DiosmíoDiosmíoDiosmío

11 de Septiembre.- Hoy, siete años después, aún puedo recordar con completa precisión dónde estaba aquel día a las tres de la tarde.
Estaba trabajando en Mundo Perdido, una cadena de televisión española, en un departamento que ya había iniciado el deterioro que lo llevaría, meses más tarde, a su completa desaparición. Había comido en el enorme comedor. Comíamos siempre de dos a tres, y llegábamos a dejar a unas compañeras en su sitio justo cuando empezaban las noticias. Recuerdo caminar por los pasillos, la cabecera de las noticias entrando, muda, en los monitores que hay cada diez metros. Y luego, la imagen que nos perseguiría, una y otra vez, durante las horas siguientes y que aún nos persigue desde entonces. Corrimos al sitio de mis compañeras, encendimos la televisión, subimos el volúmen. El presentador estaba contando que, según indicaban todas las apariencias –aquella imágen en NTSC de calidad un tanto defectuosa- un avión de pasajeros se había estrellado contra una de las torres del World Trade Center cuando de pronto ¡Zas! Otro avión atravesó la segunda torre y todos supimos que el mundo no volvería a ser igual.
Pasará a la historia el comentario inteligentísimo del presentador, tan acorde con aquellos momentos trascendentales.
El largo entrenamiento, por suerte, le impidió soltar ningún taco. Pero en cambio, llenó el silencio (largo) que siguió al impacto del segundo avión con un DiosmíoDiosmíoDiosmío que nos puso a todos la carne de gallina.
El comentario más inteligente (en serio) de aquel día lo hizo una mujer que, por otra parte, no tenía ninguna fama de serlo.
Avanzada la tarde, cuando una de las dos torres ya se había convertido en un amasijo de hierros retorcidos, dijo:

-Parece que estemos viendo una de esas películas que echan los sábados a las tres de la tarde.

Y todos nos quedamos pálidos porque la sensación de incredulidad era tanta como si estuvieramos viendo, de hecho, una película malísima. Un malvado telefilm que se hubiera colado, por arte de magia, en todos los televisores del mundo: al mismo tiempo, contundente, sin piedad.
Aquello significaba que nuestra vida cambiaría para siempre (como de hecho ha sido así). El mundo de hoy es hijo de aquel 11 de Septiembre, de la operación Justicia Infinita, de la Libertad Duradera que vendría cuando a la Casa Blanca le pareció que el nombre no era el más adecuado para desencadenar las guerras con las que los Estados Unidos intentaron recuperar la autoestima perdida. Luego, vinieron las mentiras ante la ONU, los cientos de miles de personas despanzurradas en varias guerras que han hecho que el precio del petróleo estrangule la economía occidental.
El regidor de las noticias, aquel día, era un becario. Dios le tiró encima un telediario de ocho horas.
Cada vez que pienso en el 11-S pienso en aquel chaval, en aquel regidor al que M.P., el presentador debió mirar angustiado mientras, con la voz campanuda que había heredado de su padre, sólo acertaba a decir DiosmíoDiosmíoDiosmío.

7 comentarios:

m. dijo...

Bueno, supongo que todo el mundo recuerda qué hacía en ese momento, como siempre que pasa algo de dimensiones y consecuencias grandes. Nada más, lo dejo aquí porque está visto que las discrepancias no son bien recibidas.

amelche dijo...

Yo no lo vi en TV hasta la noche, porque estaba trabajando en la of. de turismo de una playa (bueno, a un km. de la orilla de la playa) y allí no entraba nadie ya en las tardes de septiembre. De repente, me llamó mi madre para contármelo y luego mi compañera del cámping donde había estado comiendo y tomando café hasta antes de abrir la oficina. Y le dije a mi compañera: "Ya lo sé, me ha llamado mi madre para contármelo pero, ¿tan grave es?" Y me dijo: "Es que tú no lo has visto en la tele. Yo lo he visto aquí en el bar, justo después de irte tú."

