La aceituna de la vergüenza y otras extrañas costumbres austriacas


Con todo el afecto para F., L. y N. sin los cuales, muchos días, no habría Viena Directo

5 de Noviembre.- La asamblea nobiliaria que se reúne los jueves tiene un viejo proyecto: una guía de Austria en la que se advierta a los incautos del peligro que supone para cualquier desprevenido tomar contacto con la población local sin tomar las precauciones necesarias.

Peligros que nosotros, quizá por el amor que le tenemos al país que nos acoge, conocemos más que nadie. Ayer, por ejemplo, mis amigos el Archiduque de Döbling, el Palatino de Penzing y el Duque de Alterlaa –no necesariamente por ese orden- sacaron a colación una serie de extrañas costumbres austriacas, pequeñeces si se quiere pero que, a nuestro juicio, describen la psicología de un país.


Por ejemplo:

-Desde pequeños los austriacos aprenden a NO DEJAR NADA EN EL PLATO. Y cuando lo escribo con mayúsculas y lo pongo en negrita, comprenderán mis lectores que es porque este superpoder que tienen los ciudadanos aborígenes es algo tan inmutable como que la Pommering anuncia el año nuevo cada treinta y uno de diciembre.

Todos por separado habíamos observado esta capacidad que tienen las gentes de este país de ingerir hasta el último mililitro de salsa o de apurar puntillosamente cada granito de arroz. Si no lo haces, la suegra te pone mala cara, el camarero te pregunta preocupado si es que no te ha gustado la comida, y así sucesivamente. 

-En Austria, por lo tanto, NO EXISTE LA ACEITUNA DE LA VERGÜENZA. Ni la patata frita de la vergüenza, ni nada.

Esta situación la habrán vivido mis lectores seguramente. Imaginen: Interior. Día. Jacarandosa reunión de celtíberos en un bar. Camarero que trae un platillo en el que nadan las aceitunas justas para que haya un número igual al de circunstantes más uno. Celtíberos que se tiran en plancha a por las aceitunas (¿Alguien se ha preguntado por qué siempre las aceitunas de bar saben mejor? Uno de esos misterios que la revista Nature debería desvelar un día). Total: que queda una sola. Miraditas disimuladas (¿La cojo? ¿No la cojo? En bares caros ¿La pincho? ¿No la pincho?) Si hay una chica delante, la dama tiene preferencia. Si no, todos en tablas. Aunque estén muertos de hambre. Hasta que, pasado un rato, aprovechando un momento de distracción llega alguien y ¡Zaca! Se hace con el botín.

En Austria esta situación no se da. La regla dice que, ante la presencia de la última aceituna, mariquita el último.

-En Austria, los aborígenes INTERPRETAN SIEMPRE UN NO COMO UN NO, y pasan al asunto siguiente sin darle más vueltas a la cabeza. Explicaré esto con una anécdota que contó su excelencia el archiduque y que mis lectores entenderán perfectamente. Érase una vez dos españoles que hicieron un viaje de más de un día de duración desde Lyon, en Francia, hasta un punto del norte de Alemania, para visitar a la novia de uno de ellos. Eran estudiantes, eran pobres y, en el camino, apenas picotearon cuatro tonterías. Resultado: al llegar a Alemania, se hubieran comido al padre de cualquiera de los dos salpimentado y con una manzana en la boca. Pero hete aquí que llegan a la residencia de la suegra y ella, pregunta:

-Qué ¿Os apetece algo para comer?

Los españoles se miraron y, entre la pura necesidad fisiológica y la educación recibida de pequeños , se decantaron por la segunda. Modositos, sonriendo, movieron las manos y dijeron:

-No, no, gracias.

A la espera de que la suegra alemana perteneciera a la Organización Internacional Maternal de la que forman parte todas las madres españolas e insistiera, al objeto de que ellos, al tercer ofrecimiento, fueran ya libres de aceptar la oferta. Pero hete aquí que la alemana, en vez de eso, dijo:

-Ah, vale.

Se dio la vuelta y se fue. Y nuestros amigos se quedaron con dos palmos.

Después de contar esta historia, se nos hizo más patente que nunca la necesidad de escribir la guía.


5 comentarios:

Sabinaiku dijo...

Jajajaja me hiciste reír mucho!!
Tienes toda la razón - los austriacos somos así :-)

Si queremos decir "no" lo decimos. Me pongo bastante enfadada si digo "no" y el otro insiste demasiado. Entonces puede ser que grito: "He dicho NO! No lo has oído????"

Somos muy directos ... la vida es más fácil si cada uno dice lo que quiere de verdad y no hace rompecabezas ... por lo menos para nosotros ;-)

Besos, Sabine

María dijo...

Pues a mí me encanta que sean tan claros. O sí o no.
¡Me voy a hacer austríaca!

emejota dijo...

Vaya debo ser austríaca y yo sin saberlo, claro que me eduqué en un colegio inglés, ¿importará algo? Un abrazo.

Arantza dijo...

En el tema de la asertividad, los canadienses son iguales, Don Paco. Y, oh, cuán fácil es la vida con gente que dice lo que realmente quiere decir. Y no sólo para ejercer de anfitriona, para las mujeres solteras es infinitamente más evolucionado. Yo aún recuerdo "perlas" de mis tiempos de soltera, como el mítico: "Nena, tú dices que no, pero tus ojos dicen que sí." Jrrumpf.

Landahlauts dijo...

Tanta sinceridad... no sé si podría vivir así...

;)

Saludos.