Una cultura adolescente

25 de Agosto.- Vuelvo a Viena después de haber pasado el fin de semana en España. Cada vez más, mi país está asociado al capítulo “vacaciones” y, por lo mismo, procuro protegerme de ese pensamiento tan peligroso para la estabilidad mental de un emigrante, que tiende a asimilar la poesía del tiempo libre con la realidad del país que visita.
Resulta, sin embargo, muy agradable sentir que te echan de menos, y poder hablar sin tener que hacer el esfuerzo contínuo de traducir. Poder utilizar tu idioma con la precisión que implica hacer chistes; un placer poder compartir con otra gente, en vivo y en directo, las mismas referencias culturales. Tonterías como hablar de Cachuli y de la Pantoja, y no tener que explicar que él es un exalcalde de Marbella con cierta propensión a que los billetes de quinientos se le queden pegados a la punta de los dedos, y ella la autora de una receta para hacer el pollo que goza de reputación nacional. Y reirse. Lo que más echo de menos en Viena es reirme hasta llorar de risa. De hecho, mis horas en España han consistido básicamente en reencontrar con mi familia esa rutina.
Porque los austriacos no se ríen como nosotros.
He estado a punto de escribir que no saben reirse, pero seguramente no es así, y yo escribo llevado por mi pundonor patriótico.
El humor es la función más compleja (y menos exportable) del cerebro humano.
Sin embargo, y a pesar de todas estas cosas que inclinan mi ánimo a idealizar España y a sus habitantes, el deber me impulsa a tener presente que el país que dejo no pasa por su mejor momento y que, aparte de estas cosas que hacen la vida más dulce, España aprieta los dientes para entrar en una crisis cuyas consecuencias seguirá sufriendo mi sobrina cuando sea una adulta. Resulta pavoroso el grado de desertización cultural que arrasa los caletres de mis compatriotas.
El embrutecimiento se ceba sobre todo en los más jóvenes, para quienes la vida es un politono (o sonitono) y una fría noche de viernes llena de ruidos tecnológicos y luces progresivas.
Un sistema educativo hundido en las cloacas y unos medios de comunicación de masas cuyos mensajes, cada vez más, parecen dirigidos a primates, han convertido a los jóvenes españoles de menos de veinticinco años en unidades de gasto; en seres sin futuro que ya no son ni los bárbaros especializados que temió Ortega (otro gallo nos cantara si, por lo menos, estuvieran especializados en algo) sino en simples émulos de Atila.
Por donde pasan sus Seat León rojos no vuelve a crecer la hierba.
España es una sociedad que venera a los adolescentes en la medida de que son los únicos que no parecen haberse enterado de que la fiesta del consumo, que ha sostenido nuestra economía desde que Aznar ganó la Batalla del Euro, se ha terminado. Y si la superficie está pintada aún con los colores chillones de un plató de televisión, ya se ven los primeros indicios de que el sueño pop empieza a resquebrajarse. Embargos, letras renegociadas, “vámonos de vacaciones que en septiembre ya veremos”. Como si septiembre no fuera a llegar nunca.
Pero septiembre siempre llega.
La economía española ha entrado en barrena y se nota por la calle en la ropa de trapillo, en la bollería industrial, en el griterío de los vendedores de móviles, en las agencias inmobiliarias que echan el cierre o se reconvierten.

(Pero aún así, cómo se echa de menos la dulzura de las facciones, la sensualidad y la simpatía de las miradas, la espontaneidad de las dependientas llamando “bonita” y “reina” a las clientas. Esa facilidad de todas las cosas. La engañosa sencillez del terreno conocido: lo que nos impide afrontar las cosas que, en realidad, nos hacen crecer).

10 comentarios:

Anónimo dijo...

"Lo que más echo de menos en Viena es reirme hasta llorar de risa".
IDEM...
Inma

Te de llimona dijo...

Hola!

El verano pasado conocí a unos austríacos en mi viaje a China. La verdad es que me sorprendieron gratamente por su sentido del humor... Creo que no se trata que ellos no se rían como nosotros, sinó que, como tú has dicho, el sentido del humor es algo muy particular, que conlleva conocimientos culturales compartidos y una determinada mentalidad y carácter...
Sobre lo que comentas acerca de la adolescencia, totalmente de acuerdo contigo. Me he reído con lo del Seat León cuya senda no deja que crezca la hierba... Pienso que, en resumen, la clave está en: la educación. Ésta entendida en su concepto más amplio: padres, escuela, entorno... El patio está muy mal. Y hablo desde la experiencia de haber sido profe en secundaria y haber huído por patas...

myriam dijo...

Paco ya sabes que me encanta cómo escribes y encima tienes más razón que un santo! Es nuestra escalofriante realidad, una de las cosas que más rabia me da es poner la tele,recuerdo en mis tiempos -no hace tanto, tengo 25 años- la cantidad de programas interesantes y de aprender mucho que hacían, ahora sólo intentan alienarnos como a gilipichis porque la gente cuanto más inculta y desinformada más manejable es, y la primera yo que conste.

Arantza dijo...

