Me estoy quitando
15 de Octubre.- Querida Ainara:la otra noche, en la oscuridad de mi cuarto, me puse a pensar en ti cuando seas mayor, en la vejez de mis padres, en mi propia vejez. Con el paso seguro de quien es consciente de su propia fugacidad, sufrí por anticipado las pérdidas que preveo y tuve nostalgia anticipada de cosas que aún no han sucedido pero que, en mis pensamientos, ya habían ocurrido para siempre.
Mientras estaba repasando la imagen de ese señor mayor que seré, sumido en un mundo cada vez más feo, oscuro y mediocre, me dio por pensar también en que aquello en lo que mi pensamiento se entretenía no era el futuro, sino la idea que yo tengo de lo que el futuro será. Un constructo intelectual. Una entelequia. Sombras. Nada.
De pronto, se me antojó absurdo que, lo que no existe aún, tenga tanta influencia en mi vida. El hombre, Ainara, es esclavo de esa ilusión que es el futuro. Desde niños se nos enseña a temerlo, a descubrir nuestra propia valía a través de él, a tasar nuestros éxitos y nuestros fracasos tomando como medida lo que la gente piensa que seremos. Se nos enseña a “Ahorrar para lo que venga”; de alguien que es prometedor, o que nos parece listo o brillante, suele decirse que “tiene mucho futuro”. Para pintar un porvenir halagüeño, se nos dice que “tenemos toda la vida por delante” (expresión que también usamos para posponer indefinidadmente aquello que nos da pereza o miedo emprender). La cigarra y la hormiga, sirven para estimular nuestro sentido de la previsión; la liebre y la tortuga nos animan a ser mediocres pero constantes a la intención de nuestro incierto porvenir. La misma insistencia española en cargarse a cualquier precio de propiedades que, después de todo, sirven para poco.
¿No es todo esto un absurdo, Ainara?
En la oscuridad de la noche, recostado en la almohada, con el calor de mi gata sofía remansado en el regazo, se me representó de pronto el enorme desperdicio de tiempo que implica vivir encadenado a la sombra de lo que quizá no venga nunca.
Decidí entonces, con la misma incrédula convinción de los que deciden dejar de fumar, que voy a intentar “quitarme del futuro” como si el porvenir fuera para mí una sustancia estupefaciente y perniciosa.
Bástele a cada día su afán. Preocupáte, Paco –me dije- por lo que tenga que pasarte hoy. Vive el momento, disfruta de tu gente por lo que son hoy. Mientras dures, resplandece. No gastes energía en lamentarte o en ambicionar nada que no tengas delante de los ojos. Carpe Diem. Porque el pasado no se puede cambiar, el presente es una luciérnaga que pasa delante de nosotros y el futuro no existe.
Esto es lo que tu tío quiere compartir contigo hoy, sobrina.
Besos de tu tío.

4 comentarios:

amelche dijo...

Carpe diem, sí.

Paco Bernal dijo...

Diga usté que ja :-)

Noema dijo...

Amén.
Saquemos todos los días la vajilla buena, esa que sólo usamos en Navidad, que hoy es presente y el futuro es sólo subjuntivo, uish... bueno, o algo así.

JOAKO dijo...

Yo vivo, tu vives, el vive...