Si me quieres curar, mírame

La ciudad de Vöslau es famosa por la calidad de sus aguas minerales (Archivo Viena Directo)


12 de Septiembre.- Según informa el diario capitalino Joite, ayer, en la localidad de Vösendorf, en la Baja Austria, se armó la marimorena.
En un hotel de esta ciudad, famosa por la calidad de su agua mineral, se presentóBraco, el sanador croata, ante una estremecida muchedumbre ávida de milagros. Los creyentes habían pagado el privilegio de compartir techo con Braco a razón de cinco euros por barba (el rotativo vienés calcula que la organización se embolsó 10.000 Eurazos). Aunque, a juzgar por los testimonios recogidos por el plumillas que firmaba el artículo, los asistentes a la aparición pública del curandero se rascaron el bolsillo con todo el gusto del mundo porque donde Braco pone el ojo, pone la solución. Según parece, los poderes del croata son legendarios y operan sobre todo tipo de cuitas ¿Le ha dejado a usted su santo/santa? ¿Padece de psoriasis? ¿Le cantan a usted los pinreles? ¿Le atormenta una nariz demasiado ganchuda? ¡No se preocupe! Déjese echar un vistazo por Braco y verá como sus problemas (¡Pluf!) se disuelven en el aire.
Sí: he dicho bien: un vistazo. Porque el simpático croata, que posa, larguimelenado (peliteñido, por cierto) mirando al infinito por entre las ramas de un sauce (ver sitio oficial) cura echando la vista encima. Nada de ensalmos, nada de fórmulas, nada que pueda emparentar su actividad con ninguna religión.  El redactor del Joite refiere que, ayer, la actividad milagrosa del curandero duró escasamente cinco minutos. Los que Braco tardó en mirar fijamente a sus fanes y fanas, sin despegar los labios, mientras sonaba una relajante música de arpas.
Como dato curioso, decir que, Braco, consciente, como todos los superhéroes, de que todo don conlleva una responsabilidad, recomienda a través de su página web que, a sus comparecencias públicas, no acudan ni niños menores de dieciocho años ni (!) embarazadas en avanzado estado de gestación.
A la salida del acto, los participantes, la mayoría de sonoros nombres eslavos, no cabían en sí de gozo. Este, aseguraba que estaba convencido de que Braco era el representante directo de Dios en la tierra (pobre Benedicto, qué chascazo); aquel, que el croata se le había aparecido una noche y le había indicado el camino a la felicidad (qué yuyu); otro que su santa le había dejado pero que, gracias a Braco, había encontrado una de repuesto que le había devuelto la fe en el amor (ahora que lo pienso ¿Cómo había podido hacerlo sin despegar los labios? ¿Habrá que añadir la telepatía a los poderes de Braco?); una espigada muchacha aseguraba que el curandero balcánico le había librado de la atracción irresistible que sufría por el chorizámen y la panceta y que, gracias a ello, había conseguido controlar su sobrepeso.
¿Quién da más?
¡El científico croata Drago Plecko! Si usted no ha oido hablar aún de él, no se preocupe. Según afirma la nada sospechosa voz de los portavoces de Braco en la página web dedicada al sanador, el Sr. Plecko, científico de fama mundial, después de haber estudiado a todo tipo de personas superpoderosas en China, en la India, en Japón y demás, sigue haciéndose cruces a propósito de los poderes de su taciturno compatriota. Cosa nada extraña pues, como el mismo curandero afirma “ni él mismo sabe de dónde le salen los poderes”. Él sólo trata de dar a sus pacientes amor, mucho amor,”abrazarles con la mirada” (sic).
Así que, como el mismo sanador aconseja, no trate de entender, sienta usted el poder de Braco y, si el tema le ha interesado, cómprese un libro. Braco mismo los edita y, a la par que usted se ilustra, contribuye usted a la supervivencia de un ser que sólo aspira a hacerle bien a su prójimo.