El bautizo de blancanieves

Frau Maria Vassiliakou, vicealcaldesa de Viena desde ayer, y su jefe, Herr Michael Häupl; alcalde de Viena y presidente del Land del mismo nombre.

26 de Noviembre.- Ya es oficial. Después de unas negociaciones tan semisecretas como aparentemente interminables, Viena ya es rojiverde. Ayer, en un pleno del ayuntamiento vienés (que, al mismo tiempo, es el parlamento de la Comunidad Autónoma de Viena, para entendernos) se realizó la votación ritual. Herr Michael Häupl es de nuevo alcalde y Frau Maria Vassiliakou es la vicealcaldesa. Ufana, la de ascendencia griega posaba para las fotos (no es para menos, ella cree que ha abierto el melón que puede llevar a los verdes, eternos aspirantes a todo, al Gobierno de la Nación) y, en declaraciones recogidas por la prensa local, aseguraba estar superorgullosa de los ciudadanos y ciudanas vieníes que votaron a su partido.


Las reacciones. Entre la ciudadanía, creo que se resumen en una viñeta que, hace unas semanas, traía el Kurier. Salían en ella dos personas leyendo un periódico en cuya portada se anunciaba la coalición social-ecologista. Un personaje decía (parafraseando a Forges): “Stupendo: ahora vendrán muchos más inmigrantes” y el otro: “Gensanta, lo que nos faltaba: ahora habrá todavía menos plazas de aparcamiento”.

En el estamento político, la foto de nuestro querido alcalde y de su vicealcaldesa tampoco ha gustado demasiado, principalmente entre los conservadores, como ahora explicaré.

Los señores del Partido Popular andan muy de capa caida en las encuestas.

El neofascismo faldicorto que ejercen día a día Strache y sus boys le está comiendo terreno a los que, tradicionalmente, eran los defensores de los valores “de toda la vida” (la familia, la religión católica, el orden, cierto nacionalismo, la austeridad presupuestaria... en fin). El electorado conservador percibe los difíciles tiras y aflojas de la coalición rojinegra en el parlamento nacional como un juego en el que los grises están demasiado presentes. Y ya se sabe que el elector conservador pide enemigos reconocibles, blancos, negros (vamos: en nuestro caso “rubios como la cerveza” contra “turcos” o balcánicos). Y como el electorado percibe esto, se está fugando de manera sostenida hacia las filas de lo que el Partido Popular tiene más a la derecha.

Así pues, para los conservadores no sería buena noticia que el experimento de la alcaldía vienesa saliese bien y que los socialistas encontrasen en los verdes un nuevo socio que pudiera sustituirles como socios parlamentarios en un futuro no tan lejano como algunos piensan (yo calculo que, si la cosa sigue así y todos seguimos vivos para entonces, tendremos elecciones anticipadas en otoño de 2011 aproximadamente).

Los señores del FPÖ, entretanto, adoptan, de puertas para afuera, la actitud del hada mala de La Bella Durmiente cuando no la invitaron al bautizo de la princesita. Levantando mucho el índice, con tono agorero, dicen:

-Ahora nos excluís de las coaliciones, pero llegará el día en que tendréis que parlamentar con nosotros !Por estas!– y se besan los dedos en cruz. Posibilidad, por cierto, que le pone los pelos de gallina a cualquier persona con sentido común.

De puertas para adentro, flipan con los resultados de las encuestas –resultado de, aceptémoslo, una labor de comunicación monolítica, consecuente y perfectamente planificada, aunque el contenido revuelva los estómagos más encallecidos-.

En fin: como dijo aquel: “así son las cosas, y así se las hemos contado”.


1 comentario:

lolibel dijo...

Ahora ejerciendo de periodista dicharachero como la rana gustavo, suerte con el alcalde y la ayudanta y también en el periodismo internacional.