La verdad es que mi santo (el pobre) no ha tenido mucha suerte con los pintores. Esta es la imagen más decente que he encontrado de él.
Vidas ejemplares

4 de Diciembre.- Ayer fue mi santo pero, en estos tiempos de laicidad y laicismo, de pérdida de valores, en los que la iglesia militante denuncia con razón el hecho de que el mundo esté como Sodoma y Gomera, el deterioro de las tradiciones y el desdoro de los dogmas, la verdad es que no se acordó ni el gato (*).
Miento: se acordaron mi tío el militar (que es muy puntual para estas cosas), mi tía de Almería y un compañero de trabajo polaco al que la cosa ni le iba ni le venía .
Los romanos creían que el nombre hace a la persona, igual que el hábito hace al monje; y yo creo que, en cierto modo, tenían razón. Cuando yo nací, mi padre quería que me llamase Juan de Dios pero mi madre y mi abuela se cerraron en banda y, al final, se optó, siguiendo el consenso que hizo posible la transición (1975, era la época) por Francisco Javier.
De este modo, me libré de ser conocido como “El Juande” y probablemente, según la teoría romana, también me libré de ser cliente de Las Barranquillas o de afanar ciclomotores al filo peligroso de la madrugada.
Sé poco de mi santo, pero las pocas cosas que sé hacen que me sienta cercano a él (aunque yo los únicos milagros que haya hecho hasta la fecha hayan sido los presupuestarios).
Para empezar, Francisco Javier fue emigrante y cotilla, como yo. De bien jovencito se fue a París con su colega Ignacio de Loyola para ver qué se cocía en la teología de su tiempo (y también, quiero creer, que el ambiente provinciano de la España de la época debía de asfixiarle). Cuando se convenció de que tampoco en París estaba su sitio, y empujado por un idealismo que no habla mucho de su cordura, Francisco Javier se fue a Asia a evangelizar a una gente que, aceptémoslo, había vivido hasta entonces felicísima sin estar evangelizada. Esto a él le chupó un pie y se dedicó a enseñarles los principios de la religión católica a los futuros paisanos de Isabel Preysler, los cuales (¿Quizá por paliza?) se lo cargaron.
Durante la causa de su beatificación, eso sí, un testigo declaró que ya en vida la gente le tenía por santo, porque era “el hombre que siempre sonreía” (cosa que yo intento llevar lo más a rajatabla que estos tiempos crueles me permiten y manera en la que me gustaría ser recordado cuando llegue el lejanísimo día de mi fallecimiento)
Así que ayer, para reforzar esta tendencia mía a la sonrisa, celebré mi onomástica con sendas tazas de Gluhwein en el mercadillo de la Plaza del Ayuntamiento y una de propina de Schildcher en Karlsplatz. No fui el único: aquello estaba abarrotao.

(*)ACTUALIZACIÓN: se ha acordado mucha más gente luego, e incluso ayer, que se acordaron tarde y no me llamaron. Es justo y necesario decirlo.

5 comentarios:

Marta dijo...

Felicidades Paco. Me alegro de que te identifiques con tu santo porque yo le tengo gran estima.Mi hijo se llama Javier, yo soy de Navarra y durante más de una decada cada año acudia andando hasta Javier en una paregrinación que por tierras navarras es todo un acontecimiento. Javier era un tipo singular y por Japon le tienen en bien alta consideración. Creo que era un adelantado de su época que se dejó complicar la vida y dejar su mundo de niñobien en aras de unos ideales.
Felicidades de nuevo y si un día vas por navarra llegate hasta su pueblo y visita su castillo.
Te sigo leyendo y disfruto mucho aunque no me suelo atrever a opinar. Me tienes asombrada con tu fecundidad literaria aunque sospecho que como casi todo en esta vida es cuestión de disciplina.
Saludos

JOAKO dijo...

Pues mi santo es muy modesto, se limitó a ser el padre de la virgen Maria, escaso bagaje la verdad, aunque se libró de las rechiflas de su yerno.
Por cierto, acabo de publicar un post en el que hablo de las barranquillas, y no recuerdo ver por allí a ningún "juande" y sin embargo Javieres...y Pacos...

isabel maria dijo...

Entre las personas que se le ha olvidado el santo esta la madre que lo trajo al mundo, perdon por no acordarme pero cuando hable contigo seme olvido un beso

Paco Bernal dijo...

Hola!
Gracias por vuestros comentarios.
A Marta: una prima mía estuvo en la javierada anual y me habló maravillas. Si alguna vez voy por Navarra, no dejaré de visitar el castillo de Javier. Felicita a tu hijo y tocayo mío (aunque con un poco de retraso). Por cierto, que lo de la fecundidad literaria es más rebeldía por estar rodeado de un idioma extraño que otra cosa. Un saludo :-)
A Joako: uno de mis mejores amigos también se llama Joaquín, por cierto. La verdad es que mi comentario sobre los nombres no ha sido muy afortunado, y es verdad que la realidad de Las Barranquillas es muy dura para frivolizar con ella. En cualquier caso, en tu blog he dejado un comentario al respecto. Cuidate, compañero.
A mi madre: da igual, tampoco es tan importante que se te olvidase. Bastante tienes tú con la enana jajaja.
Besos

amelche dijo...

Feliz santo, aunque sea con retraso. Pero yo te tenía más por Paco que por Javi. :-)