matanza de la cerda en Benafigos (fuente:www.pibenafigos.com/matansa-cs.php)
Allegro bárbaro

11 de Abril.- Tengo la quijada dolorida, queridas y queridos lectores, debido al venga y ven que se traen los medios de comunicación españoles a propósito de la terrible “garrapata centroeuropea”. Es que do puedo pas, de verdad. Quién nos iba a decir que los futbolistas, esos seres, nos iban a salir tan pusilánimes. La noticia, en sí, tiene pinta de ser esas tonterías de relleno con las que a veces se contentan las rotativas anoréxicas. No para de salir en los periódicos gente con bata blanca, como doctor de Teletienda anunciando Age Breiker, explicando que, para defenderse de la terrible garrapata centroeuropea hay que evitar los lugares con hierba alta, llevar calzado cerrado, pantalón largo, tener bien encajado el yelmo de la armadura, y dejarse vacunar en “un centro de vacunación internacional” . A mí, que me vacunó mi amigo W. , que es enfermero raso, el el salón de su casa, tan cómodamente.
Vamos, que está bien tomar precauciones, pero ni calvo ni tres pelucas, jolinetes. Qué aprensión.
(Y esto lo dice un aprensivo convicto y confeso, que quede claro).
Si bien se mira, esta historia de la garrapata da una idea de la desertización del territorio nacional. Y es que los españoles hemos perdido la relación con el mundo verde. Nos hemos convertido en pisadores insistentes de hormigón, secarral y monte bajo. En paseantes de Carrefoures de horario liberalizado.
Para ilustrar esto, yo les explico a los incrédulos aborígenes que, cuando yo era chico, a mí me solían leer el cuento de “Hansel y Gretel” (ellos lo pronuncian Hans´l und Gret´l) o lo que es lo mismo: Juanito y Gretita.
Yo pasaba por lo de la casita de chocolate, pasaba por lo de la bruja (a la que me imaginaba en la carne mortal de una vecina cuya identidad mantendré en el economato), pasaba por el hueso de pollo que Hansel le daba a la vieja para hacerle creer que era su dedo (o sea, pasaba por que la vieja se tragara el embuste). Pasaba por todo, menos por que Hansel y Gretel se perdieran en el bosque. Porque para mí, un chaval madrileño de extrarradio, un bosque, señoras y señores, tenía cuarenta pinos ordenados en filas paralelas de a ocho (aquí los aborígenes se dan palmadas en los muslos de la risa). O sea, que si Hansel y Gretel se perdían ahí, todo lo que les pasase después se lo tenían merecido por meapilas. Ahora bien, cuando a mí me llevaron al Wienerwald por primera vez encontré yo explicación a este mito centroeuropeo del bosque tenebroso que se va cerrando detrás de uno. Sólo de pensar que me pudieran abandonar allí mis padres con un saquito de migas de pan como único equipaje, ya me ponía a mí los pelos como escarpias.
También sucede que, a diferencia de los austriacos, por ejemplo, las nuevas generaciones tenemos un conocimiento muy abstracto a propósito de la procedencia de la comida. De toda la violencia y suciedad que implica un filete, por ejemplo. Sea del animal que sea.
Otro cuento autobiográfico: yo soy una persona que lloro facilmente (a veces pienso que demasiado facilmente). Un telediario suficientemente cargadito (más si es español, porque se ven todas las vísceras) me hace tirar de clínex. Mi hermano, en cambio, es una persona que encara la vida de manera bastante más valiente.
Pues bien: mi cuñada, de la que he hablado aquí alguna vez, es de pueblo. De un pueblo castellano en el que se sigue celebrando la fiesta bárbara de la matanza como en tiempos de Atila, rey de los hunos (y de los hotros). Recuerdo como si fuera hoy que mi hermano, después de presenciar su primera muerte porcina, llegó a Madrid trastornadito perdido. No cesaba de decir:
-El pobre animal –al cochino, se refería, también conocido como puerco o guarro , mi amigo O. lo llama chancho o chanchito, porque es de Perú- era como escuchar llorar a un niño.
Vamos, que el pobre no lo pudo soportar y se tuvo que marchar.
Lo mismo me cuenta mi amigo T., gran aficionado a la tauromaquia, que explica con pelos y señales la eficaz labor de desmontaje -despiece-de la res muerta por parte de los matarifes en la Plaza de Las Ventas. Un espectáculo con el que no todo el mundo puede.
Por cierto, cuando T. me lo contó, me llamó la atención un detalle. Mencionó el olor. El olor de la carne cruda que aún está en los filetes de pollo del Carrefour, reposando en su bondadosa bandeja de corcho blanco, o en las jugosas chuletas de ternera. Y que debe de ser el olor de la sangre.
Un aroma al que la temible garrapata centroeuropea no se puede resistir.
(Juas, juas, juas).

9 comentarios:

Antonio dijo...

