Cuando era pequeño esta secuencia me fascinaba. En Youtube está todo.

La segunda oportunidad

10 de diciembre.- Hola Schatz: en esta vida hay dos tipos de certezas: las que son verdad y aquellas que merecerían serlo. A las primeras pertenecen hechos tan indiscutibles como el teorema de Pitágoras y la ley de la gravitación universal. De una de las segundas verdades quisiera hablarte hoy.
Pensar que “todo tiene arreglo menos la muerte”, aparte de ser una de esas verdades que es necesario hacer como que se creen, exige un grado de ceguera voluntaria. El mismo que se necesita para sostener una serie de cosas que nos liberan del lado más polvoriento de la vida. Sin esa renuncia voluntaria a la crítica resulta imposible suponer una buena intención constante en nuestros interlocutores (una actitud imprudente, sin duda, pero seguramente la más educada) o hacer oidos sordos a determinados cantos de sirena contra los que se rebela la razón.
Pensar sin embargo que todo tiene arreglo en esta vida te traerá un rayo de esperanza cuando pinten bastos. Esas palabras, además, encierran otra verdad mucho más contundente: no hay crisis tan profunda de la que no se pueda salir si se tiene la voluntad decidida de hacerlo. Esa patada que hay que dar en el fondo de la piscina para terminar sacando la cabeza del agua, vaya.
Todo el mundo está asistido por el único derecho que nos queda cuando no queda nada más: el derecho a rectificar. Y es un alivio pensar que, aunque algo salga mal, siempre se tiene una segunda oportunidad.
A través de los años, de todas mis crisis, del rosario numeroso de mis errores, siempre me he aferrado a esa esperanza: por mucho que hayas metido la pata, nunca es tarde para iniciar un camino nuevo. El error se paga en tiempo (desgraciadamente, nuestro recurso más limitado) y quizá, cuando uno cambia de rumbo, hay alguna gente que no entiende la jugada y que se enfuruña. Pero la fe en que uno está haciendo lo correcto y esa esperanza última de que “más vale tarde que nunca” (otra frase genial) le da fuerzas.
Una vez se elige el camino nuevo, eso sí, hay que tener la disciplina para que la planta verde y flexible se convierta en árbol ( no sé si me sigues). Aunque la disciplina se hace fácil de mantener cuando se transforma en costumbre.
Me cuenta tu abuela que tus afectos de niña, tan volubles, han abandonado a Emilio Aragón y se han ido con la cabra de Movistar, que te hace reir. Ays...Qué juventud (jajaja).
Besos de tu tío.

4 comentarios:

amelche dijo...

No recuerdo ese programa y somos de la misma quinta. Pero creo que a mí se me quedó más lo del coche fantástico, que volaba y no chocaba con piedras. :-D

JOAKO dijo...

¡Joder! Hace cuanto tiempo que no veía este espectacular accidente, ahora veo,1. que el coche que sale acelerando es un Jaguar y el que se estrella es otro (cosas de presupuesto) y que la voz es la de Taibo, el mismo que la ponía en los documentales de Costeau, "El Calypso surca los mares...".
Unamuno (que por otra parte era un gruñón) decía que "solo los tontos no cambian nunca de opinión"

Paco Bernal dijo...

Hola!
Gracias por vuestros comentarios.
A Amelche: a mí el coche fantástico también me gustaba, pero como lo veía durante más rato me impresionaba menos. Cuando encontré ayer el vídeo lo flipé otra vez. El montaje es fenomenal. Tan de los setenta...
A Joako: Hombre, es que piñar un Jaguar...Pero es curioso que en toda la situación hay una extraña poesía. Igual es la música o algo, pero el vídeo mola mucho como pieza independiente. Me quedo con la cita de Unamuno, por cierto.
Un saludo

marcos Paley dijo...

me gusta tu blog. Estoy en Barcelona (cafecito en la Rambla Cataluña) y voy para Viena la semana ue viena. No creo que te escriba una carta todos los miércoles pero espero detenerme un poco más leyéndote.
Cpordial saludo
marcos paley