Nadie vale más que nadie

Unas chicas saltando frente al muro de Berlín (Archivo VD)

9 de Marzo.- Querida Ainara: lo recuerdo bien: fue en 1987. Yo estaba en séptimo de EGB y Don Luis, uno de mis maestros entonces y, a la sazón, nuestro tutor, utilizó el último cuarto de hora de una clase para explicarnos lo que era ser delegado y creo que para la elección del de aquel año.


Me temo que Don Luis no era partidario de aquellas democracias (si se hubiera tenido que enfrentar a los niños de ahora probablemente hubiera sufrido un patatús). Por eso nos preguntó de manera jocoseria por nuestra opinión. Los métodos educativos de aquellos años, no sé ahora, trataban de fomentar el debate entre los alumnos.

Don Luis nos pinchó haciéndonos notar que el voto no era un asunto para tomárselo a la ligera porque podía llegar el momento en que tuviéramos que obedecer órdenes de nuestro compañero ascendido a delegado de curso (supongo que todos éramos conscientes de que este debate era toreo de salón más que otra cosa, porque en las clases de Don Luis, quien daba las órdenes era Don Luis y nada más que Don Luis).

Yo, en mi calidad de uno de los alumnos más aplicados de la clase me sentí obligado a dar mi opinión (tu tío Ainara, siempre luchaba entre la tendencia al peloteo y una curiosa habilidad para meterse en jardines). Levanté el dedo y expresé mi excepticismo. Confesé estar poco dispuesto a obedecer órdenes de una persona a la que yo no le reconociera superioridad (por ejemplo, Don Luis, que me parecía, sinceramente, el colmo de la inteligencia). Rematé diciendo:

-¿Y por qué le tengo que obedecer si es igual que yo?

Don Luis se me quedó mirando entre sorprendido y divertido, y sólo dijo:

-Señor Bernal, pero ¡Usted es un anarquista!

Llegó la una, hora de nuestra salida. La clase se disolvió y, de camino a casa, yo le conté a mis padres que el profesor me había llamado anarquista. Tus abuelos supongo que sólo habían escuchado antes la palabra en conversaciones a media voz que relataban medrosamente los tiempos de la guerra civil. Les debió de parecer un calificativo un poco grande para un niño.

Es cierto sin embargo, Ainara, que tu tío es un poco anarquista. Nunca he tenido poder y dudo que jamás lo tenga, pero mi relación con aquellos que alguna vez han ejercido alguna vez algún tipo de mando ha sido siempre de igual a igual. El teatro confirmó mi opinión infantil de que las jerarquías son cosas postizas que, en cuanto se agita un poco a la persona, se caen como las hojas secas del árbol, dejándonos en bolas.

En la Universidad, mis condiscípulos decían que trataba a los profesores como si me fuera de cañas con ellos todos los días. Esto, para mí, significaba que tenía con ellos la relación que yo considero indispensable para el aprendizaje. El alumno tiene que sentirse en libertad para preguntar con todo el respeto y el profesor debe sentirse apoyado por aquel a quien está enseñando. Para mí, la enseñanza y el aprendizaje no son más que dos formas de una misma conversación.

En cualquier caso, y esta es la moraleja de esta carta, nadie, Ainara, nadie, vale más que nadie. Todos somos humanos y, por lo mismo, igual de merecedores de respeto, de cariño, de atención. Del rey abajo.

Besos de tu tío.

7 comentarios:

emejota dijo...

De anarquista a anarquista... por entonces andaba mi hijo por Berlin, tenía 16 años y me trajo un cachito de muro. Un fuerte abrazo.

María dijo...

Eso. Y como creo que ya he comentado en algún otro post: "Con respeto y educación se llega a cualquier parte." Pero eso, respeto mutuo.



Todos somos iguales, algunos con más estudios, otros con más "saber de la calle", pero siempre hay algo que el otro controla más que nosotros mismos.


Besos anarquistas.

Joselillo dijo...

Bonito el relato. Besos desde Madrid.

lolibel dijo...

Igualdad y fraternidad para todos. Un beso.

Chus dijo...

Está bien que la enseñes eso a tu sobrina.

Estoy de acuerdo. Todos somos iguales, pero tampoco hay que pasarse. Siempre tiene que existir el respeto y el saber estar.

Porque a una persona de edad o a tu profesor o a tu jefe, les llames de usted, con eso no te estas menospreciando.

Un abrazo

Pablo dijo...

Ja, ja, ja... ¡Que exagerado tu profe! Aunque los anarquistas no están tan mal como la gente cree. ¿Sabes que en España existe un colegio libertario? No existen programas, ni cursos, y los alumnos estudian cuando quieren, las cosas que quieren. Luego, el último curso se tienen que ir a estudiar a colegios "reglados" si quieren conseguir el titulo de ESO y seguir estudiando bachillerato... ¡Y no sólo lo consiguen, sino que continúan estudiando sin problemas hasta acabar la universidad!

Yo, la verdad, hasta que no lo vea, no me lo creo.

El herpato dijo...

Que buenos recuerdos me vienen a la memoria con Don Luis (claro está que es síndrome de Estocolmo). Aún hoy me sigue enseñando cosas.

Besos.