Una pareja de krochern (foto: www.dorian-gray.at)
Loca juventú

14 de Abril.- Por fin, Viena ha entrado la modernidad. Este fin de semana hemos sabido que los vieneses contamos, finalmente, con una tribu urbana propia. Qué alegría más grande, Dios mío. Apenas puedo contener el alborozo.
La nueva tribu urbana son los Krachern (pronúnciese “Kroja’n” aproximadamente) ¿Y qué son? La verdad es que las definiciones, de momento, son un poco nebulosas. Digamos que los Krachern se distinguen por su vestimenta, por el estrato social del que proceden y por la música que escuchan.
Atendiendo a estos tres criterios, el Kracher prototípico va vestido con un pantalón vaquero de pitillo, una camiseta (preferiblemente de rayas horizontales) y una sudadera por encima, de estas de cremallera y capucha, también de rayas o con calaveras. Zapatillas tipo Converse y chatarra, mucha chatarra, de esa que se puede encontrar en los expositores más baratujos del H&M.El conjunto Kracher se completa con una gorra –generalmente de color fosforito- puesta al desgaire sobre la coronilla.
Ellas, llevan la versión femenina de este atuendo, que no se diferencia del de los chicos más que por la gorra (la Kracher fetén carece), y porque los vaqueros son de cadera baja para mostrar el piercing o, directamente, la lorza. Ambos sexos lucen un bronceado púrpura de rayos UVA, precursor de las formas más malignas del melanoma y, en algunos casos, audaces estilismos, como por ejemplo, mechones de rubio oxigenado sobre paisaje azabache, producidos por aplicación de tinte de los chinos sobre las crines.
Si te apetece seguir esta atrevida tendencia estética, puedes encontrar más información aquí, en la página oficial del movimiento.
Los krachern son muy jovenes, de clase social media baja y habitan en los barrios más populares de la ciudad (Simmering y esos distritos en los que Dagmar Koller jamás se atrevería a poner el pie), reivindican el uso del dialecto vienés más proletario (particularmente la palabra “oida”, que es una palabra más antigua que el tebeo, corrupción de la muy germánica y muy hochdeutsch “alter” o sea, viejo, en el sentido de Bugs Bunny de “Qué hay de nuevo, viejo”). Y les gusta el Techno, que bailan con un estilo a años luz de los correctos movimientos sincopados que pueden verse en las discotecas pijas de moda (Passage) o en las academias de baile (en Viena, el fenómeno academia de baile está tan absurdamente extendido que no sólo enseñan el llamado “baile agarrao” en sus diferentes variedades, sino también los más desmelenados estilos de la música pós).
Los Krachern son la versión austro de la subcultura bakala española. Esa corriente nocturna, ágrafa y vacía que surgió alrededor de la música techno en los noventa. Son los jóvenes que han crecido mandando SMS, cuya forma de expresión más sofisticada es el emoticono, que se comunican por internet, que no se rigen por ninguna ideología clara (salvo ese nebuloso conjunto de valores que flota sobre los artículos más superficiales de los periódicos gratuitos). Personas que viven en ese punto de fricción que son los estratos más humildes de la sociedad, en donde la inmigración es un fenómeno amenazador con el que hay que convivir, la política es un eslogan, y la vida se mide por las temporadas del reality show de moda y se articula en las formas más adolescentes de relación. El universo es la pandilla. Su curriculum educativo es básico y su porvenir laboral no future, directamente.
El sábado estuve en una fiesta y me reí mucho porque una mujer algo más joven que mi madre (un poco mayor de cuarenta y cinco) contaba que había ido a Saturn –una tienda grande de aparatos electrónicos que hay en Mariahilferstrasse- y le preguntó a la dependienta, seguramente una Kracher de estas, en donde estaban los casettes. Utilizó en la pregunta las siglas MC, de lo más ochentera ella, y luego le aclaró “Musicasettes”. La chica la miró con la misma cara que si mi amiga le hubiera preguntado por las tarjetas perforadas o los discos de pizarra para gramola.
Está claro que todas las culturas Kracher caducan algún día.

11 comentarios:

m. dijo...

