30 de Abril.- Constanze Mozart, apodada Stanzi por sus amistades, debió de ser una persona de estas que nunca sabe dónde tiene la cabeza. Un ejemplo basta para deducirlo: tras el entierro de su primer marido, Wolfgang Amadeus, en Diciembre de 1791, se marchó de Viena y solo década y media más tarde (!), a requerimiento de algunos melómanos salzburgueses, regresó a la capital para buscar la tumba de su santo en el cementerio de St. Marx. Como todos sabemos, no pudo encontrarla. El emplazamiento del monolito conmemorativo en el que hoy en día se hacen fotos no marca la situación de la tumba del ilustre compositor, sino solo el lugar, cercano a las tapias del camposanto, en donde fueron echados sus despojos tras vencer el plazo para ocupar la fosa común.