Umh, Paco, creo que uno necesita mucho tiempo viviendo fuera de su país y cultura natales para darse cuenta de que todos los pueblos tienen sentido del humor. Pero quizá lo que difiera son las cosas que hacen reír. Yo tengo la ventaja de vivir con alguien de mi país de adopción, y con mucha ayuda de su parte, creo que he aprendido más rápido a conocer este pueblo que otra gente que emigra sola. La primera vez que me sentí "nativa" de Quebec fue, efectivamente, viendo a un humorista por la tele. Cuando empecé a reírme de lo que contaba me di cuenta de que la "reconversión cultural" ya estaba en camino. En cuanto a los sentimientos por la piel de toro, ahí te mando una reflexión:
http://micocinaenmontreal.blogspot.com/2008/03/en-lo-bueno-y-en-lo-malo.html
Un saludo.

Marona dijo...

Una de las cosas que más me sorprenden cuando voy al cine es que la gente se ríe en momentos que yo no veo la gracia y viceversa.
Y, la verdad, cuando vuelvo no veo las cosas tan mal como las pintas... quizá porque aquí sí que tengo contacto con adolescentes (que sueltan cada perla por su boca...) y en cambio en España ya no ;)...
Besotes.

Paco Bernal dijo...

Hola!
Gracias mil por vuestros comentarios.
A Inma: espero que, de vez en cuando, leer este blog, te haga reir ;-)
a Té de Llimona:yo también he sido profe y hay que echarle hilo a la cometa de lo que hay por ahí, aunque, por suerte, entre los bárbaros, también hay gente maja. Supongo que los que tengan que salir a flote, saldrán. Pero ni el contexto legal ayuda (eso de que los chavales puedan pasar con un cerro de suspensos es una atrocidad) ni los valores que imperan en la sociedad. Esperemos que el guantazo de la crisis haga que la gente despierte.
a Myriam: yo creo que el problema no es tanto la falta de información como la sobreinformación. El ruido imperante. De hecho, nunca ha habido más fuentes para informarse que ahora. En cuanto a la tele, yo creo que lo que se intenta es que la gente contrate teles de pago y por eso la que es gratis es tan ñorda. Si no, pues a leer libros, a mirar blogs...En fin. Que hay esperanzas.
A Arantza: esto que dices es verdad, y además, me hace pensar en lo admirables que son las series americanas tipo Friends y por ahí. Han conseguido que todos nos riamos de lo mismo. Los austriacos se ríen del desorden, de lo vergonzoso, en tanto que nosotros nos reimos de otra forma. Somos más de finta verbal. Yo empiezo también a reirme con algunso humoristas aborígenes. Tienen su gracia y eso :-)
A Mar: yo pasé por la insólita experiencia de ver Volver en el cine en alemán y la verdad es que la gente se reía en unos momentos superestrambóticos. De todas maneras, es probable que mi pintura de España esté un poco deformada porque he vivido "en primera persona" las fiestas de mi pueblo, y la verdad, estamos como cuando echábamos a los forasteros al pilón. Pero, seguro, hay gente maja.
Saludetes,
P.

Noema dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada, muy comedida y buenas reflexiones, sí señor.
Recuerdo una situación hace tiempo, aquí, en Alemania, en la que acabé riéndome hasta llorar de esa forma que describes. Estaba con amigos y no hacíamos más que hablar de chorradas. Y en ese momento pensé que si hubiera estado algún amigo de España, yo no hubiera sido capaz de explicar o traducir "el chiste", exactamente por eso, por la cantidad de "carga cultural" que llevaba. Entonces me di cuenta de que el largo y duro proceso de aprendizaje empezaba a dar sus frutos. Creo simplemente que se necesita tiempo, mucho tiempo. Llevo 13 años aquí y, después de vivir las dos situaciones, como dice Arantza, he visto como la convivencia con alguien nativo (que no es ni mejor ni peor) acelera bastante el proceso.
También he tenido la sensación de Marona de reír a destiempo en el cine, y me viene una anécdota curiosa que podría explicar eso: fui a ver aquí al cine la película Princesas. La película era VO subtitulada en castellano y en una escena en la que las dos protagonistas hablan de cómo cada cual pone calientes a los hombres para que acaben antes, una comenta que les pone películas pornográficas con, entre otras cosas, "corridas". La traducción al alemán era "Stierkämpfe" (para los que no hablen alemán, "corridas de toros"), todo el cine se rió, yo no, sólo pensé que les debía hacer gracia que los españoles se pusieran viendo los toros, confirmaron el estereotipo, supongo.

Noema dijo...

Corrijo, película VO subtitulada en alemán, se entiende :-D

m. dijo...

Gracias por la parte que me toca. Ahí, metiendo a todo el mundo en el mismo saco, con un par. Sí señor.

Paco Bernal dijo...

Hola!
Gracias por vuestros comentarios otra vez.
A Noema: mi experiencia más surrealista en ese sentido ha sido ver las pelis de Almodóvar (lo que llega aquí) dobladas al alemán. Chus Lampreave no es Chus, y la mitad de las cosas se pierden. Cuando Blanca Portillo dice:
-Mira, las joyas de plástico de mi madre. Un plástico buenísimo.
Ellos lo tradujeron por:
"Es ist echtes plastik"
(La sutileza del diálogo se perdía totalmente, porque el personaje se quedaba descolgado de toda la carga social de ser "de la clase de gente que dice un plástico buenísimo", no sé si me explico).
a m.: como dijo aquel "que siempre sigan ondeando las banderas del descontento". Para sostener mi opinión, me remito a los resultados del último informe PISA, a las tasas de abandono escolar (pavorosas) que tenemos en España. Claro que hay gente que no es así. También en la Prehistoria hubo un listo que inventó la rueda. Pero eso no significa que todos fueran así.
Saludetes