
Para que Leonor vaya aprendiendo
15 de Enero.- (Aquellas personas que no quieran oír hablar más de política, acudan por favor a la sección TEMA 2 en donde encontrarán un regocijante artículo sobre The Queen, de Stephen Frears; los que deseen seguir sufriendo, continúen)
TEMA 1: Mientras desayuno una infusión, doy una vuelta por las teles de que dispongo (no me hacen falta más) y contemplo, en la catalana, un total de Mariano Rajoy diciendo cosas que está muy distante de creerse (lo bueno que tiene haber hecho teatro es que te pueden engañar con todo menos con la voz, porque a base de intentar pulirse a uno mismo, uno desarrolla la habilidad de notar las cadencias falsas en los discursos de los demás) y en Telemadrid, “El círculo a primera hora”. El invitado es Jaime Mayor Oreja. Resulta curioso comprobar como este programa, que está evidentemente diseñado para venderle a la población las especies fabricadas por el departamento correspondiente del PP, se las ve y se las desea para venderle a la población las especies fabricadas a partir de la interpretación de Génova de los acontecimientos de este fin de semana. Tanto es así que, ante la tercera repetición del mismo rollo por parte del pobre Mayor Oreja (qué papelón), Ely del Valle no ha tenido más remedio que preguntarle:
-¿Pero usted se cree que todo eso que nos está contando es cierto?
Con la misma cara de alguien a quien le cuentan que el papa Ratzinger ha sido abducido por una pandilla de extraterrestres ladrones de cuerpos y que la Iglesia Católica, en realidad, está gobernada por seres de apariencia verdosa y tentáculos prensiles.
Básicamente, las tesis de Mayor Oreja se resumen en: a) Jose Luis Rodríguez Zapatero es un ser malísimo malísimo malísimo, con una capacidad de retorcimiento y manipulación que deja a Maquiavelo a la altura de Mickey Mouse; b) dentro de sus perversos planes para dominar el mundo, el presidente del gobierno pretende aislar al PP para convertirle poco menos que en un partido marginal.
Resulta muy curioso que Mayor Oreja se haya referido sin un temblor de voz a algo como “la alternancia entre partidos de centro derecha y centro izquierda” consagrada por la constitución. En la constitución (y yo debo de ser de los pocos españoles que se la ha leido) no se habla de esto por ninguna parte. Menos aún de alternancia. Es más, si hubiera alternancia, al estilo del famoso Artificio Canovista, para qué querríamos elecciones. Un ratito tú y un ratito yo, y se acababan todas las historias.
El PP quiere convencer a la gente de:
a) El pérfido Rodríguez Zapatero va a por nosotros, pretende aislarnos. Y
b) La santidad sale cara. Nosotros defendemos la verdad, impávidos, fervorosos, pero sufrientes como mártires ante los leones del circo.
TEMA 2:En fin: para hablar de cosas más agradables aunque, en cierto modo, conectadas, decir que este fin de semana he visto “The Queen” y que me ha gustado mucho. Aparte de porque, sin decir esta boca es mía, y de manera muy sutil, se mete mucho con Lady Di –esa mujer que a mí, personalmente, me caía fatal ya en vida-. Me ha gustado porque es una película que, teniendo todas las cartas para terminar en el ridículo, consigue soslayarlo. Me explico: retratar en una película biográfica a personas que aún están vivas y unos acontecimientos que todo el mundo conoce perfectamente resulta un riesgo evidente. Sobre todo, porque se cae en el peligro de caer en el spitting image. O peor: en esas reconstrucciones sarnosas que Antena 3 pone cada aniversario de la muerte de Lady Di en las que la Di aparece como una santa y los Windsor como una especie de chupasangres que sólo casaron a Carlos con la Spencer para lograr una matriz fertil.
En “The Queen” sin pintar a la familia real británica como el colmo de la santidad (que está claro que no lo son) se intenta hacer un retrato profundo y tridimensional de unas personas situadas por la vida en unas posiciones muy concretas y muy conflictivas. El mensaje de la película es: vale, se equivocaron, pero es que tampoco podían actuar de otra manera dados sus condicionantes. Porque en ningún caso se dice que Isabel II sea tope de maja. Sólo se trata de decir que Isabel II es una señora mayor (septuagenaria en el momento en el que suceden los hechos) que venía de Churchill y se tiene que enfrentar con Tony Blair que es, todos lo sabíamos, un horterilla con un poco de labia. Por cierto, que resulta curiosa y poco creible la transformación del personaje de Tony Blair en el flín. Pasa poco menos de querer derribar a la más conocida de las Isabeles a ser uno de sus más rendidos admiradores. Pero si mal queda él, peor queda ella, la buena de Cherie. Yo que ella, después de esta película, no volvía a salir a la calle.
En el aspecto técnico, hay que destacar sobre todo el diseño de vestuario (con la reina lo tienen fácil, va siempre más o menos igual); resulta muy retador para un diseñador de vestuario hacer una película que pase diez años atrás. Porque si te pasas de antiguo, quedas kitsch y si te pasas de moderno, quedas reconstrucción de Antena 3. La ambientación, también estupenda. Sólo un pero: en una escena, la reina está haciendo un pic-nic con su familia en el bosque que rodea Balmoral. Hellen Mirren saca unos cuencos de cerámica de color gris claro. Tres escenas más adelante, Tony Blair está tomándose unos cornflakes con Cherie, en un cuenco igualito igualito. Mucha casualidad.
Tampoco quiero terminar sin comentar el personaje del periodista que escribe los eslóganes de Tony Blair. Me recuerda a los del Tema 1. En resumen, un telefilm de evidentísimo lujo (no en vano está producido por Granada).
1 comentario:
¡Arde Viena!, afortunadamente sólo lo hace Viena...Directo. Yo no puedo opinar de política, Paco: ni la entiendo ni me interesa. Sin embargo, y al contrario que tú, preferiría que fuera como un Barça-Real Madrid: son más interesantes y el resultado suele ser incierto. En fin, dejo el campo libre a los batalladores. Saludos.
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