Alegrías otoñales
19 de Octubre.- A la Viennale debo agradecerle la visita de Toni y Mar, mis primos de Salzburgo. Hacía un año que no les veía, desde la última exposición de la World Press Photo y debo decir que la vida a orillas del Salzbach parece tratarles fenomenal.
Nuestra relación es curiosa porque, a pesar de tener cierto conocimiento de nuestras vidas respectivas, no nos hemos visto en persona (desgraciadamente) más que estas dos veces. Así son las amistades que se forjan por internet. En el momento del encuentro, recibes ese impulso de calidez que identifica a la gente con la que te sientes cómodo y seguro. Por unos instantes, el cerebro busca inútilmente recuerdos de aventuras universitarias, vacaciones comunes, películas vistas en compañía, libros comentados frente a una cerveza, y se extraña al no encontrar nada. Al principio resulta un poco merkwurdig, pero después de media hora, parece que has compartido con esas personas todas esas cosas. “Habré olvidado algo”, piensa el cerebro, y deja de molestar.
En mi caso, esa primera media hora la he consumido casi totalmente en jugar mentalmente a cuadar el aspecto físico de mis primos con sus voces. Y no he tenido dudas de que existe una correlación entre la mirada curiosa y sagaz de Mar y la voz cariñosa de su blog, en donde todas las delicias del paladar y de la vista tienen su acomodo. También es así en el caso de Toni, que emana la misma paz, la misma atención despaciosa y comprensiva que se transparenta en sus textos y en sus fotos.
Por cierto que, esta vez, al haber en la reunión un aborígen, he tenido ocasión de notar que el alemán de los dos es mucho mejor que el mío. Mucho más hermoso y preciso.
“Paco, me he dicho, te tienes que poner las pilas”.
Como la ocasión lo merecía, nos hemos dado un homenaje en forma de brunch en el Amerling Beisl de Mariahilf.
Bajo la fresca influencia del emparrado y en la distraida proximidad de una asamblea de miembros del KPÖ, nos hemos puesto las botas al ventajoso precio de 10,90 por persona. Justo antes de que el local se llenase de parejas jóvenes con niños, por cierto. Ya se sabe: a quien madruga, Dios le apoya.
Después, hemos aprovechado el sol dominical para darnos una vuelta por el Leinzertiergarten, que ya ha salido alguna otra vez en este blog. Allí hemos disfrutado de los colores del otoño, y hemos tenido ocasión de admirarnos de la insólita vitalidad de los cachorrillos aborígenes, así como de la beatífica sonrisa de los creyentes en las energías de la tierra, que se abrazaban a los troncos añosos de los árboles.
En una taberna del corazón del parque, rodeados de una multitud bulliciosa de paseantes domingueros, nos hemos tomado unos mostos. Nos los ha servido una mujer grande, casi anciana. Las manos heladas por el contacto con los grandes botellones de vidrio verde, puestos a enfriar en cubas de plástico llenas de agua. Cuando la mujer estaba vertiendo el mosto dulzón en los vasos, le ha tendido a Toni una botella de Vösslauer (agua con gas) y le ha dicho algo como:
-Podría usted ayudarme, ¿No?
Toni ha llenado los vasos mediados de mosto con agua. De todas maneras, la mujer no ha quedado satisfecha y, como el maestro que corrige los pequeños errores del discípulo, ha echado agua en los vasos hasta igualarlos con matemática precisión. Luego, ha cogido una calculadora de plástico gris y, con los mismos dedazos que debieron tener sus abuelas, las taberneras frescachonas que le vendían vino a los soldados romanos acantonados en la remota guarnición de Vindobona, ha calculado cuánto le debíamos.
Cuando Toni y yo hemos reunido el importe me ha dado a mí las vueltas.
Las monedas de cobre estaban húmedas.

(Chicos: me ha encantado veros. Espero que no vuelva a pasar un año hasta la próxima vez que será, quizá, en Salzburgo. Cuidaros mucho).

7 comentarios:

Te de llimona dijo...

Ostras, qué envidia la Viennale! Tú también has ido al festival? Has visto alguna peli? Cuenta, cuenta...

amelche dijo...