Así que ya, intrigada, puse la radio y me tragué toda la tertulia y los análisis y comentarios. Y esa fue la única vez en la historia de los dos coches que he tenido en la que he puesto la radio para volver a casa (siempre escucho música, en cassette en mi primer coche de 2ª mano y en CD en el actual).

Anónimo dijo...

Siguiendo el ejemplo de Amelche, yo también contaré una experiencia 11-S, pero no la propia, que nada tiene de original, sino la más surrealista y almodovariana protagonizada por mi hermana. Y es que vivir tamaño acontecimiento en el único bar de un manchego pueblo llamado "Las Navas de Ricomalillo" es digno de ser contado.
Poneos en situación: 11 de Septiembre (por supuesto), en torno a las 16 horas (zulu y en España hora de la siesta), un autobus lleno de rumanos y una "US citizen" aterriza en el susodicho pueblo para visitar...una almazara y probar (redoble de tambores) el pan con aceite al final de la misma. Obviamente, se produce un motín (la hora, el calor, el nombre del pueblo) y le dicen al organizador de tan cultural evento que se puede meter el aceite (o más bien la almazara entera) por donde mejor le quepa. El motín termina (porque no olviden, oh lectores, que esto es España) en el único bar del pueblo, donde una pantalla ofrece la archiconocida imagen que todos vimos. La estupefacción se apoderó de todos. No se oía ni un murmullo...Hasta que entró la "US citizen" y oh my god,ohmygodohmygod (lo mismo que tu comentarista, primo)tengo que llamar a la US embassy porque, after all "I am a US citizen and I know my rights" y se desató la histeria.
Los vecinos, alertados por los gritos y lloros de Kimberly, empiezan a asomarse al bar (Y esta,¿por qué está tan "revenía"? ¿Qué le ha dao? uhhh, pos que tontunas, si total por una torre cristal... Anda que, menuo pollo está montando por ná...Hija mía, deja de gritar que me estás poniendo la cabeza tonta!!!)
A todo esto, el organizador no desiste y aparece el día en que el mundo parece acabarse con dos garrafas de aceite y un saco de pan para calmar los aún encendidos ánimos
En fin, una historia más del 11-S!
Un abrazo, primo, que te echamos de menos!

Paco Bernal dijo...

Hola!
Gracias por vuestros comentarios.
A m. totalmente de acuerdo con que hay acontecimientos que se marcan. En cuanto a las discrepancias, naturalmente que son bien recibidas. Sólo que el que discrepa tiene que saber también aceptar los contraargumentos. En eso consiste la conversación: como una partida de tenis.
A Amelche: es cierto que así contado la cosa no daba para tanto, pero las imágenes eran impresionantes. Yo tardé mucho tiempo en poder verlas sin perder la serenidad. De todas formas, me parece muy sensato lo de no escuchar la radio en el coche. Las tertulias omnipresentes van fatal para la digestión.
A mi primo: en primer lugar !Yo también os echo de menos! En segundo, lo que no calme un trozo de pan con aceite...De todas maneras, es que est@s american@s no me valen pa ná. Les tiran un par de rascacielos y ya están con el grito en el heaven e invocando sus rights. Mare de Deu :-)
Saludetes y wir melden uns,
P.

amelche dijo...

A tu primo: Buenísimo el comentario, ¡ja,ja,ja! Vaya mezcla explosiva: los rumanos, la americana, los españoles, el pan con aceite... Y, para colmo, el día en que se caen las torres. Ahí hay tema, como dices, para una película de Almodóvar.

Jabolka dijo...

Dejando a un lado la gravedad de aquel momento, lo de la "voz campanuda heredada de su padre", me ha encantado, jaja...

Saludos

myriam dijo...

Pues yo casualmente en aquel momento estaba viendo la tele, así que lo pillé todo en riguroso directo, y he de decir que hasta que reaccioné pasó un buen rato; mi pensamiento fue el de la locutora: qué eggs de peli estilo documental es esta??