Pobres o lujosos, los textos que escribo están hechos poniendo toda la carne en el asador. Intentando eliminar en lo posible todos los intermediarios que el pudor o los convencionalismos ponen entre un lector y alguien que se ha dedicado a juntar letras para formar palabras.
Nunca se consigue totalmente, porque todos somos presa de una educación, de unos gustos. El salto a tumba abierta, como el de esos nadadores que perforan como flechas las aguas del mar después de lanzarse desde una roca altísima, no se consigue casi nunca. Porque todos, los escritores también, somos cobardes.
Pero por experiencia de lector sé que siempre me llegan más aquellos textos en los que el autor quiso que, quien le leyera, supiera de verdad lo que él o ella estaba sintiendo cuando había cogido la pluma. Estos textos son los únicos que quedan. Las verdaderas obras de arte. Porque nos unen, en una cadena ininterrumpida, a otros seres humanos que, alguna vez, sintieron lo mismo que alguna vez hemos sentido nosotros.
Pero para que ese milagro se produzca, se necesita un paso previo. Se necesita un lector. Se necesita que alguien se siente voluntariamente y pase los ojos por un texto. Se necesita una educación previa que eduque a ese lector en la apertura de mente necesaria para intentar reconstruir un mensaje que, en algunos casos, lleva miles de años guardado en esa cápsula del tiempo que es el libro. Se necesita, Ainara, sobre todo eso: tiempo. Un bien escasísimo.
Desde que guardo memoria de mí, me veo escribiendo, o dibujando. Soy un libra prototípico cuya meta es tender puentes y comunicar. Un libro, un texto, siempre es una conversación. Una extraña conversación, siempre aplazada. Porque generalmente el emisor y el receptor raras veces se encuentran. Por eso, a veces, pienso que no podría haber escritura sin el disfrute privado que, en los momentos de flujo máximo, el escritor siente cuando ve nacer su texto delante de él. Incluso, Ainara, a veces se siente la ilusión milagrosa de ser un medium, de estar escribiendo al dictado, de que todo encaja sin que tú puedas evitarlo. Son esos momentos los que crean adicción, los que hacen seguir intentando capturar la realidad a base de palabras. En cierto modo, sentirte menos perecedero, más perdurable.
Esos y, en este caso, en este blog, cuando ves que alguien ha reaccionado a lo que tú has escrito (a veces, de manera sorprendente para ti).
Con la esperanza de que tú también reacciones algún día a estas cartas, las escribo.
Besos de tu tío.

3 comentarios:

m. dijo...

Pues sí, tienes toda la razón. Leer es un placer y escribir, para los que saben, también. Suerte de esos escritores que nos hacen pasar tan buenos ratos... Y los blogs me parece que han ayudado mucho a descubrir a gente que tiene mucho que decir (éste, por ejemplo) y a difundir mensajes que de otro modo no llegarín.
Yo participo en un blog con dos chicas más, se habla de ocio (libros, viajes y demás) y mira, se hace lo que se puede.

Paco Bernal dijo...

Ajá!Y cómo se llama ese blog?

Valerio Flaco dijo...

"Panem et circe": estoy seguro.