Gestores



27 de Mayo.- Querida Ainara: ayer, el presidente del Senado español, apenado por el lamentable espectáculo que los representantes de la Nación estaban dando durante una sesión de control al Gobierno, perdió los papeles, y les conminó a mantener la mínima dignidad que su puesto implica.


Las vergonzosas imágenes del vociferio me recordaron a una conversación que mantuve el otro día. Charla en la que descubrí hasta qué punto mi idealismo se fue un día, como aquel, a por tabaco. Aún no ha vuelto.

Salió el tema por la pretensión de algunos miembros de otro Parlamento, en este caso el europeo, de que los europarlamentarios hagan sus desplazamientos por la Unión en clase turista. Hoy, viajan en clase Business. Uno de los circunstantes se mostró enormemente feliz de que los señores eurodiputados se apretasen el cinturón como todo quisqui, y que viajasen con un nivel digno pero económico. Mi amigo hizo después profesión de fe de que la política debía ser una cosa vocacional, porque sólo una vocación que, al fin y al cabo, es un enamoramiento profesional, garantiza llevar con paciencia las frustraciones que, inevitablemente, produce el tajo. Lo mismo que el enamoramiento de la pareja ayuda a soportar esos días que todos tenemos en que nos levantamos con el pie izquierdo y los violines se olvidan de sonar.

Yo creo, Ainara, que los políticos no deben ser santos, ni sacerdotes de un misterioso culto de la cosa pública. Los políticos, más en este siglo veintiuno en el que la Humanidad se juega tanto, deben ser, ante todo, gestores. Personas que se dediquen a evaluar con criterio profesional qué recursos hay (escasos, siempre escasos) y que piensen con un criterio profesional también en dónde hay que invertir esos recursos para que los administrados, tú, yo, nosotros, vivamos de la manera más feliz posible.

El problema con los buenos gestores, Ainara, es que cuestan dinero. Vivimos en un mundo capitalista, y el Estado, Ainara, sea del nivel que sea (autónomico, nacional, europeo) es una empresa más. O quizá debería decir un empleador más. Es obvio que, si el Estado va a al mercado a comprar gestores y paga bien, conseguirá buenos ejecutivos; lo cual, en mi opinión, redundará en beneficio de los administrados. Si el Estado, cualquier estado, ofrece sueldos mediocres, conseguirá unos gestores de aquella manera. O sea, Ainara, para entendernos: conseguirá la mierda de gestores que sufrimos en estos momentos.

Personas que tienen un nivel de instrucción bajo mínimos y que sólo saben vociferar. Basta comparar los currículos que tenían los gobernantes de hace veinte años con los que tienen ahora. Da vergüenza ver cómo ha bajado el nivel. En todos los sentidos.

Si la actividad política no se vuelve atractiva de alguna manera, si terminan de ministro indivídu@s procedentes de oscuras agencias promotoras de cantos regionales o listos que sólo quieren poner el cazo; si las mejores mentes se marchan a los bien pagados puestos de las corporaciones privadas, tendremos exactamente eso: el gobierno de las empresas. Mandarán las cuentas de pérdidas y ganancias, cesará de importar la persona.

En esta vida, Ainara, sólo hay una diferencia que de verdad cuente: la de la inteligencia y la de la formación. Y sólo por ese rasero se debería medir a la gente.

Besos de tu tío.

Foto: Ejecutivos en el puerto de Trieste (Archivo Viena Directo)

1 comentario:

Pablo Vergara dijo...

Razón de más para no pagarles los vuelos en Bussiness. Cuando hagan bien su trabajo y se lo merezcan, vale, pero mientras estén haciendo un trabajo de clase turista, sus desplazamientos debe ser acordes.

Cualquier empresa privada sabe eso. Se motiva a los buenos trabajadores y se penaliza a los malos. Si los malos ya tienen todo ¿cómo vas a motivarles para que hagan bien su trabajo?