El cuerpo feliz

 CORRECCIÓN: Gracias, gracias, gracias, al amigo que me ha escrito un mensaje y me ha aclarado mi equivocación. Efectivamente, la fiesta de hoy no viene de que el cuerpo de nadie esté contento, sino de (copio): "No viene de "Froh" sino de "Fron" por "frönen" (entregar, dar, ceder). Yo lo entiendo así por día de "la cesión (o entrega) del cuerpo de Cristo" Así pues, aclarado el gazapo, puede usted leer la entrada original.


23 de Junio.- Esto, que parece el nombre de un restaurante chino, es lo que se celebra hoy: el cuerpo feliz (el de Cristo, naturalmente). En los países mediterráneos, eso sí, lo celebramos en latín (Corpus Christi, o fiesta de la eucaristía); sin embargo, los teutones, más apegados a utilizar su propia lengua debido quizá a la presión histórica del protestantismo, decidieron llamar a la celebración que hoy nos ocupa, Frohe Leichnam. En donde Froh significa alegre, satisfecho y Leichnam, muerto o, más propiamente, cadáver.



Ocurre, sin embargo, que la palabra cadáver, que también existe en alemán (Kadaver), es una de esas palabras que los hablantes consideran feas o bastas. El cadáver alemán no tiene nada que ver con el cuerpo sin vida de una persona, sino que es, más bien, la carroña que un animal deja cuando su pequeña alma se va a triscar por los verdes campos del Edén. Y claro, llamarle carroña al chásis terrenal de Nuestro Señor Jesucristo parece, como poco, algo irrespetuoso.


En alemán, el cuerpo vivo de las personas se llama Leib y, siguiendo la sensata manera germánica de construir palabras (tan parecida al juego del Lego), de Leib salen muchas palabras interesantes.


Por ejemplo, el Leibartz sería tu médico personal o, si eres pobre, tu médico de cabecera (Leib, ya saben mis lectores lo que es, y Artz es el médico) y el Leibwächter, ese señor con la envergadura de un orangután que, vestido invariablemente de negro y parapetado tras sus gafas de sol, vigila que a los poderosos de esta tierra no les suceda ningún percance (Leib, de nuevo el cuerpo y Wächter sería el vigilante; una palabra de sólida raíz sajona que mis lectores que hablen inglés ya habrán detectado en el título original de Los Vigilantes de la Playa –Baywatch-).


El alemán austriaco, tan suavito él, utiliza el Leib para formar un diminutivo que a mí me parece precioso: Leiberl (literalmente, cuerpecillo) que es esa prenda de ropa que los anglosajones llaman T-Shirt (un nombre muy gráfico, que alude a la forma del objeto) y nosotros conocemos como camiseta. Por supuesto, otra manera de llamar a la ropa interior, que genéricamente es la unterwäsche (la ropa que va debajo) es Leibwäsche, o sea, la ropa que va pegada al cuerpo. También de esta proximidad al soporte de nuestra vida viene Leibgericht, o Leibspeisse, que sería la comida favorita de una persona.


Y como somos lo que comemos, antiguamente, se llamaba a los cubiertos Leibzeug (las herramientas del cuerpo, literalmente); en aquellas épocas pretéritas sólo los poderosos podían tenerlos lujosos. Por ejemplo, los cubiertos personales de la emperatriz Maria Theresia pueden verse en el museo del Hofburg.