El escudo español en un posavasos de la embajada
VD te lleva al glamour

10 de Octubre.- Con motivo de la conmemoración anual del encuentro fortuito que Colón tuvo con las Antillas, el señor embajador de España en Austria ha ofrecido una recepción a la que, los residentes españoles en Viena, estábamos invitados.
Escribo esto después de haberme quitado el traje y la corbata, y después de haber dejado en sus hormas los zapatos buenos, los que uso para las entrevistas. Esos que, si no me pongo tiritas, me desuellan los tobillos. Tras vivir unos años aquí –en concreto, mañana hará tres: otro aniversario- he adquirido la opinión austriaca de que, a según qué sitios, hay que ir vestido de según qué manera. Porque forma parte de la cosa. Y si no, no vayas. Con esto quiero decir que yo soy de la anticuada opinión de que a las recepciones de embajada hay que ir, como mínimo, un poquito arreglado. En hombres con traje o equivalente. Quedan excluidos de este amplísimo “o equivalente” todos aquellos accesorios que permiten hacer deporte con comodidad. No por ningún tipo de prurito clasista –que, a estas alturas, está completamente de más- sino por una simple cuestión de cortesía. Por esa cosa de arreglarse porque los otros también se han tomado el trabajo de ponerse traje y corbata, que es un poco coñazo, aceptémoslo.
Paso a la recepción: se ha desarrollado en los salones de respeto de la embajada española, situada en la Theresianumgasse número 21, bajo la soñolienta mirada de algunas copias –no malas, pero no espectaculares- de retratos de reyes españoles de los últimos siglos. La jocosa majestad de Isabel II, un Alfonso XII retratado en el salón del trono del Palacio de Oriente con mirada joven y romántica, una Maria Cristina enlutada, con la expresión desabrida de las mujeres que tienen todas las puertas del corazón cerradas al placer. Todos han contemplado el ir y venir (más el venir) de unos cuantos cientos de personas que, aunque compartían la misma ansia por el canapé gratis de una tropa de jubilados del IMSERSO, apenas compartían nada más.
A estas fiestas hay que llegar cortesmente impuntual. Porque llegar a la hora que pone la invitación es, queridos y queridas, indicio fehaciente de que estás ansioso por echarte al coleto los vinos del embajador. Y eso, siempre está feo. Yo he llegado cuarenta minutos tarde. A la entrada de la recepción estaba nuestro representante con su señora, estrechando las manos de los asistentes. Tras un saludo cortés, me he dado una vuelta por los salones. Eran cuatro. En el más escondido, había una larga mesa con bandejas llenas de canapés. Estaba invadido por una pequeño ejército de golosos que comían a dos carrillos.
Detalle de la mesa llena de viandas

En el siguiente salón, un camarero aborigen, con cierta displicencia, servía copas de vino español –tinto y blanco: ambos de calidad mediana- y zumo de naranja Happy Day con el tetrabrick encima de la mesa. La cosa iba de rancho, pues. Había un salón con un piano que era el segundo más frecuentado –a pesar de que no había nada de comer- y por último un salón amarillo con una chimenea, una librería llena de libros viejos –ni siquiera de mérito, estaban ahí por la encuadernación-, un tapiz, y una reproducción infame de una anunciación. Lo mejor, la alfombra.
En los salones, de bote en bote, pululaba una masa heterogénea de personas. Primer criterio de separación: la edad. Los más mayores éramos los residentes permanentes. La loca juventud eran los Erasmus (respeto la terminología, aunque ya las becas de la Unión no se llamen así). Dentro de los Erasmus también había divisiones. Estaban los normales: chicas particularmente. Se les notaba la normalidad en que no llevaban el complemento indispensable de las pijas: ese cinturón con dijes, abalorios o “falsas moneas” que centellean tanto cuando una mueve las caderas. También se distinguían en que se les veían los ojos: las pijas se ponen unos flequillos –rubios malamente teñidos- que les tapan la vista y las condenan con más seguridad que un burka a tener problemas futuros de visión. En ellos, la cosa también estaba clara: los pijos iban con jersey –marca Fred Perry, en muchos casos-, la camisa por fuera –del jersey y del pantalón, pero a qué aclarar lo que todo el mundo sabe- y también lucían flequillos. Los Erasmus pijos más golfos hacían piña en la ventana del salón amarillo para violar la normativa que prohibe fumar en los lugares públicos. Sacaban la cabeza por la ventana y ya estaba. Cuando la reunión ya llevaba dos horas de funcionamiento, y nivel de alcoholemia había subido, se ha corrido la voz del fumadero y se han formado unas colas dignas de una operación salida de Semana Santa.
La cosa, dentro de que ha sido más bien sosa, ha tenido algo bueno: no hemos hablado (casi) de la crisis. Hoy, la bolsa vienesa ha suspendido su actividad a las doce de la mañana por el batacazo. Bendito sea Dios. Dónde estarán nuestros ahorros.
Un grupo de Erasmus españoles haciéndose fotos con la bandera rojigualda, igualito que si acabaran de coronar el Anapurna.

