
08 de Enero de 2006.- En las pantallas de este país de habla extraña triunfa un programa que se llama starmania, o sea, Operación Triunfo. Su realización, sin embargo, presenta algunas variantes con respecto a la versión española del mismo programa. Para empezar, la presentadora es una mujer que se llama Arabella Kiesbauer –espero haber escrito bien el apellido-; la buena de Arabella es, para que todos nos entendamos, una especie de Julia Otero con la sonrisa de hierro y un desparpajo que hace que Starmania no se parezca en nada a la macarrónica realización de OT.
Siguiendo porque, como en cualquier buen concurso germánico, en Starmania se respetan los tiempos escrupulosamente. O sea: el show está dividido en ciclos estándar que son iguales para cada concursante: breve pieza en la que se ve al protorobbiewilliams o al embrión de Britney Spears calzarse unos modelos horrorosos –más tarde hablo de ellos-, breve presentación de la Kisbauer, versión rápida de un éxito conocido por parte del triunfito/starmanito, valoración del jurado (compuesto por una sola persona porque para las cosas del arte no es buena la democracia) y, por último, valoración del público mediante el conocido sistema del aplausómetro. Tras eso, Kisbauer manda al muñeco de nuevo a su baúl y cero al cociente y paso al triunfito siguiente.
En el programa del viernes, la voz del jurado dedicó unos ditirámbicos elogios a todos los concursantes (nada que ver con los ataques feroces de Risto Mejide, ese estupendo actor, alias Risto Mejode). A mí me dolieron todos, pero el que más me dolió fue el que dedicó a un chaval que, por las fotos –juzguen ustedes mismos- es el hijo secreo de Jorge Cadaval el de los Morancos. Pues bien: este hijo de Austria en cuestión perpetró el famoso hit de Frank Sinatra “Love and Marriage” y demostró que aún cantándola bien, se puede destrozar una canción. Para la ocasión, le habían enfundado en un traje con pretensiones de elegancia que le estaba ENORME, una camisa de rayas de cuello extragrande que él insistió en combinar con diferentes colgajos que –siempre- lleva al cuello. Después de los primeros compases, el chaval empezó a cantar con una voz bien timbrada, siguiendo todas las notas de un modo que Sinatra mismo no se hubiera atrevido a soñar, pero se le veía a la legua que desconocía lo que estaba cantando que es lo mismo que decir que no tenía ni p*ta idea de qué estaba hablando. Porque “Love and Marriage” es una canción que habla de la ironía, que tiene un subtexto. Y él la cantó como si estuviera recitando la tabla periódica de los elementos.
Tras su interpretación, Kissbauer le llamó a la boca del escenario e intentó que explicara su parecer acerca de la canción que acababa de interpretar. Aquí se vio que nuestros triunfitos tienen más tablas (normalmente los eligen provenientes de orquestas de pueblo) porque nuestro amigo Mario –que así se llamaba el émulo de La Voz- acertó a contestar con monosílabos a las preguntas de la sagaz Arabella que, a la tercera, le dejó por imposible.
Tras el bueno de Mario se subió al escenario una chica que siempre canta en inglés porque en alemán sus compatriotas mismos dicen que no hay un dios que la entienda –de hecho, la escena lacrimógena de la semana fue la de la niña enfrentada a una terapeuta que la miraba como si fuera subnormal-; la chica, gordita, desvalida –una Rosa de España sin arranque rumbero, como si dijéramos- cantó a capella “Over the rainbow”. Esa canción con la que, a poco que se tengas algo de voz, es imposible quedar mal. Se hizo el silencio en el plató y la chica cantó el viejo éxito de Harold Arlen con unas florituras estándar de Whitney Houston que se hubiera equivocado de país y de concurso. Las personas del plató –en su mayoría adolescentes que no tienen ni idea de quién era Judy Garland- se quedaron boquiabiertas y, tras un largo silencio, recompensaron la interpretación, puestos en pie, con una salva de aplausos. Todo orquestado cuidadosamente por un regidor (o un equipo de regidores) que saben perfectamente con la materia con la que están trabajando: aquella de la que están hechos unos sueños de adolescente monosilábico.
