El chiste del conejo y el pajarito

Las fuentes del parlamento austriaco


15 de Septiembre.- Yo tenía preparado para hoy un post interesantísimo a propósito de un episodio muy poco conocido de las relaciones hispano-austriacas. Sin embargo, como Viena Directo se debe a la actualidad más rabiosa, mis lectores tendrán que tener un poquito de paciencia aún.
Aunque tampoco mucha: mañana sin falta podrán empaparse de la cuestión.
Hoy, hablaremos de otra cosa.

A pesar de ser Austria un país rico, calladamente situado en la Liga de Campeones de este mundo tan mal repartido, sus políticos tienen un punto de complejo de inferioridad.
Aunque que reconocerlo se dejarían pasear por la Ringstrasse embreados y cubiertos de plumas, los mandatarios de estas tierras tienen la sensación de que su actividad diaria comparada, por ejemplo, con la de un Berlusconi, un Durao Barroso o un Cameron, tiene algo de municipal. Se sienten actores de la serie B de la política mundial.
Por eso, en las escasas oportunidades en que la opinión del Parlamento de Viena puede ser decisiva para los aconteceres de Europa y del Planeta Tierra, los políticos austriacos sacan pecho y, de manera entrañablemente paleta, actúan como ellos suponen que tendrían que actuar si estuvieran en la pomada de las grandes decisiones. Se les ve el plumero, sin embargo, en que, aún cuando en la augusta casa del Ring se ventilan problemas decisivos para la estabilidad del mundo (rara vez, ya digo) los políticos austriacos no pueden resistirse a hacerle guiños a su electorado local.
Así pasó ayer.
La comisión de Economía del Parlamento Austriaco debatía la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, conocido por estas tierras con un término que podría traducirse por “Paracaídas de Salvamento” o “Paraguas de Salvamento”. Las consecuencias prácticas de esta ampliación serían la transferencia de una cantidad de millones de euros de las robustas arcas del Estado transalpino a las famélicas del Estado heleno.
Para que esta transferencia se pudiera hacer efectiva hacía falta el acuerdo de, al menos, dos tercios de los componentes de la Comisión de Economía de la cámara.
En estas condiciones, la coalición rojinegra (Partido Socialista Austriaco-Partido Conservador) estaba obligada a encontrar aliados entre la oposición (o sea: Verdes –Die Grünen, que tienen una línea política que podría ser la de la Izquierda Unida de Anguita-, BZÖ –ultraderecha, o sea, lo que queda del partido que fundó el difunto Haider en un ataque de cuernos- y FPÖ –la ultraderecha rampante de Strache el cual, a estas alturas, no necesita mayor presentación-).
La cosa pintaba bastante difícil para el gobierno.
Tan difícil que, a pesar de las sentidas intervenciones de los representantes gubernamentales pintando el horrible escenario de una debacle del Euro (que sería efectivamente horrible, con un coste estimado de 40 Millardos de Euros), el debate terminó pareciéndose al chiste aquel del conejito bajo la lluvia y el pajarito que no le daba cobijo. Cuanto más se mojaba el conejito (y más rogaba), más duro se ponía el pajarito. No sé si este era el sentido del chiste pero…Ejem: valga la metáfora.
De suerte que ayer, el Gobierno tuvo que irse sin ampliación del Fondo de Cobertura y las bolsas mundiales temblaron (pero porquito) para satisfacción de los políticos de la oposición que sintieron que, por fin, su palabra volvía a escucharse en el mundo (mundial) como en los tiempos en los que el Imperio exhibía su poderío y hacía temblar estados enteros.
Para explicar su negativa a votar la moción del Gobierno en favor de la ampliación del fondo, los verdes acudieron a toda una panoplia de imágenes que sabían que harían que sus votantes se volvieran locos de las mechas: y así, sus portavoces sacaron a pasear en rueda de prensa a los codiciosos especuladores, a los bancos usureros, en comparación con las “pobres víctimas de la crisis”. En su opinión, el Gobierno austriaco, prestando dineros a troche y moche, ayudaba a los primeros, mientras dejaba en la estacada a los segundos.
La ultraderecha, dentro de su campaña “Nuestro dinero para nuestra gente” abundó en su línea de que ya estaba bien de que las hormigas austriacas ayudaran a las cigarras griegas que, durante los años de vacas gordas, no habían hecho otra cosa que ponerse ciegos de ouzo y de riquísimo vino de retsina.
La falta de acuerdo de los políticos austriacos retrasará la aprobación del fondo, por lo menos, hasta finales de mes. Y, entonces, puede ser que ya sea tarde.
El tiempo ya ha empezado a correr en nuestra contra. En la de todos.