The Trípoli connection

Archivo VD

19 de Julio.- Viena. Austria. Ayer por la tarde, tres observadores más o menos imparciales de la actualidad austriaca se reunieron en un local situado en una zona concurrida de la capital (no diremos cual para no violentar su anonimato).

Cerca de ellos, en una mesa, un caballero con un parecido más que razonable con un célebre político aborígen fallecido en un accidente de tráfico, le enseñaba a otros dos caballeros trajeados las cifras que iba reflejando la pantalla de un I-pad.
El parecido del tipo del I-pad con el político muerto (y por qué no, con un exlehendakari español que, a su vez, se parecía al Sr. Spock), motivó que uno de los observadores reflexionara en voz alta sobre la deriva que había tomado últimamente la facción ultraderechista de la política austriaca hacia un perfil bajo, notablemente menos radical que hace algunos meses.
Los observadores sorbieron sus refrescos con aire taciturno, y luego pusieron sobre la mesa algunas teorías. La más razonable era que el éxito que las encuestas más frescas adjudicaban al FPÖ aconsejaba a sus mandamases adoptar una actitud de máxima prudencia, al objeto de no asustar al votante medio (que, al fin y al cabo, es el que decide los resultados de las elecciones).
Hasta nuevo aviso, pues, se había acabado las declaraciones detonantes, las fotografías con símbolos religiosos, las ruedas de prensa crispadas y los actos multitudinarios con líderes negacionistas del holocausto.
Se hizo también memoria en la reunión de la conflictiva relación que, en vida, había unido (es un decir) al político muerto con el actual líder del partido, Heinz Christian Strache.Una pelea que había desatado el desgarramiento de la ultraderecha austriaca en dos facciones aparentemente irreconciliables. A la muerte del político parecido a Spock, Strache había conseguido, no sin esfuerzo, reparar en parte la escisión, absorbiendo a parte de los escindidos (y, con ellos, gran parte de los fondos que el Estado Austriacoles destinaba para su uso), dejando a aquellos que se habían resistido a reincorporarse a la casa común convertidos en un grupo de importancia marginal en la política total del país.
Lo que Strache no había conseguido, sin embargo, era deshacerse del todo de la herencia del político muerto (sombra de Rebeca, sombra de misterio, eres la cadena de mi cautiverio). Una herencia que se manifestaba de pronto, en los lugares más insospechados.
Por ejemplo, durante la mañana de ayer. Strache, en una decisión que resulta difícil clasificar en el razonable curso de actuación que, según nuestros observadores, había adoptado la formación ultraconservadora, convocó a la prensa austriaca para informar sobre una gestión que resulta, como poco, peculiar.
Strache, instado por personas “de alto rango”, no sólo europeas, sino de los Estados Unidos, había enviado en su nombre (!)a un representante, de nombre  David Lasar, para que mantuviera contactos nada menos que con el dictador Muhammar El Gadaffi al objeto de encontrar “una solución pacífica” al conflicto libio.
Lasar (Viena, 1952) ocupa un cargo municipal en la ciudad de Viena, es miembro conspícuo del FPÖ y, un dato sorprendente dada la gestión que tenía que realizar, es miembro de la comunidad hebrea vienesa (lo cual, por cierto, le ha granjeado alguna que otra crítica de sus colegas de partido).
Según informan los medios austriacos, la gestión de Lasar quedó en nada. Apenas 5 minutos con el dictador y algunas conversaciones con su hijo (educado en Europa y que estaba en relaciones inmejorables con Haider, de lo cual dan cumplida cuenta las fotografías existentes en las que aparece el fallecido líder regional austriaco en la haima del dictador).
Durante la entrevista que mantuvo con el político, Gadaffi se limitó a exigir que la OTAN cesara en sus bombardeos sobre Trípoli. Strache y Lasar informaron de ello a la prensa.