La macabra (y verídica) historia de la calavera de Haydn (especial Halloween)

La máscara mortuoria de Haydn que se encuentra en Eisenstadt (Archivo VD)

1 de Noviembre.- Viena. Una noche de principios deJunio de 1809. La ciudad se encuentra tomada por las tropas napoleónicas.
El día 31 de Mayo, el Michael Jackson del siglo XIX, el genial y popularísimo compositor Joseph Haydn, ha muerto, mientras intentaba tranquilizar a su atribulada servidumbre, que se encontraba aterrorizada por los cañonazos del ejército invasor.
Pero, ¿Qué es esto? Sí: mis lectores han visto bien.Dos figuras caminan por entre las tumbas del cementerio Hundsturmer (hoy, Parque Haydn, en el distrito de Meidling).

Son muy distintas. Por el porte aristocrático, una de ellas es indudablemente un caballero; la otra, que va delante portando una luz y una pala, es el enterrador del camposanto.
El sepulturero busca con el farol hasta dar con una tumba reciente. Luego, deja la luz en el suelo y se escupe en las manos.
El caballero se tapa la cara con un pañuelito de batista mientras el enterrador va despejando la huesa. De vez en cuando, el rico burgués mira a un lado y a otro, creyendo distinguir entre las sombras el brillo de los ojos de malvados espías. Por fin, la pala encuentra  la madera del ataud. Con agilidad imprevista, el enterrador salta a la fosa, abre el féretro y tira la tapa fuera. Intercambia una seña con el caballero que asiente y contiene, a duras penas, las ganas de vomitar. Acto seguido, el enterrador coge la pala y, de un golpe seco, la hunde en el cadáver del compositor. Luego, le pide al caballero un saco de arpillera que ha dejado cerca de la luz. El caballero se lo tira intentando no mirar el bulto de la cabeza de Haydn, que el enterrador tiene agarrado por los pelos. El enterrador envuelve el pobre despojo del genio y, como si fuera una pelota de fútbol, lo tira fuera de la tumba. Después, cierra el ataud y vuelve a cerrar la sepultura dando vigorosas paletadas de tierra.
Cuando la operación acaba, empieza a amanecer.
El robo de la cabeza de Haydn no se descubre hasta mucho tiempo después. Estamos en 1820. En pleno periodo Biedermaier.  El príncipe Nikolaus II Esterhazy, por sugerencia del primer duque de Cambridge, decide exhumar al antiguo servidor de su familia y llevar sus restos a un lugar digno de su fama: la que hoy se llama Iglesia de Haydn en Eisenstadt. Durante estos trabajos, el féretro se abre y el príncipe comprueba sorprendido que el cadáver del compositor está decapitado. Se inicia una investigación y se averigua que el caballero que se tapaba la cara con el pañuelito de batista se llamaba Joseph Carl Rosembaum, antiguo secretario del príncipe Esterhazy y seguidor de las teorías de un cierto Franz Joseph Gall, el cual creía poder averiguar el carácter y otros atributos de la personalidad fijándose en la forma de su cráneo.
Se averigua que, para conseguir la calavera de Haydn, Rosembaum ha tenido que sobornar a no menos de cuatro funcionarios. Las pesquisas, sin embargo, no sirven para que vuelva a aparecer la calavera del pacífico compositor, así que se opta por enterrar el cadáver incompleto. Más tarde, un cierto Johann Peter, funcionario de la policía de Viena, entrega una calavera cuya autenticidad se descarta.
¿Qué ha sucedido con la cabeza de Haydn? Después de haber esperado pacientemente a que la naturaleza hiciera su trabajo y desapareciesen las partes blandas de la reliquia (puaj), Rosembaum le entregó la calavera a su amigo Peter con el encargo de que la depositara en el Conservatorio de Música de Viena. Pero ni Peter ni su viuda cumplieron el encargo (les debió de molar tener la calavera en casa). El “objeto” pasó de mano en mano hasta 1895, momento en el que fue depositada por manos pías en laSociedad Vienesa de Amigos de la Música. Lugar en el que, poco antes de la guerra mundial, el profesor Julius Tandler,uno de los pioneros del tratamiento contra el cáncer, pudo estudiarla y, comparándola con la máscara mortuoria de Haydn, que ilustra estas líneas, confirmar su autenticidad.
En 1954, casi 150 años después del fallecimiento del compositor, el cuerpo de Haydn volvió a reposar completo. La cabeza fue depositada en su sitio por el escultor Gustinus Ambrosi.