El misterio del penacho de Moctezuma

Interior del Schloss Ambras, cerca de Innsbruck (Archivo Viena Directo)

28 de Agosto.- A primera vista y, sobre todo, a juzgar por su escaso valor intrínseco, el tocado de plumas verdes que se conserva en el Museo Etnográfico de Viena, no parece tener gran importancia.



Sin embargo, la prena ha servido, por un lado, para dar pie a una de las reivindicaciones más pertinaces de la Nación Mexicana; y, por otro, para una de las más cerradas negativas por parte del Estado Austriaco.


Como en muchas otras ocasiones, se trata del viejo conflicto ¿Deben permanecer los objetos históricos en los lugares en los que fueron creados o hay que respetar los avatares históricos que los hicieron cambiar de manos? O, en otras palabras ¿Pueden los Estados modernos reclamar objetos que se crearon cuando todavía no existían dichos estados?


El llamado Penacho de Moctezuma (Montezuma en alemán, por cierto) es, como queda dicho, un tocado de plumas verdes, de forma aproximadamente semicircular, con adornos dorados y de color turquesa. Según los arqueólogos, es imposible demostrar que el objeto perteneciese al pobre Moctezuma II, último emperador de los aztecas, ni a cualquier otro soberano de esa nación indígena. Todo parece indicar que, más bien, era propiedad de un sacerdote de alto rango.


La historia de la reliquia tampoco puede ser seguida con mucha decisión. La versión que cuenta con más adeptos es que el Penacho llegó a Europa junto con otras 157 piezas que el propio Moctezuma hizo llegar a Cortés y este, a su vez, como regalo al rey de España, Carlos I.

En la asombrada corte del nieto de Juana la loca se pierde el rastro del penacho, hasta que, no se sabe por qué carambolas, aparece en la colección de curiosidades que el archiduque Fernando tenía depositada en el Schloss Ambras, cerca de Innsbruck.


Allí permaneció hasta que, durante la Segunda Guerra Mundial, se decidió transladar a lugar más seguro las reliquias del castillo tirolés, tesoros en su mayoría de valor incalculable. El penacho fue a parar al Museo Etnográfico de Viena, en donde fue almacenado bajo la descripción “Faldón Africano” ( o Moctezuma tenía fama de cabezón o las africanas fama de tener talle de avispa). Acabado el conflicto, nadie pasó a recoger la prenda, así que el Estado Austriaco, pasado el barullo de la posguerra, decidió incluirlo en los fondos de su colección en donde hoy se exhibe.


Desde hace más de sesenta años, los maxicanos –erre que erre- reclaman el tocado, y los austriacos, con pertinacia no menor, aducen que se trata de una pieza del patrimonio nacional y que, así las ranas críen pelo, no lo van a devolver.

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