En el programa del viernes, la voz del jurado dedicó unos ditirámbicos elogios a todos los concursantes (nada que ver con los ataques feroces de Risto Mejide, ese estupendo actor, alias Risto Mejode). A mí me dolieron todos, pero el que más me dolió fue el que dedicó a un chaval que, por las fotos –juzguen ustedes mismos- es el hijo secreo de Jorge Cadaval el de los Morancos. Pues bien: este hijo de Austria en cuestión perpetró el famoso hit de Frank Sinatra “Love and Marriage” y demostró que aún cantándola bien, se puede destrozar una canción. Para la ocasión, le habían enfundado en un traje con pretensiones de elegancia que le estaba ENORME, una camisa de rayas de cuello extragrande que él insistió en combinar con diferentes colgajos que –siempre- lleva al cuello. Después de los primeros compases, el chaval empezó a cantar con una voz bien timbrada, siguiendo todas las notas de un modo que Sinatra mismo no se hubiera atrevido a soñar, pero se le veía a la legua que desconocía lo que estaba cantando que es lo mismo que decir que no tenía ni p*ta idea de qué estaba hablando. Porque “Love and Marriage” es una canción que habla de la ironía, que tiene un subtexto. Y él la cantó como si estuviera recitando la tabla periódica de los elementos.
Tras su interpretación, Kissbauer le llamó a la boca del escenario e intentó que explicara su parecer acerca de la canción que acababa de interpretar. Aquí se vio que nuestros triunfitos tienen más tablas (normalmente los eligen provenientes de orquestas de pueblo) porque nuestro amigo Mario –que así se llamaba el émulo de La Voz- acertó a contestar con monosílabos a las preguntas de la sagaz Arabella que, a la tercera, le dejó por imposible.
Tras el bueno de Mario se subió al escenario una chica que siempre canta en inglés porque en alemán sus compatriotas mismos dicen que no hay un dios que la entienda –de hecho, la escena lacrimógena de la semana fue la de la niña enfrentada a una terapeuta que la miraba como si fuera subnormal-; la chica, gordita, desvalida –una Rosa de España sin arranque rumbero, como si dijéramos- cantó a capella “Over the rainbow”. Esa canción con la que, a poco que se tengas algo de voz, es imposible quedar mal. Se hizo el silencio en el plató y la chica cantó el viejo éxito de Harold Arlen con unas florituras estándar de Whitney Houston que se hubiera equivocado de país y de concurso. Las personas del plató –en su mayoría adolescentes que no tienen ni idea de quién era Judy Garland- se quedaron boquiabiertas y, tras un largo silencio, recompensaron la interpretación, puestos en pie, con una salva de aplausos. Todo orquestado cuidadosamente por un regidor (o un equipo de regidores) que saben perfectamente con la materia con la que están trabajando: aquella de la que están hechos unos sueños de adolescente monosilábico.
Aún siendo firme partidario de la supresión de la pena de muerte, sostengo que a los estilistas de starmania habría que lapidarlos apedreándoles hasta su fallecimiento con polveras de Max Factor. Qué atuendos, gensanta, qué maquillajes. No quisiera dejarme en el tintero la cara de vampiro de uno de los concursantes -eliminado, por cierto, esta semana, sospecho que por bobo- una cara blanca como el papel, unas cejas teñidas de castaño, un corte como el del señor Spock. En resumen: los atuendos que les ponían a nuestros amigos en OT in illo tempore son obras maestras de la sastrería. O sea: mando a distancia, para qué te quiero.
Quiero terminar diciendo que estoy muy orgulloso de mí mismo: estoy leyendo mi primer libro en alemán. O sea, el primer libro de verdad: y no “doña oca plumapoca hace nido entre las rocas”.
Por que yo lo valgo.
Hale. Digo. Arsa.
Fotos: Capturas de Starmania fuente: web oficial de Aon-Starmania
Quiero terminar diciendo que estoy muy orgulloso de mí mismo: estoy leyendo mi primer libro en alemán. O sea, el primer libro de verdad: y no “doña oca plumapoca hace nido entre las rocas”.
Por que yo lo valgo.
Hale. Digo. Arsa.
Fotos: Capturas de Starmania fuente: web oficial de Aon-Starmania

1 comentario:
xD Es cierto; no sé qué les pasa a los maquilladores de la ORF pero la verdad es que, a veces, hacen auténticas desgracias a la gente. Por cierto: que el Starmania austríaco tiene momentos sublimes, casi mejores que los del OT español. Todavía recuerdo los castings... había un hombre que desgració la canción de "La donne e movileeeeee", pero qué bien me lo pasé viéndolo. Oye, aprovecho para decirte que me encanta tu blog. Te seguiré leyendo.
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