Hey, sin ofender, que Benafigos está aquí al lado y la familia de mi mujer tiene tierras por allí (quizá el propio cerdo de la imagen -el que está de pie- sea familia mía).

Paco Bernal dijo...

YO no he dicho nada de Benafigos, y me libre Dios de hacerlo. Yo busqué en el google y di con esta foto tan ilustrativa, que, como decía Lope "sigue tanto el conceto que sigo"; y de ese marco incomparable de la geografía valenciana sólo sé que tienen una peña independiente que mata un cochinete (conchineta en este caso).
Por cierto
¿Cómo se dice en Valenciano?
Un abrazo,
P.

m. dijo...

Mira, con esto sí que no puedo. En este país somos unos mi***as y nos mereceríamos la expulsión de la Unión Europea por el maltrato de animales. La fiesta nacional debería llamarse "vergüenza nacional". Que no me vengan con que el toro está hecho para torear, que el toreo es un arte y que es precioso ver al ser humano valiente enfrentado con el animal. Una porra. Que salga el torero a pelo igual que el toro y se enfrente a él con lo que la naturaleza le ha dado. Estoy hasta las narices de que torturar a un animal en público para deleite del público asistente sea considerado cultura. Y lo mismo para las fiestas de pueblos, ciudades y demás en las que se tortura a animales. Y que no me vengan con "es tradición". Leñe: también lo era quemar humanos como espectáculo y no por eso lo hemos mantenido. Si quieren hacer esas fiestas, que pongan al alcalde o a algún vecino en el lugar del animal. Hombre ya, que me caliento y no me enfrío. Y lo mismo con los mataderos que están denunciando últimamente que parecen salas de tortura. Los animales sienten como nosotros. Y con todo lo que hemos avanzado tecnológicamente, no me creo que no haya sistemas para matar animales PARA EL COSUMO HUMANO de una forma indolora. Y lo mismo con la matanza de focas de Canadá. A Romeo LeBlanc se le tendría que caer la cara de vergüenza. Primero por permitirlo y segundo por autorizar este año miles de ejemplares más. ¿Soy hipócrita? Seguramente. Pero estoy hasta el infinito y más allá.
Besos.
m.

PS: Y tener una mascota no es un derecho, es un PRIVILEGIO.

Antonio dijo...

No tengo mucha idea de estas tradiciones porque soy foráneo. Al cerdo lo llaman 'porc' y en esa zona del Maestrazgo es muy celebrada la fiesta de San Antonio Abad, Sant Antoni del porquet, en enero, en la que se hacen hogueras y sebendicen los animales. De nada les sirve a los cerdos la bendición, como puedes comprobar (a no ser que afecte a su bendito sabor...)

Paco Bernal dijo...

Hola otra vez:
a m.: a mí no me gusta la tauromaquia, pero tampoco se puede negar que tiene un valor cultural muy importante. Por ejemplo en la obra de Picasso, por no hablar de las montañas de literatura (de irregular calidad) que ha generado. En cuanto a tus protestas por la muerte cruel de los animales, las comparto completamente. Yo no soy capaz de ser vegetariano, aunque en Austria hay mucha gente que lo es completamente.
a Antonio: a los gorrinos igual les sirve la bendición para entrar libres de culpa en el otro mundo, a los pobres jaja. Yo estuve también en Valencia hace unos años, tengo amigos allí, y casualmente, el patrón del pueblo en el que estuve es San Antonio Abad.
Un abrazo,
P.

m. dijo...

Si digo que 2+2 son 4, ¿también habrá un argumento para replicar eso? Ni valor cultural ni milongas. También se han escrito muchos libros, tratados y se han hecho ponencias sobre los asesinos en serie y no por ello los consideramos "patrimonio cultural". Que no, que no y que no.

Parisina de bote dijo...

¡La matanza del gocho!Qué recuerdos de mi tierra...

zen dijo...

Los animales que no pertenecen a nuestra especie son individuos que también tienen la capacidad de sufrir y el interés de disfrutar de su vida. Esta capacidad es la única característica relevante para que un individuo sea considerado moralmente y respetado dado que indica que se puede ver afectado por nuestros actos. No existe ningún argumento mínimamente coherente que pueda establecer que sus intereses deban ser infravalorados por nuestra especie homo sapiens. El criterio de especie (especismo) es un criterio arbitrario, y por lo tanto injusto, así como lo es el criterio de raza, sexo, inteligencia o nacionalidad.

http://respuestasveganas.blogspot.com/

Parisina dijo...

Mira que yo estoy en contra de los toros y respeto las creencias de cada uno, pero me repatean un poco estos veganos que intentan conminarnos a que dejemos de comer carne o cambiemos nuestra dieta...Si ustedes no comen animales me parece muy bien, señores, pero a mí los vegetales me deprimen y paso de morirme de hambre, así que no sean tan pesaditos.