Una de las últimas fotos de Chris McCandless antes de su trágico final
La alternativa McCandless

11 de Junio.- Querida sobrina: durante mi estancia en España me regalaron un libro que empecé con cierta prevención. Se trata de “Hacia rutas salvajes” de un tal John Krakauer, periodista americano especializado en alpinismo. Es un libro que, a pesar de estar escrito en un estilo algo impersonal y tosco –Krakauer no da para más, el muchacho- resulta inquietante porque pone delante de tus ojos la existencia de una clase de personas con la que seguramente te topes alguna vez a lo largo de tu vida.
El libro, que es una historia real, trata de la vida de cierto Christopher McCandless, hijo de una familia americana de clase acomodada que, a finales de los noventa, decidió abandonarlo todo y, bajo pretexto de encontrarse a sí mismo y unirse a la naturaleza, se internó en los bosques de Alaska sin los medios mínimos y, tras pasar meses con la misma dieta de San Juan Bautista (o sea, alimentándose de langostas y miel silvestre) murió de inanición, siendo encontrado, meses más tarde, por unos cazadores.
(Lo cual, si bien se mira, deja bastante mal parado a San Juan Bautista quien, entre langosta y langosta, quizá tuvo que comer alguna cosa de más sustancia: pero eso es otra historia).
Cada uno ve en los libros lo que Dios le da a entender y yo vi en este, aparte de las imágenes de otros McCandless que he conocido, la metáfora de una civilización, como es la nuestra, que goza, teóricamente, de todo el bienestar material pero que no sabe resolver cuestiones que, para tu bisabuela María, con todas sus carencias, eran de manual.
El hombre (y la mujer) modernos se encuentran ante un caos total en el que, no es que se haya producido una inversión de valores sino en el que, con ellos, sucede lo mismo que con todo: tenemos cientos, diferentes, equivalentes, atractivos,contradictorios, delante de nuestros ojos y, como en un supermercado, podemos elegir (o no).
La gente,sobrina, ha perdido el sentido de su lugar en el mundo y por lo tanto, ha perdido el sentido de sus vidas. Vivimos inmersos en un nivel de ruido que no nos deja pensar, convencidos de que el universo artificial que hemos creado es un lugar perpetuamente satisfactorio y controlable, que nunca nos traicionará. Pero siempre sucede lo imprevisto: la realidad nos explota en la cara y entonces, todas las preguntas, como en un turbión, afloran a la superficie.
La que llamaré Alternativa McCandless es una de las maneras de reaccionar ante esas invasiones repentinas de la realidad: de hecho, a juzgar por mi propia experiencia, los McCandless son un tipo relativamente corriente: hombres que gozan de una inteligencia bastante superior a la media, de una sensibilidad muy acusada, una cierta sobredosis libresca y una tendencia al idealismo suicida que les lleva, por ejemplo, a emprender viajes a países asiáticos con cantidades irrisorias de dinero en el bolsillo; o a conocer Islandia haciendo autoestop, sobreviviendo en albergues para indigentes o aprovechándose de los recovecos del mal llamado Estado de Bienestar para no morir de hambre. Ahora que lo pienso, el denominador común de este tipo de personas es su búsqueda de las privaciones materiales como una manera de encontrar unas respuestas que se encuentran igual con el estómago lleno si uno mira un poco alrededor.
Como siempre, yo te ofreceré la mía: querida sobrina: para vivir en paz contigo misma, para ser feliz, una de las cosas que tendrás que aprender es a decir que no: no dejarte imponer las cosas que no te gusten. Sin alharacas, sin grandes representaciones. Basta dar un paso atrás y dejar pasar la oportunidad hasta el receptor siguiente. Muchos intentarán convencerte, diciendo que, pasar por determinadas cosas (jornadas de trabajo interminables, puestos de relumbrón) serán la garantía de tu éxito. Fíjate bien en las palabras, sobrina, y no te dejes engañar: éxito no quiere decir felicidad en este contexto.
Con esta sencilla regla, no necesitarás acometer grandes heroicidades y, por supuesto, esquivarás uno de los aspectos más incómodos de la llamada personalidad McCandless: su afán adoctrinador que les hace ser un coñazo insoportable.
Un beso de tu tío

6 comentarios:

m. dijo...

Ajá. Sí. Fenomenal. Fantástico. Precioso. Deberían contratarte en algún partido político para que les hicieras los discursos (porque claro: tú tienes más actividad neuronal que ellos). Vamos... ya está tardando el gabinete de comunicación de Zapatero en contratarte. ¿Que quién es Zapatero? Bueno... el presidente (en segunda legislatura ya) de España. Sí, hombre... España. ¿No te suena? Sí, sí. Ah, no... es que eres austriaco y a ti la política internacional no te gusta, ¿no? Vale, entonces nada... Pero sí, sí. Muy bonito el discurso. El idoma en el que está escrito... muy exótico. Venga, que tus fans de esperan y los tienes que tratar bien.

Playa de China dijo...

la m. es de "miembra"???

m. dijo...

Lo más original, creativo e ingenioso que he visto en años. Tú sí que vales.

Valerio Flato dijo...

¿"Panem et circe"?

Paco Bernal dijo...

A ver, orden. Orden en la sala.
En primer lugar, gracias por vuestros comentarios, aunque os hayan salido un poquito picajosos.
a m. desgraciadamente, creo que la bajísima actividad neuronal de los políticos españoles es innegable (así le va al país). Y conste que no lo digo para alabanza de un bando y desdoro del otro. Los políticos españoles son unos indocumentados (vamos, es que no hay más que oirles, y no quiero hacer más sangre con la "miembra", porque tampoco es plan de reirse más de la pobre muchacha); en cuanto a las decisiones del presidente del gobierno español, tienes toda la razón: desde que vivo aquí, me afectan menos.
A Playa de China: me remito a lo anterior: haya paz.
A Valerio Flato: joé, aquí, ni perdonamos ni olvidamos. Venga hombre, pelillos a la mar, y mens sana in corpore insepulto.
Abrazos y besos

Arantza dijo...

Hola, Paco;
he descubierto tu blog por medio del de Noema, y con esta entrada me has quitado las palabras de la boca (o del cerebro, porque acabo de ver la peli de Sean Penn basada sobre el libro del que hablas, y me ha provocado las mismas reflexiones... me aprestaba a escribirlas en mi blog, pero me has ahorrado el trabajo). Creo que debo de ser tu alter ego femenino al otro lado del charco. Pásate a hacerme una visita:
http://micocinaenmontreal.blogspot.com/
Aunque te lo advierto, léeme con el estómago lleno, porque en mi blog se habla mucho de zampar.
Un saludo, y seguiré leyéndote.