Petróleo austriaco: a la caza del oro negro (1)

Ayer, el fondo de un mar tropical; hoy el Marchfeld (Archivo Viena Directo)

29 de Agosto.- Hace cien millones de años, el lugar desde donde estoy escribiendo ahora estaba cubierto por un mar tropical de color esmeraldaal que ningún geógrafo había puesto nombre. Sus olas batían, incesantes, monótonas, contra una costa cubierta poruna densa vegetación tropical y, bajo su superficie, nadaban peces que sólo tenían que temer la amenaza de los depredadores. Este mar, debido a la calidez del clima,  era riquísimo en plancton y, en sus niveles más profundos, reinaba una enorme falta de oxígeno, transcendental, como se verá, para lo que en este post se cuenta.

Cuando los microorganismos morían, la fuerza de la gravedad los llevaba hacia las profundidades del mar que les servía de cobijo; la falta de oxígeno impedía (o retrasaba) su putrefacción, y terminaban formando en el fondo quieto un limo que se iba depositando, a través de generaciones, en las grietas de aquel piélago primordial.
Hace aproximadamente 20 millones de años el fondo de aquel mar tropical se hundió hasta formar lo que hoy se llama la fosa vienesa; una zona de alta actividad geosísmica que, a la altura de Viena, pasa por el Lainzer Tiergarten y que llega hasta los Cárpatos. La actividad geológica de esta zona es la responsable de que, de vez en cuando, haya aún terremotos de cierta importancia en Austria (el último en los años sesenta) y, asimismo, de que los vieneses y los habitantes de Baja Austria, puedan disfrutar en invierno de excelentes balnearios de aguas termales (algunas ricas en azufre) que les alivian un poco del rigor que la estación más dura del año tiene por estas tierras.
La mezcla de sedimentos orgánicos, presión y altas temperaturas,hizo inevitable, por otra parte, la formación de petróleo, que hoy se explota sobre todo en la zona del Marchfeld, en la llamada Erdöl Strasse (Carretera del Petróleo) que transcurre a lo largo de casi 30 kilómetros y une los municipios de Wildersdorf y Mistelbach an der Zaya.
Los primeros intentos de extraer petróleo de esta zona datan de los últimos tiempos de la monarquía, antes de la primera guerra mundial. Alentados por los éxitos de expertos húngaros, que habían encontrado petróleo y gas natural a una profundidad de 164 metros (como quien dice a flor de tierra)  los austriacos también se animaron, con unos resultados muy escasos. Tras la guerra general y consiguiente desmembración del Imperio Austro-Húngaro, se hicieron nuevas prospecciones durante los años veinte hasta que, el 30 de Agosto de 1930, la compañía alemana “Raky-Danubia” topó finalmente con el ansiado oro negro, a una profundidad de 729 metros. Fue en la localidad de Zisterdorf, en el pozo conocido como “Windisch-Baumgarten 1”.
El avispado empresario, Herr Raky, intentó en un principio mantener el hallazgo en secreto, pero la noticia de que Austria era, por fin, un país productor de petróleo trascendió en poco tiempo, levantando una considerable ola de interés público. Sin embargo, pronto se demostró que las esperanzas de Herr Raky de forrarse como un jeque árabe estaban injustificadas. El pozo produjo solamente 5 toneladas de crudo y luego, sólo se pudo sacar de él agua (si bien algo turbia por haber estado debajo de la tierra tantos millones de años).
La compañía suizo-austriaca EPG tuvo más suerte y consiguió, en 1934, iniciar una auténtica producción a escala industrial (30 toneladas de crudo al día). Pronto, los campos petrolíferos del Marchfeld empezaron a atraer la atención de otros inversores a los que, no se les escapaba que la guerra mundial estaba a la vuelta de la esquina y que, en ella, las materias primas iban a jugar un papel fundamental.
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