Cartel de IKEA en el que se hace saber que, desde el primero de Marzo, no se puede fumar en bien, entre otros, de la salud infantil.
Compartimos la opinión de Maria José Campanario*

30 de Octubre.- No soy fumador y, la verdad, nunca he sentido el impulso de fumar. La única vez que lo he hecho fue porque el director de una obra en la que participé, se empeñó en que mi personaje tenía que dar unas cuantas caladas mientras recitaba un monólogo más bien deprimente. Dejando aparte que casi me quemo la nariz en medio de la representación –la historia de por qué sería larga y no me dejaría en buen lugar- mis escarceos con la nicotina han debido de durar, en conjunto, un par de horas de mi vida.
A pesar de eso, no le tengo especial manía a los fumadores, aún después de haber tenido que sufrir en Mundo Perdido a un trío de compañeras que tiraban humo como las chimeneas de una central térmica. Dicho esto, hablemos del estado de la cuestión en Austria: a pesar de las directivas comunitarias, el estado austriaco ha dado todas las largas posibles a la elaboración de unas leyes que unificasen la situación de la República Alpina con la de, por ejemplo, sus vecinos italianos (que cuentan con unas leyes antitabaco tan estrictas como las españolas). En los bares austriacos se fuma a troche y moche y, salvo algunas protestas provocadas por los vetustos sistemas de ventilación, a todo el mundo le parece normalísimo. Que yo sepa, sólo nos quejamos mi amigo A., que por su trabajo no puede estar mucho rato en entornos ahumados, y este servidor, que sigue sin poder entender que la gente fume en sitios en donde se come. Un hábito a la misma altura de cochinada que esa costumbre, típicamente austriaca, que permite a los dueños de canes pasar con el chucho a cualquier restaurante.
Cuando le explico mi opinión a los aborígenes, me miran como si fuera marciano. El tema de los perros no lo entienden (me salen siempre con esa costumbre española, afortunadamente en retirada, de tirar al suelo de los bares las cabezas de las gambas) y, en cuanto a lo del tabaco, me espetan que estamos en una economía capitalista y liberal y que les asiste la sacrosanta libertad de producirse cánceres y edemas como les salga de los güeven.
Pues bien: el estado aborigen elaboró (por fin) una normativa que establece que debe de haber separación física entre los lugares destinados a los fumadores y los que ocupamos aquellos que queremos disfrutar de un aire libre de tóxicos. Las reacciones, como dice el tópico, no se han hecho esperar: un empresario hostelero de mi barrio –dueño de un grupete de restaurantes elegantes- ha llevado al Gobierno a los tribunales, alegando que la norma, no sólo viola las libertad del comerciante de hacer en su local (otra vez) lo que le salga de los güeven, sino que, tal como está, es incumplible. En Alemania, una demanda del estilo tuvo éxito, y el gobierno Merkel se vio en la necesidad de modificar la ley por un fallo del Supremo teutón.
Los que nos preocupamos de la salud pública (que es la nuestra y también de las que hacen ricos a las tabacaleras) esperamos con ansiedad la decisión de los tribunales austriacos. Como dice Maria José Campanario, en el caso de la trama de pensiones ilegales en la que está imputada:
-Creemos en la justicia.

*María José Campanario es un personaje popular en la prensa del corazón española, debido a su matrimonio con el torero Jesulín de Ubrique y, ahora también, a sus presuntos ejercicios de creatividad contable que, presuntamente, la llevaron a intentar estafar a la Seguridad Social Española consiguiendo pensiones por incapacidad para varias personas, incluyendo a su madre, que, por lo que se ve en las imágenes de los programas de televisión, goza de una salud que Dios le conserve muchos años (Nota del escritor para mis lectores no españoles)

5 comentarios:

Arantza dijo...

Don Paco: aquí también aprobaron eso de la "separación física", hasta que a alguien se le encendió la linterna y pensó que por muchos biombos, cortinas, vidrieras góticas o puertas correderas que se pongan en los cafés y restaurantes, el humo es muy cuco y se infiltra igual. Con lo que esa norma se queda tan sólo en cosmética para calmar a los no fumadores. Desde hace ya más de un bienio el gobierno quebequés se puso los pantalones y estableció que si bien los fumadores pueden producirse todos los tumores que les salgan de las joyas de la corona, no tienen derecho a infligir la misma suerte a los que han decidido no fumar. Y aplicando lo de "las libertades individuales se terminan donde empiezan a pisotear las del prójimo" ahora lo han resuelto con una ley federal (pancanadiense): en sitio cerrado público ya no fuma ni Cristo rey. En invierno como en verano. A 30 bajo cero los intrépidos adictos a la nicotina tienen que ponerse parka, gorros, guantes (no inflamables) y botas y salir a fumar ala p*&%a calle. Con gran alegría de los no fumadores que, como yo, pasaron su juventud aguantando dolores de garganta producidos por la humareda del entorno.

Zinquirilla dijo...

Me encanta Autria y encontrarme un blog ta ameno es una gozada. Te felicito por el blog que he recomendado en el foro.

Pyro dijo...

Tengo que decir, que al contrario que en España, donde la ley se ha hecho fatal (al igual que va a ocurrir aquí) y donde incluso restaurantes que habían optado inicialmente por prohibir al humo lo han vueto a permitir, en Italia han sido mucho más duros. Al igual que en Irlanda, o bien se han habilitado zonas antitabaco en los locales donde se podía, o bien se ha prohibido completamente en aquellos donde no se podía. Fallarán muchas cosas en Italia, pero en eso desde luego han sabido ser valientes como pocos.

Raúl Sánchez Quiles dijo...

Qué bueno, qué manera de contar las cosas y de darle ese toque final de humor. Me ha gustado mucho, así que no me queda más remedio que volver otro día. Si te gustan los relatos mínimos, sólo te pido 20 segundos de tu vida para que leas alguna de las historias de http://www.hiperbreve.blogspot.com (Hiperbreves S.A. en la categoría de ficción). Me gusta que me dejen comentarios y, si crees que merezco un voto, pues adelante, que me hace falta un empujoncito final. Muchas gracias

Paco Bernal dijo...

Hola a todos:
Gracias por vuestros comentarios.
Para Arantza:a mí me sorprendió mucho que en Italia, Cristo Rey tampoco fuma en los bares. Qué alegría. La última vez que estuve en España, daba igual a donde entrases te olía la ropa a tabacazo (Bueno, y en Austria igual). Pero yo creo que, más que nada, es un problema de que los fumadores no terminan de ser conscientes de que el cigarrete es malo, igual que los que beben cuando conducen piensan que a ellos, el guantazo no les va a tocar nunca.
A Zinquirilla: gracias por doble motivo: por la felicitación y por la recomendación. Aunque lo que más me ha gustado es que digas que es ameno. Eso se pretende. Muchísimos saludos y bienvenida.
A Pyro: me reafirmo en lo dicho: el tema es que, si no lo hace todo el mundo y la prohibición es radical, no funciona. En Italia, y en eso te doy la razón, la cosa se ha hecho muy bien.
A Raul: muchas gracias por estos elogios que intuyo tan desinteresados ;-) y espero que recibas ese último empujón que te hace falta.
Un saludo,
P.