Un cuarto de hora en Mordor

Valor para los nuevos tiempos (!Y tanto!). Archivo VD

31 de Octubre.-  La semana pasada leí en el Österreich que nuestro amigo, el político ultraderechista HC Strache, convocaba para el viernes un “acto de protesta” en la plaza de la catedral de Viena.
En el mismo anuncio, escrito con ese estilo powerpoint que se ha convertido en marca de la casa, se pedía a los asistentes, a esa mayoría silenciosa a que Strache parece siempre dirigirse, que tuviera “Valor para una nueva época” (Mut für eine neue Zeit) y se relataba en una lista aquellas cosas contra las que está el Partido que se llama a sí mismo Liberal (FPÖ) y, en letra más grande y colores más atractivos, aquellas otras que hacen que a la mencionada formación política se le haga el chichi pepsicola.

Nada más leer el anuncio, pensé que  la elección de la plaza de la catedral como lugar para convocar una manifestación revelaba un diabólico talento para el marketing.
Por dos razones: primero, si Austria tuviera un corazón, ese corazón sería la desgarbada catedral gótica desde la que se proclama cada año el final del 31 de Diciembre.
La segunda razón es que la plaza de la catedral es un lugar que tiene una superficie algo mayor que un campo de fútbol, con lo cual, a nada que se juntasen dosmil quinientas o tresmil personas, Strache podría decir que su convocatoria había sido un éxito, e imaginarse cabalgando una ola de fervor popular que le llevaría directamente a ocupar las más altas magistraturas de la Nación Austriaca.
El día señalado, me llevé la cámara y, al salir de trabajar, me pasé por la plaza de la catedral.
Cuando yo llegué, estaba sonando “El Danubio Azul” y unas cuantas parejas improvisaban unos pasos de vals.
Como estábamos al principio del sarao, la verdad es que no había mucha gente, pero me llamó la atención que todo, pero todo todo todo, estaba siendo grabado en video por dos cámaras (una situada en el lado del público y otra a un costado del escenario).
Al terminar la música, el hermano Otti que no estaba ensayando para Die Letzte Chance,empezó a hablar:
-Estoy seguro de que esto va a ser un éxito. Tenemos que calentar el ambiente para nuestro HC Strache (discretos aplausos). Hoy, nosotros, los austriacos, estamos convocados aquí para protestar contra la coalición de perdedores que nos gobierna porque los austriacos estamos siendo engañados (con creciente fervor) lo que dice el gobierno es mentira, lo que dicen los periódicos ¡Es mentira! (y al ver que podía haber molestado a algún periódico afecto a la causa, como el Kronen Zeitung, se vio en la necesidad de rectificar)…Bueno, algunos periódicos ¡Pero hoy vamos a tocar música austriaca! ¿Dónde estan los austriacos? ¡Por nosotros, los austriacos! ¡Los austriacos, que levanten las manos! –algunos vítores entre el sector más pensionista de la afición-.
Una señora, detrás de mí (austriaca), se rió abiertamente del tipo:
-¿Los austriacos? ¿Pero qué *·$%&  dice este tío?
Por la plaza, jóvenes y jóvenas, elegidos mediante casting (no más de veinticinco años, no menos de dieciocho, ellas rubias y con aspecto de azafata de congresos, ellos con pinta de capital de equipo de fútbol americano) vestidos con ropa deportiva con los colores corporativos repartían folletos que explicaban el programa de la formación.
Merodeando con cara de pocos amigos, algunos indivíduos con pinta matonesca, también vestidos de azul, con insignias en las que podía leerse Seguridad (Sichercheit).
Algunos adolescentes que, obviamente, no encajaban en el apolíneo grupo que el partido pide para sus Public Relations, miraban con aire tristón a las muchachas que repartían trípticos .
Habían pasado tres canciones de la Otti Band, salpimentadas con las correspondientes invocaciones al inmortal patriotismo de los austriacos presentes en contraposición a la traición de la “Anti-Austria” (es curioso pero lo más rupestre del neofascismo español también utiliza mucho el término “Anti-España” para designar lo que no le gusta) cuando yo empecé a sentir cierto malestar estomacal. Contribuyó bastante a ello que los “Sichercheit” empezaron a mirar mi cámara con desconfianza. Decidí que había tenido bastante patriotismo austriaco (por lo menos, hasta la próxima década) y, después de comprobar que tenía material suficiente para ilustrar este reportaje, me marché con la desagradable sensación de que aquel “acto de protesta” era la tarjeta de visita de un nuevo periodo negro de la historia de este país (mejor dicho, azul).
El domingo, varios periódicos austriacos publicaron una encuesta que demuestra fehacientemente el brutal desgaste sufrido por la coalición gubernamental como consecuencia de la última cumbre europea: el FPÖ está a un punto porcentual de los socialistas (28 y 29 por ciento respectivamente).