Tutankamón, ese Brad Pitt de la antigüedad, según una reconstrucción forense a partir de su momia.
Nada como una madre

17 de Marzo.- El pobre Tutankamón fue un faraón menor que reinó justo después de la revolución religiosa de Amenofis IV, también conocido como Akhenaton.
Hubiera sido ignorado por todo el mundo menos por los estudiosos si no hubiera sido porque las circunstancias de su muerte obligaron a un entierro precipitado y a que se perdieran los rastros de dónde había estado su tumba, lo cual impidió que la saquearan los ladrones. Tresmil años después de su deceso (por una cosa tan pedestre como una septicemia) los arqueólogos británicos Carter y Carnarvon encontraron la tumba de Tutankamón prácticamente intacta. Lo cual, en los años veinte del siglo pasado, significaba que les había tocado el premio gordo de la egiptología.
Las piezas halladas en la tumba, auténtica cápsula del tiempo, estaban en un estado de conservación inmejorable. Incluso, Carter contaba (y fotografió) que las frutas y las flores de las ofrendas habían sobrevivido varios miles de años, desecadas por el aire caliente del desierto y la inusual estabilidad térmica del enterramiento.
Carter y Carnarvon empaquetaron todo lo que habían encontrado y se lo llevaron a Londres en donde palmaron secuencialmente para darle cuerpo a la teoría de la maldición.
Los cachivaches del antiguo faraón (o parte de ellos) hacen ahora un alto en Viena, en el museo etnográfico que está en el Hoffburg y, por medio de la National Geographic Society, los vieneses hemos podido verlos en una exposición anunciada con toda la parafernalia de estos casos.
Como escasean los eventos culturales importantes en esta ciudad que presume de culta, uno no podía perderse esta exposición, así que se sacó la entrada, a dieciocho eurazos, previa cita, y fue a verla ayer. Para comprobar que sí, que la exposición era mona, montada a la americana, pero de precio desorbitado. Comentándolo hoy con un compañero de trabajo, me explicaba que la exposición en cuestión le ha costado a la municipalidad de Viena 40 millones de Euros (es probable que los seguros hayan sido los responsables de este precio) pero uno ha contestado que si le sajan en impuestos es para que los museos y otros almacenes de trastos artísticos pertenecientes al Estado, le salgan, si no gratis, a un precio simbólico.
Batalla perdida, claro.
La exposición estaba bien, pero comparada con los tesoros del Kunsthistorisches Museum, pues la verdad es que palidecía, y ni Tutankamón ni leches.
Por suerte, estaba la siempre socorrida parte del público asistente. Mucho americano que tocaba las paredes del Museo en plan “toctoc, estou nou ser de resina como Las Veigas” (Y es que es maravillosa la ingenuidad de estos yankis) y, en mi caso, la inestimable ayuda de una señora sudamericana, parecida a esta tipa pequeñaja de Mujeres Desesperadas (¿Longoria? ¿Puede ser que se llame Longoria? ¿Hay algún médico en la sala para este Alzheimer mío?). La mujer, encaramada en unas sandalias de brillante cuero rojo y taconazo agudo, le iba explicando a su hija pequeña, de la manera más dulce, los ritos de la momificación.
Y es que, nada como una madre, señoras y señores, para hacerle dulce a un niño hasta el tema de sacarle a alguien el cerebro por la nariz con una pajita, o meter las tripas en canopos de alabastro. Yo la estaba oyendo (más que nada para pisparme de lo que ponían los letreritos explicativos) y la verdad una lágrima me rodó por la mejilla.

2 comentarios:

Miriam dijo...

La actriz es en efecto Eva Longoria, y en la serie se llama Gabrielle Solís.

:-)

Paco Bernal dijo...

Gracias mil por la ayuda y por parte de la idea para el siguiente post :-)