El placer más exquisito de 2011

El actor estadounidense Juan Jamón, digoooo John Hamm. Uno de los protagonistas de la serie Mad Men.

31 de Diciembre.- Ya llevo cinco episodios de la segunda temporada de Mad Men y, aunque debo decir que los dos primeros pierden un poco de gas con relación al final de la primera temporada, a partir del tercero, la cosa vuelve a su velocidad de crucero habitual y, ver la serie resulta un placer tan genuino como exquisito. Como leer un buen libro.


Dije aquí que Mad Men me gusta porque trata problemas de seres humanos adultos. Es más: sus personajes son seres humanos adultos. Pero hoy, para terminar el año hablando de algo bueno, me gustaría comentar otra serie de virtudes que se refieren más al “cómo se cuenta” que a lo que se cuenta. O, lo que es lo mismo, por qué los guiones de Mad Men son tan buenos:

-La principal virtud de los guiones de Mad Men es que quienes escriben los episodios dominan como nadie el arte de dosificar la información. Esto se manifesta, por ejemplo, en que todo está tan medido, que nunca se nos cuenta nada que no debamos saber y siempre a su debido tiempo. O sea, que siempre se da un dato cuando el espectador ya está en situación de recibirlo o cuando se puede sacar de él el máximo partido desde el punto de vista de la narración. Por ejemplo: al principio de uno de los episodios, vemos a toda la plantilla de la agencia Sterling Cooper arremolinada alrededor de un transistor. Un personaje se acerca y pregunta qué sucede. Le informan de que un avión con cien pasajeros a bordo se ha estrellado en Florida –hay que tener en cuenta que, en los sesenta, la aviación civil estaba en sus principios y que los accidentes aéreos eran mucho menos corrientes que hoy en día- se hace un silencio y, quizá como táctica de defensa, los personajes empiezan a hacer unas bromas parecidas a las que motivó la inesperada demolición del World Trade Center. Uno de los personajes destaca por la calidad de los chistes. Se disuelve la reunión. El personaje más chistoso recibe una llamada telefónica: su padre ha muerto en el avión. Nuestro vacío en el estómago es paralelo al vacío en el estómago que siente el personaje.

-Speaking of which: los guionistas de Mad Men consiguen la ilusión de realidad para sus personajes haciéndoles evolucionar y creando tramas para ellos que, a veces, duran una temporada entera (13 episodios). Son arcos finamente dibujados, a veces con pequeñas pinceladas que potencia la fuerza de todo el conjunto. Como escritor aficionado, provoca una gran satisfacción volver a revisar el capítulo uno de la primera temporada y darse cuenta de que los guionistas echan a rodar las bolas que nos van a crear un nudo en el estómago en el episodio número trece.  Y eso mola.

-Los personajes no son de una pieza: o, lo que es lo mismo: en Mad Men no hay buenos ni malos. Como en la vida. Incluso de los personajes a los que uno podría tomar aversión porque, por ejemplo, quieren hacerle la puñeta a Don Draper –por cierto, el amigo que todos querríamos tener para irnos de güiskis- uno termina sabiendo cosas que los hacen humanos a nuestros ojos y, por lo tanto, comprensibles.

-Se puede ver toda la serie como un primoroso (a veces oscuro) cuento moral. Los personajes de Mad Men se debaten, como todos nosotros, entre las normas morales que el grupo impone por su propia presencia –y que todos llevamos tan interiorizadas que apenas nos damos cuenta de su existencia- y los impulsos individuales o los anhelos egoístas –pido al lector que, aquí, despoje al adjetivo “egoísta” de cualquier connotación negativa”-.

-Y por último (por hoy): las últimas escenas de cada capítulo están siempre muy trabajadas para que, cuando aparezcan los títulos de crédito finales uno no tenga más remedio que hacer como cuando era pequeño y le contaban un cuento. Preguntar: ¿Y luego, qué pasa? o decir avariciosamente ¡Quiero más, quiero más!. Ejemplo: el héroe de la historia llega de trabajar. Familia americana modelo. Esposa rubísima,niños encantadores, cocina imaginada por un ilustrador de Haarper´s Bazaar. El padre se sienta frente a la cena. Prueba la comida. Ve que está sosa. Busca la sal. La mujer, sonriendo, le dice:
-No te preocupes, te acostumbrarás.
La niña pregunta:
-¿Por qué papal no puede tomar sal?
Y entonces la madre, con un tono especialísimo dice:
-Porque le queremos.
Se hace un silencio de diez segundos (diez segundos es una eternidad en televisión) la cámara se aleja hasta que vemos el grupo familiar completo y, sobre el silencio, funden a negro a los títulos de crédito. Y ya sabemos que, para todas las personas implicadas, la familia es una prisión.

Feliz año 2011.


4 comentarios:

Landahlauts dijo...

Feliz 2011!!!

lolibel dijo...

Feliz 2011 y que guapo es el tio este,está jamón ,yo como no como carne diría que esta como mi leche de soja con nesquick,bueníiiiiiisimo.

Sex Shop dijo...

Muy buenoooo!!!!!!!

Sex Shop dijo...

Muy buenoooo!!!!!!!