
Vestuario Blanco
18 de Enero.- A petición de mi amigo Perequé que me encuentra, supongo, algo alicaído –hechos que han sucedido, y de los que algún día no lejano hablaremos- me pongo a escribir en este blog. Tengo dos noticias en el tintero. Una, que ayer los científicos americanos se reunieron y adelantaron dos minutos el reloj del juicio final. Dicho artefacto metafórico indica que estamos a cinco minutos del fin del mundo. Cosa que ya sabía todo el mundo. Los científicos, encabezados por Stephen Hawkings –ese hombre que es la pesadilla de los activistas a favor de la muerte digna- indican que han decidido hacer público su desasosiego por dos razones: que estamos a un pelo de la próxima guerra nuclear –esos iraníes, esos coreanos- y que el ser humano se está cepillando el clima a base de echar gases a la atmósfera. Recuerda uno a la abuela de uno, que, cada vez que veía por la tele un viaje de ida y vuelta del Spaceshuttle, le decía a uno:
-Nada más que echan putás y mariconás a la atmósfera, y luego, claro, no llueve.
Mi abuela era una adelantada, una visionaria del cambio climático.
Uno, que en aquellos momentos estaba sobrecogido por la belleza Reaganiana del Challenger, se empeñaba en explicarle a su abuela que, todo lo contrario, que la carrera espacial no le traería al ser humano más que ventura y progreso.
Luego, el Challenger se escachifolló y a mi abuela dejaron de preocuparle esas cosas para estar más ocupada en la marcha de su vesícula biliar.
Ya hablé del clima hace un par de posts o tres, así que no me repetiré más. Pero lo cierto es que, junto al preocupante aumento de las temperaturas, también hay otro fenómeno no menos preocupante que parece coña: y es que los mejillones y otros animalitos están, misteriosamente, cambiando de sexo, y nadie sabe por qué. Vaya, se sabe: por las guarrerías que los barcos vierten (y no me estoy refiriendo al pobre cabo que se ha caído del Juan Sebastián el Cano, lo cual sería una broma de mal gusto) sino a las sustancias con que están pintados.
En fin. Un asco.
La otra noticia que yo tenía en el tintero es que Ramón Calderón, el presidente de la Casa Blanca, o de la Cosa Blanca, o de la Cosa Nostra, en una reunión a puerta cerrada con los alumnos de algún máster ignoto o cosa así (¿Alguien puede estudiar un máster en el que esté Ramón Calderón de profesor? Flipo), bueno, pues este señor, en un máster, harto, supongo de que sus jugadores le tomen el número cambiado, ha decidido explayarse a gusto. Y se ha montado un escándalo. Pero es que, señoras y señores, Ramón Calderón no ha dicho nada que no supiera cualquier persona que tenga dos ojos en la cara y dos orejas una enfrente de la otra (a los lados del cráneo, preferiblemente). A saber: que los futbolistas que dirige son señores que no tienen la más mínima formación (y no sólo los futbolistas, ¿Alguien escuchó hablar alguna vez a Butragueño? ¿Alguien ha oído hablar alguna vez a Raúl?) y que son poco menos que mastuerzos que le dan bien al balón (problema: en el Madrid son mastuerzos que ni siquiera le dan bien al balón, vamos, a años luz de mí, pero nada en comparación con lo que cobran). Yo siempre he dicho que los futbolistas eran como Mozart: Dios les había dado un don (que nos ha negado al resto, o con el que ha sido tacaño) pero se había olvidado de darles un cerebro. Reto a cualquiera de los lectores que pueda citarme una frase de algún futbolista que merezca ser recordada (no vale “El fútbol es así”). Menos Valdano, que anda sobrado de labia y de instrucción, no consigo recordar ninguna.
Los jugadores, sin embargo, han reaccionado muy mal a las palabras de su jefe (al fin y al cabo, jefe más o jefe menos, piensa lo mismo de sus empleados) y le han reunido en el vestuario. Uno de ellos, cuya identidad ha permanecido en el economato, entre dolido y mafioso, le ha dicho:
-Y verá que, aunque no tenemos formación, le hablamos de usted.
En fin, me faltan las palabras (en sentido literal).
A demain.
1 comentario:
Lo del cambio climático es algo de lo que venimos siendo advertidos desde hace años pero, como siempre, hasta que no se le ven las orejas al lobo todo sigue barriéndose bajo la alfombra. España es un país alucinante: estamos bajo mínimos hidráulicos con la peor sequía de nuestra historia, no llueve ni por casualidad, tenemos unos veranos que ya le gustarían a Satanás y ¿qué se hace al respecto? Llenar su piscina olímpica particular para luego bañarse 2 días [los inconscientes ciudadanos sibaritas], construir complejos urbanísticos y bloques de pisos con piscina particular [¡¡olé ahí!!] y despilfarrar agua a diestro y siniestro. ¿¿Ir en autobús para contaminar menos?? ¡¡Uy!! ¡¿Qué dices?! Cada uno con su coche particular. Así vamos...
Por otra parte: lo de los futbolistas es algo de lo que puedo hablar con bastante conocimiento de causa y puedo decirte que tienes más razón que un santo: son incultos hasta decir basta, se creen los reyes del mambo y, lo que es peor, COBRAN POR ELLO
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