12 comentarios:

amelche dijo...

Pues no veo a muchos con traje y corbata en las fotos... Espero que no hayas sido el único.

Paco Bernal dijo...

Hola! Madre mía, por Dios, qué rapidez jajaja. No he sido el único, había mucha gente. Un fifty fifty.
Saludetes

Isa dijo...

Paco, no estuve allí, pero lo vi todo. Qué bien lo cuentas!
Felicidades en tus aniversarios.
Isamari

JOAKO dijo...

Notición
http://mercadointerbancario.blogespana.net/index.htm

JOAKO dijo...

Me ha encantado el post, no conocía esta costumbre de hacer una recepción pública de las embajadas, pero me parece buena. Comparto contigo el sentido de la observación extrema de las distintas clases socio-economico-marquistas, entendiendo lo de marquistas como marca de clase y marca de ropa, y en esto los reyes indiscutibles son los pijos, mi mujer da clase en el colegio Sagrado Corazón en Chamartín, que a pesar de ser concertado y dado la disytribución geografica de su area de influencia, pues el personal estan netamente en el perfil pijo, yo disfruto mucho viendo a los padres, sobre todo a las madres, sincronizan su habitos, sus vestimentas, hasta su forma de hablar, y luego lo niegan, yo se que soy y me comporto como lo que soy, sin embargo esta clase media alta parece sufrir mucho un "casi llego" que da entre pena, risa y asco.

Noema dijo...

Lo del tetrabrick encima de la mesa me ha llegado... no hace falta que expliques más!

con Ka dijo...

Me ha gustado eso de "...todos aquellos accesorios que permiten hacer deporte con comodidad". Mira que a mi me gusta ir de sport, pero eso de ir a la casa del embajador con bermudas, pues como que no. Y en cuanto a lo de los canapeses, pues hombre, es que hay cosas que no cambian...
Un saludo y felicidades por todos los aniversarios acumulados :)

Paco Bernal dijo...

Hola a todos otra vez y gracias por vuestros comentarios.
A Isa: muchas gracias por las felicitaciones, la verdad es que Octubre, para mí, es un no parar de conmemorar cosas importantes jajaja. Saludos.
A Jaako: qué razón tienes, compañero. Ayer había gente en esa fiesta que, aparte de ponerse de comer y beber gratis como el kiko, decían unas tonterías que daban ganas de acercarse al baño más próximo. Yo, la verdad es que salí muy enfadado, porque me parece que hay mucha gente que no sabe estar. En cierto modo fue un poco desagradable. Venía preparado para escribir un post un poco más ácido, pero al final quité un par de retratos sociológicos. En fin...
A Noema: lo del tetrabrick. Lo dicho. Que ahí había experiencia en organizar ferias de pueblo.
A Karmele: gracias por las felicitaciones. Y si hubieran sido sólo bermudas...Jerseys raidos,sudaderas, playeras sucias...En fin, no sigo.
Cuidaros mucho todos.
Saludos,
P.

Pyro dijo...

Pues yo llevo un tiempo aquí y no he recibido nunca la invitación esa (a pesar de dejarme unas pelas impresionantes en la embajada en concepto de compulsaciones). Debe ser que como no estoy registrado como español la dan solo a los susodichos y Erasmus...La verdad es que me pica la curiosidad (aunque no creo q me merezca la pena inscribirme sólo para acudir a recepciones) y de seguro que me hubiera hechado unas risas de haber estado allí.Creo que has clavado perfectamente tus descripciones sobre la fauna que frecuenta tales actos.Ah, felicidades por ese aniversario, que es el mismo que yo hago (3 años también hice en Septiembre).Saludos!

Paco Bernal dijo...

Hola! Este ha sido mi primer año de recepción porque ha sido el primer año en el que he estado inscrito en el registro de la embajada. Es un trámite muy fácil, sin embargo, y que proporciona muchas ventajas en caso de necesidad (consulares y legales). Muchas gracias por la felicitación. O sea, que a ti también te pilló el invierno de 2005 y sobreviviste :-)
Un saludo,
P.

Pyro dijo...

Vaya,que invierno aquél!Todavía lo recuerdo tal como fue, largo, no paraba de nevar y deprimente (ante mi situación de no tener aún trabajo).Gracias a Dios, los sucesivos han sido mucho menos terribles...el calentamiento global?Saludos

Paco Bernal dijo...

Hola!
La verdad es que yo hasta llegué a cogerle cariño al frío jajaja. Te voy a contar un secreto: yo he terminado por echar de menos ese frío, oyes. Recuerdo yo dar diente con diente en el mercadillo de navidad de Karlsplatz. Pero ahora ya nada es lo que era. Debe de ser por el calentamiento, como tú dices.
Un abrazo.