Es curioso quedar por primera vez con alguien a quien has conocido por internet. Te llama la atención la altura, la voz, la mirada... Todo. Y no sabes muy bien de qué hablar. Pero, de pronto, recuerdas que sabe casi todo de tu vida (al menos, más que mucha gente que conoces de años y años) y tú de la suya, que os habéis leído los blogs enteros y, no sé, es algo extraño. Pero se rompe el hielo pronto.

JOAKO dijo...

A mi quedar con alguien que he conocido por la red me pone nervioso, y tal vez sea por lo que describes, porque la relación es al reves de lo que acostumbro, saben cosas de mi que normalmente alguien que traba amistad conmigo por los cauces habituales tardan años en saber.
Menuda descripción de la camarera, "una autentica teutona"?? palabra siempre al acecho de un chiste en este país.

tonicito dijo...

Es curioso, ¿verdad? Porque a pesar de haber tenido la última conversación en vivo hace más de un año, apenas comenzar a hablar tuve la sensación de estar retomando una conversación que hubiéramos dejado colgada el día anterior.

Yo también quedé prendado de la anciana del Traubenmost en la Rohrhaus. Me recordó a otra señora, no tan mayor, que servía cervezas en un Georgitag en Salzburgo. Me llamó la atención el profundo contraste entre la alegría alcohólica-primaveral que reinaba entre los asistentes y el infinito cansancio que dejaban reflejar sus ojillos de ratón. Recuerdo que le hice una foto y que jamás la publiqué, porque no transmitía ni la mitad del tremendo dolor de pies que debía estar soportando la pobre mujer.

Ayer cumplimos un deseo que teníamos desde hacía tiempo: olvidarnos por una vez del centro de Viena y darnos un paseo por la Wienerwald en otoño. No podríamos haber escogido mejor tiempo ni mejor compañía. A pesar de no haber tenido muy buen ojo con el programa de la Viennale, estoy muy contento de haber pasado este fin de semana en la capital.

Un gran abrazo desde el Salzach!
T.

Marona dijo...

Jopelines, que me has emocionao y todo... ¡que cosas tan bonitas que escribes jod**!
Espero de verdad que la próxima sea más pronto porque estos encuentros son un auténtico placer.
¡Un besote!

Merce dijo...

Suscribo todo lo dicho sobre Mar y Toni. ¡Yo no lo habría expresado mejor!

Paco Bernal dijo...

Hola a todos:
Gracias por vuestros comentarios y perdón por no haber podido contestarlos antes. Algunos problemillas "tésnicos" me lo han impedido.
A Te de Llimona: estuve en el festival el viernes, pero si te digo la verdad, vi pocas cosas en la programación que me llamasen la atención. Hay un ciclo buenecillo dedicado a la ciudad de Los Angeles en el cine, que quizá vaya a ver. El resto no es muy interesante en mi opinión. Eso sí: me regalaron una cervecilla Ottakringer. Que oye, de gratis, se agradece :-)
A Amelche: sí, la sensación es rarilla pero cosquilleante. Aunque, ahora que lo pienso, hay gente que incluso encuentra amor en internet. Eso sí que tiene que ser un poco flash. Porque con un blog tienes información, pero así con una ficha...Eso sí que tiene que ser flipante !Ay lo que ha cambiado nuestra vida con internet!
A Joako: estoy de acuerdo contigo. Quizá, se me ocurre, que en el proceso de trabar relación con una persona existe un primer instante de comunicación no verbal que es precisamente la información que internet te quita. Luego, cuando eso se restaura, pues nada, fenomenal. Pero en principio,la extraneza viene de esto. La senora, como dice Toni, es que debía de estar sufriendo un dolor de pies o simplemente cansancio, porque debía ser mayor. Como setenta o así.
A Toni: Hola campeón! El sentimiento es absolutamente mútuo :-) Espero que tuvierais un viaje fenomenal a casa y que no os encontraseis en el tren a la pareja inquietante jajajaja -para los demás: unos que se vinieron con nosotros desde el Leinzertiergarten, haciendo todos los cambios de medio de transporte que nosotros hicimos- y para compensar un poco el programa de la Viennale, ich wird euch brennen "Silentium". Cuando termine, os lo mando de regalo de Weinachten :-)
A Mar: no digo más que la verdad :-) Yo también espero que la cosa se repita pronto !Que me tenéis que ver el Chriskindlmarkt de la Rathaus! :-)
A Merce: muchas gracias!
Saludos a todos,
P.