Bueno, no deja de ser patrimonio cultural. Me da igual la estética que lleve la juventud, lo que me preocupa es la escala de valores y el comportamiento en sociedad. Y, sin ánimo de ofender ni generalizar: lo que veo en el día a día me da pavor. Por cierto: ¿vienés? Yo te consideraba español (y no hacen falta explicaciones, ya lo entiendo, doy mi opinión nada más).

PS: Sugerencia para el próximo post -> la cacho demanda que le ha encasquetado la hermanísima a TODOS LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ESPAÑOLES. Vale: no es tema vienés, pero enjundia la tiene. Das ist das Allerletzte!

besos
m.

Paco Bernal dijo...

¿Ein? ¿Qué demanda? ¿Qué hermanísima?
Hombre, lo de "los vieneses" es una manera de hablar. Yo soy español, aunque cada vez sea más vienés. Al fin y al cabo vivo aquí ¿No? :-)

Anónimo dijo...

paquiño la hermanisima es la hermana de la princesa de Asturias leete el confidencial .com y lo veras,

m. dijo...

Lo que dice anónimo. La hermanísimia es la hermana de Letiziaconzeta Ortíz.

El pobre... dijo...

Vienés es el que vive y trabaja en Viena. ¿Dónde habré oído yo algo semejante?

Marona dijo...

¡¡¡AAAAH!!! Eso era lo que imitaba el hombrecillo del pelo blanco en la final de "Dancing Stars"... ahora lo entiendo todo... me quedé un poco flipada, la verdad, del rollo Obelix, "estos austríacos están locos" :D:D:D
¡Besos!

m. dijo...

Para mí, Vienés, es el que ha nacido, vive y trabaja en Viena. Por mucho que yo viva y trabaje en Oklahoma, nunca seré oklahomense. Es como si un español que reside y trabaja en Francia dice: "Los franceses somos amantes de la buena cultura". Oye, pues no. O alguien cuya madre se puso de parto en Estados Unidos estando de viaje de novios y, a pesar de vivir en España, dice: "Es que yo soy americano". Pues no. Ya sé que queda muy chick, pero no funciona así la cosa. Es como los leridanos que se van a Barcelona y, a los pocos meses, ya empiezan a hablar como ellos.

m. dijo...

Y, de otro modo, si eres un francés de 25 años y llevas uno viviendo en Finlandia, todavía eres francés.

con Ka dijo...

¡Oh Paco, qué bien describes!
Fíjate que hace unas semanas al volver de Múnich íbamos en el tren con unos cuantos seres de este tipo y no sabíamos cómo clasificarlos. Ahora que tienen un nombre ya me quedo más tranquila, oida.

Paco Bernal dijo...

Hola a todos!
A ver, como dijo Jack el destripador, vamos por partes:
a m. en su faceta hermanísima: contestada con el nuevo post.En cuanto a los valores de los jóvenes, yo creo que bastante buenos son, con los estímulos que reciben (criaturicas). Aunque, la verdad es que, una crisis económica se puede superar, pero una generación bestializada por la tele tarda AÑOS en reponerse.Y nos estamos arriesgando mucho.
a el pobre: totalmente de acuerdo. Vienés es el que vive y trabaja en Viena, así pues, yo soy vienés. Digamos, como dicen los cursis: que soy madrileño de nación y vienés de adopción.
De cualquier manera, para zanjar esta controversia tan poco productiva: la madre de Serrat era murciana y los niños se metían con el pobre Joan Manuel en el recreo. Y un día, llegó Joanma y le preguntó a su madre:
-Mamá, los niños dicen que somos murcianos y se meten conmigo, ¿De dónde eres tú mamá?
Y la madre de Serrat, que era una señora como hay que ser, dijo:
-Yo soy de donde comen mis hijos.
Y aunque no reniegue de mi hispanidad, me siento muy contento porque tengo dos naciones ¿Por qué elegir una cuando puedo tener dos?
a Mar: la verdad es que yo tampoco sabía mucho de qué iba el tema hasta que me lo explicaron el samstag; menos mal que me informaron...jejeje. Besetes.
a Karmele: no hay nada como ponerle nombre al enemigo jajajaja.
En fin, saludos a todos. Creo que he conseguido contestar brevemente:-)
P.

Parisina de bote dijo...

Me da a mi que estos chavalillos son el equivalente austriaco de los chavs británicos y de los canis españoles. Cada país está teniendo su propia tribu de estas, miedo me da...