El Erste Bank hace balance

La realidad, que viene arreando (Archivo VD)

11 de Octubre.- Ha sonado la hora. El apocalipsis financiero parece estar más cerca que ayer pero menos que mañana.
Para intentar protegerse de la tormenta que se avecina y presionados por las circunstancias, los bancos austriacos han empezado a deshacerse de lastre en previsión de “unos problemas que hoy aún no podemos ni imaginarnos”.

El autor de este negro augurio es Herr Andreas Treichl, cabeza visible del grupo Erste Bank.
El marido de Desirée –mis lectores la conocen por ser la dama, con cara de bacaladilla, que organiza actualmente el baile anual de la Ópera- dio ayer una rueda de prensa para explicar que el banco que dirige ha hecho una ligera corrección en sus balances. El Erste ha pasado de prever para este año un beneficio de casi mil millones de euros a esperar unas pérdidas de más de ochocientos millones (casi mil quinientos millones de rubias).
A pesar del batacazo, y como corresponde a un hombre sensato, el marido de Desirée se mostró razonablemente contento en la entrevista que el simpar Armin Wolf le hizo en los platós de la ORF. Tras tranquilizar a todas las viejecitas que tienen depositados sus ahorros en el Erste, Herr Treichl exhibió su convencimiento de haber adoptado el curso de acción más correcto dadas las circunstancias. Mejor prevenir que curar.
El mesaje era: después de más de una década de vacas gordas, todo indica que Paco está preparado para venir con la rebaja. Toca blindarse. Mejor hacerlo a tempo.
¿En qué ha consistido el blindaje del Erste Bank?
Sobre todo en llevar a pérdidas las participaciones del grupo en los países que, previsiblemente, van a tener muchísimos problemas en los próximos meses(Herr Treichl, por cierto, contaba entre ellos a España y no descartó ninguna catástrofe, como por ejemplo la fragmentación de la zona Euro en un club de ricos y un club de pedigüeños).
El Erste Bank también ha rebajado el valor de la deuda de estados soberanos (el griego, por ejemplo) que tenía en cartera y ha anunciado su intención de desprenderse de los pequeños bancos tributarios del Erste que, durante algunos años, habían engordado las cuentas corrientes de los accionistas del grupo desde los países excomunistas (especialmente Rumanía y Hungría).
Ha sonado la hora del sálvese quién pueda.
Las bolsas han reaccionado bien al anuncio de Treichl. El Dinero siempre aprecia la prudencia.
Nadie, o muy poca gente, ha recordado hoy el tercer aniversario de uno de los primeros records de visitas de Viena Directo.
Tal día como hoy (noche del viernes al sábado, no se me olvidará) Jörg Haider se estampanó contra un muro, al volante de una lujosísima berlina que terminó hecha unos zorros. Su muerte, imprevista, truncó la vida de mucha gente e hizo salir a la luz muchos secretos que el difunto había ido tapando a base de créditos baratos, amor y fantasía.
Como pasa con algunos elegidos de los dioses, Haider murió en el momento justo para que su fama permaneciera intacta para la mayoría de los fans de su culto incomprensible.
Si hubiese vivido algunos meses más, no hubiera tenido más remedio que lidiar con el fin de la estafa piramidal (el banco Hypo Alpe Adria) que financió los faraónicos proyectos que le ayudaron a mantenerse al frente de una red clientelar en la que todo el mundo esperaba sacar más de lo que metía. Poco a poco, el eco mediático de la marca-paraguas Haider se ha ido apagando. Como de la rosa, de Haider sólo queda hoy su nombre. Impreso, eso sí, en multitud de expedientes que esperan en los juzgados la hora de la sentencia.