Tsunami

24 de Abril.- El SMS me pilla cogiendo el ascensor para ir a la oficina. Mi primo N. me escribe: ya es oficial: en España hay cuatro millones de parados.
El martes, delante de unas cervezas, se demostró que, como futurólogos, lo íbamos a tener un poco crudo: nosotros pensábamos que la barrera psicológica se rompería tras el verano, quizá en navidad.
Estamos hablando, por supuesto, de estadísticas maquilladas. En realidad, los parados son bastantes más. Durante la pasada legislatura, y adaptando nuestra legislación a la de los países de la Unión, el Gobierno cambió la definición de qué personas sin trabajo se consideran parados. Por ejemplo: las personas que están formándose en un curso del INEM no son, oficialmente por lo menos, parados. Esto lo saben bien en Austria, en donde rige el mismo sistema, y yo puedo dar fe: uno de mis primeros trabajos fue como profesor de español para el INEM austriaco. Le daba clases a una chica majísima, algo alicaída quizá, que proyectaba convertirse en profesora de salsa. Zirkelbach se llamaba. No se me olvidará porque el apellido me pareció el más raro que yo hubiera oido nunca (no sabía yo lo que me esperaba).
Al recibir el SMS han empezado a venirme cifras a la cabeza. Por ejemplo: en España hay gente parada suficiente como para llenar dos Vienas y pico; los historiadores calculan que, en nuestra última guerra civil, murieron seis veces menos personas que las que buscan trabajo en la actualidad. La ciudad de Madrid, con toda su extensión, no podría acoger a todos los desempleados, y habría que habilitar algún suburbio en el que cupiesen. No sigo porque sería entrar en el terreno de las especulaciones matemáticas, y tampoco es plan.
Desde aquí, el hundimiento de la economía española, no por más previsible menos terrible, se ve con una sensación agridulce. Uno se queda hipnotizado facilmente con las cifras y prefiere no pensar en los cambios sociales que una pobreza tan repentina va a producir en los próximos meses. Por lo pronto, los astilleros de Sestao, en el norte de España, ya están parados por una huelga que reclama que se deje de emplear a extranjeros.
En Austria, los medios informativos no han prestado atención a la escalofriante escalada de las cifras españolas de desempleo. Las portadas han sido copadas por la huelga de los estudiantes (el remedio del conflicto Profesores-Ministerio de Educación amenaza ser peor que la enfermedad); y los números rojos de la economía alemana. No llegan a la catástrofe española pero desde aquí se ven con preocupación: un alto porcentaje de las transacciones de la economía austriaca se establecen con Alemania. Los vecinos piefkes son nuestro mercado principal.
Cuando todo se calme, España volverá a ser, probablemente, el país de mi infancia. El barniz de los últimos años se descascarillará de nuevo y seremos de nuevo tan pobres como fuimos. Quizá entonces nos demos cuenta de que el único capital que no nos pueden robar es la formación: lo que nuestros niños y jóvenes tengan en el cerebro. Eso, y no los ladrillos son lo que hace a un país auténticamente rico.
Así, por lo menos, la crisis habrá servido para algo.
Amén.

2 comentarios:

Pablo Salzburg dijo...

¡Magnífica entrada! Solo quisiera hacer una pequeña puntualización: la encuesta de población activa da, entre otros datos, el número de personas que estando en edad de trabajar no lo hacen. No tiene nada que ver con las cifras oficiales del INEM. Por esa misma razón, es un indicador fiable del número de parados reales que hay. Aunque oficialmente «solo» haya 3.600.000 parados registrados, esta encuesta revela que la realidad va «hasta el infinito y más allá...»

Besos desde Salzburg.

Paco Bernal dijo...

Hola Pablo:
En este caso, doblemente gracias por tu comentario. Por haberlo hecho, y por la puntualización. La metedura de pata tiene más delito por haber estudiado lo que estudié !Mira que confundir la EPA con la lista del INEM! Debí de hacer pellas ese día...:-) En fin, lo que hace falta es que, quien lo busque, encuentre trabajo.
Saludos :-)