We may never love like this again, canción de "El Coloso en llamas" de 1974

Salvese quien pueda

9 de Junio.- Sé que tendría que hablar del tema del día en Austria: de ese Gol que nos metieron los croatas traidores, aprovechándose de la suerte. Porque, de hecho, Austria jugó mejor. Pero no hablaré de ello, entre otras cosas porque otros habrá que lo hagan con más conocimiento de causa.
Eso sí: ayer por la tarde, mientras volvía de una escapadita al gimnasio, pude comprobar que, a banderitas, no nos gana nadie y que, incluso, hay rumbosos que han adornado sus balcones con macetas de geranios con los colores de la enseña austriaca que, como todo el mundo sabe desde que este blog existe son dos: blanco y rojo, en tres bandas.
A mí, queridos lectores del anchuroso mundo, no me sobra el dinero para estos juegos florales, así que me conformé con ver cómo unos cuantos croatas beodos, con el preceptivo uniforme rojo y blanco de cuadritos, celebraban la victoria contra la selección aborigen profiriendo toda clase de berridos al tiempo que tocaban (ojo al parche, que va bola) sendos cascabeles.
Y como, a falta de fúmbol, bueno es el cine, ayer le hinqué el diente a una peli de esas que te hacen recordar la obligación dominical de sestear. Me estoy refiriendo a la nunca suficientemente ponderada “La aventura del poseidón”, de la cual existe una versión moderna (infame) que se llama Poseidón (just Poseidón).
Hablemos de desastres.
Para empezar, diremos que las pelis de catástrofes son todas herederas de LA catástrofe.
Y LA catástrofe por excelencia es el naufragio del Titanic en Abril de 1912.
Todas las pelis de ese género tienen, con ciertas modificaciones, los mismos ingredientes del desastre original. A saber:


-Un cacharro (grande, a poder ser) en el que va subida gente –móvil, como en el caso de Poseidón; o estático, como en el caso del Coloso en Llamas-.
-Un malo que representa la arrogancia humana de pensar que la tecnología puede estar por encima de los hados: en el caso de Poseidón, el perverso armador Niarcos, que hace que el barco vaya ligero de peso en un mar picado; en el caso del Titanic, también el dueño de la White Star Line que puso el barco a toda máquina en un mar cuajadito de icebergs (por supuesto este malo siempre palma de una muerte horrorosa).
-Niño ligeramente repelente que se sabe el emplazamiento exacto de la sala de máquinas de la amura de babor. Jovencita postadolescente en busca de un maduro de sienes plateadas que le calme su recién descubierto furor.
-Cancioncita dubidú (“The morning after” en Poseidón, por ejemplo, ganadora del Oscar en su año).

Este tema de los barcos, es que los carga el diablo

Pero, sobre todo, gente que, al principio de la peli, va muy bien vestida y, al final, tras pasar por todo tipo de calamidades, termina hecha unos zorros como en las eliminatorias más estúpidas del Un,dos,tres.
En realidad, en estos personajes que van al principio de smoking o traje de coctail y al final de harapos es donde reside la gracia de estos flines. Desde le punto de vista del guión, el punto está en a) crear un vínculo emocional entre ellos y el público y b) cepillárselos en orden inverso a la importancia de ese vínculo emocional.
En La aventura del Poseidón, esta lista de muertes anunciadas empieza con un camarero al que no te da tiempo a cogerle ley, o sea, que cuando se muere escaldado en una caldera de agua hirviendo, ni fu ni fa; y alcanza su cénit con la muerte del personaje de Shelley Winters, la maternal señora mayor, la gordita campeona de natación.
Una muerte que te hace decirle al guionista:


-Joé, cómo te pasas.


Al principio del género, estas muertes estaban introducidas de una manera más o menos elegante. Pero, conforme se fue ampliando el catálogo de desgracias susceptibles de ser filmadas (terremotos, maremotos, accidentes aéreos, rascacielos hechos una tea, etcétera) se empezaron a retorcer cada vez más las circunstancias de los personajes con la intención de que nos dieran pena y soltaramos una lagrimita conforme el guionista, todo garbo él, se los cepillaba en el minuto treinta y tres.
Y así, en “El Coloso en llamas” había una ciega majísima que, sin embargo, terminaba despachurrada después de caer al vacío desde un ascensor ultramoderno (Jean Simmons, si no recuerdo mal); una secretaria pilingui pero de buen corazón que purgaba su adulterio muriendo asfixiada en brazos de su amante bandido; el bendito de Fred Astaire que sobrevivía a todas las desgracias con su peluquín empapado y su sonrisa art decó; y hasta un niño que se asfixiaba por tener puesto el walkman –recién inventado entonces por los ingenieros de la SONY- y no darse cuenta de que, al otro lado de la puerta de su dormitorio, a alguien se le habían chamuscado las tostadas.
A mí, personalmente, me encantan las pelis de catástrofes sobre todo por el vestuario. Es que me chiflan esos esmókines de americana de terciopelo verde botella, de solapa king size y pantalón de pata de elefante; me moriría por ponerme una de esas pajaritas de tamaño familiar que sólo se pueden llevar si la sala de baile va a quedar churruscada o anegada en la media hora siguiente. Me encantan esos trajes de noche de corte imperio de ásperas fibras sintéticas, colores ácidos, floripondios, y vagas resonancias hippys, indicados para Faye Dunaway. Esos interiores de un lujo anterior a la crisis del petróleo, que acaban siempre como tras el paso de Atila y sus boys; ese hilo musical con melodías de Burt Bacharach que se escucha, indefectiblemente, en el vestíbulo del escenario de la catástrofe; ese desfile inagotable de estrellas expertas en salidas de emergencia e inmunes al estrés postraumático.
Y, mientras como kikos, digo como decía mi abuela, q.e.p.d.:


-Películas así, hijo mío, ya no se hacen.

1 comentario:

m. dijo...

Titanic justo la emitieron el sábado en Antena 3 (no quiero ni imaginarme lo que duró con publicidad y todo). La de Poseidón no la he visto, sé que se hizo la versión hace poco pero no llegué a verla. Sí que es verdad este análisis, sí. Topicazos por todas partes, jeje. Ah, lo del documental es que no pude descargarlo subtitulado porque estaba tal cual. Me parece que no hablamos del mismo entonces... aunque si dices que lo dieron en al ORF hace poco tendría que serlo porque fue por motivo del premio (creo). Ya lo miraré.
Ah la dirección del blog te la mando al correo.
besos