Diner for one
31 de Diciembre.- Para terminar el 2009 le traigo a mis lectores un trozo de la Nochevieja austriaca (en dos partes). Se trata de Diner For One, el programa, según el libro Guiness de los records, más repetido de todos los tiempos.
Se emite todas las nocheviejas en Austria, Alemania y Holanda y una nochevieja sin Diner for One es como un jardín sin flores.
Se trata de una producción de la NDR la cual, en 1963 grabó la pieza del mismo título del dramaturgo inglés Laurie Wylie el cual, a su vez, la escribió para el teatro en los veinte del siglo pasado.  Los dos únicos actores son los británicos Freddie Frinton y May Warden una actriz por lo demás oscura que, de no ser por su participación en Diner for One, hubiera pasado a la historia como intérprete secundaria en La Naranja Mecánica de Kubrick en donde tenía un papelito que no tenía ni texto.
El sketch, de 18 minutos de duración narra la cena de una vieja dama inglesa y fue rodado en inglés y se emite en ese idioma -tampoco hay mucho que entender-; el efecto cómico es la frase "Same procedure as every year". Los aborígenes se tronchan.
En fin: mientras esperamos que llegue la nueva tanda de 365 días fresquitos, y con ella, el tradicional concierto anual de la filarmónica de Viena, deseo a mis lectores un 2010 lleno de toda clase de venturas en el que las cosas menos buenas, ya que son inevitables tengan, más o menos, arreglo.

Prosit Neujahr! Feliz 2010!



Alfredo Landa en la foto de la portada del libro
Landa y mi padre
30 de Diciembre.- Querida Ainara: mi amigo M. y yo compartimos muchas noches de barra y pista y, una de las cosas que más nos entretenía mientras esperábamos al amor de nuestra vida, era imaginar y partirnos de risa después con lo que habíamos imaginado. Una noche, nos dio por inventar dúos de artistas imposibles –lo que los cursis y los horteras llaman “duetos”- y quizá fuera por cierto exceso de alcohol en sangre nos vino a la cabeza que hubiera estado fenomenal una noche de los Grammys en la que hubieran cantado codo a codo, micro a micro, Cher y Lola Flores. Sólo de pensar en La Faraona cantando lo de “Do you believe in life after love” nos hizo a los dos llorar de risa. Aunque, por una extraña afinidad, es cierto que Cher y Lola hubieran hecho una gran pareja artística y que, probablemente, el público de esa noche de los Grammys que nunca podrá ser (¡Ay!) se lo hubiera pasado de miedo.


Hace dos días, en el avión que traía mis restos a Viena, tuve el mismo relámpago leyendo un libro. Se llama “Alfredo el Grande” subtitulado “Vida de un cómico” y son las memorias, más o menos asistidas, de Alfredo Landa. Sin duda, uno de los grandes actores que ha dado el país en los últimos cincuenta años. En el primer capítulo de libro, Landa explicaba que le hubiera encantado hacer La Vida de los Otros, una de mis películas favoritas. De pronto, me di cuenta de que, a pesar de estar separados por miles de kilómetros, por años luz culturales, Alfredo Landa y Ulrich Mühe, el actor que encarnó al protagonista de LvdLO, estaban unidos por una misma sustancia interpretativa y no me costó nada imaginarme al Alfredo Landa de Los Santos Inocentes con aquellos cascos de espía, o en el bar en donde suena “Wie ein Stern” (por cierto una de mis canciones alemanas favoritas) diciéndole a la actriz jaquetona y un poco emputecida que su público la adoraba.

Leyendo el libro me di cuenta de otra cosa que quizá te interese más.

En casa, siempre hemos coñas con el hecho innegable de que tu abuelo y Alfredo Landa son como dos gotas de agua (quizá de jóvenes más que ahora). Quizá porque los dos sean del tipo físico español más normal. O sea, hombres más o menos bajitos, morenos, y con cierta tendencia a la cólera ante la injusticia.

Leyendo el libro me di cuenta de que Landa y tu abuelo se parecen más que físicamente.

De lo que dice el libro se desprende que tanto el actor como tu abuelo pertenecen a una raza de currantes de las que ya no quedan. Y no sólo eso: los dos pertenecen a esa clase de personas cuya devoción por los suyos es uno de los pilares de su carácter y una de las directrices de su vida.

A tu abuelo, Ainara, y tú te darás cuenta, da gusto mirarle hacer una tortilla de patatas. Por la finura y el amor con el que hace todos los gestos humildes de la cocina. Y no es ningún secreto que, por nosotros, por cualquiera de nosotros (últimamente más por ti, quizá porque te ve más nueva, más vulnerable) se dejaría despellejar.

Tu abuelo, lo mismo que Landa, vive siempre con la conciencia de que, lo que hoy va de miedo, se puede ir mañana a hacer puñetas en cuestión de décimas de segundo y que, por eso, hay que tener siempre preparado un plan B. Es previsor y cuidadoso hasta la manía y eso es algo que, para los inexpertos en el negocio de la vida, podría hacerle parecer temeroso o cobarde. Y sin embargo, es todo lo contrario: hay una gran valentía en mirar a los ojos a las dificultades y en tratar de plantarles cara con la fuerza de los propios brazos.

A lo largo de mi vida hay pocos ejemplos que me hayan guiado tanto (y que tanto me hayan servido). A tu abuelo no se le ha oído nunca decir una mala palabra sobre nadie. Es la discreción hecha persona. Su lema es que la mejor palabra es la que se te queda dentro del cuerpo y es de una generosidad tal que le da igual los sacrificios que tenga que hacer para que su familia esté lo mejor posible dadas sus posibilidades.

Pero, lo mejor ¿Sabes qué es? Que todas estas cosas las hace con naturalidad, como si fueran cosas que cualquiera podría hacer. Y no se da cuenta de que, en realidad, hay muy pocas personas como él.

Besos de tu tío.

Despega como puedas
para mi madre, que tiene cabeza cuando los demás la perdemos
29 de Noviembre  Diciembre.- Ayer, sentado en el avión, pensaba yo: “Paco, estate quietecito y callado que, si en Detroit han hecho un aterrizaje forzoso porque han visto a un tipo de comportamiento extraño y pinta sospechosa, puede ser que tú hoy no llegues a Viena”.



Retrocedamos.





28.12. 2009.Interior. Tarde. 14:25. Paco lee un libro tirado en su habitación mientras su madre, como es su costumbre, mira el teletexto en el salón.


Madre: Francis.
Hijo: qué mamá.
Madre: tu vuelo, ¿Cuál es?
Hijo: (si quitar la vista del libro): El 35xx de Iberia.
Madre: ¿Y a qué hora sale?

Hijo: A la seis y media, ¿Por...?

Madre: Porque aquí pone que sale a las 15:40

Hijo:(Pálido): ¡Qué me estás contando!

Madre: Lo que oyes.

Hijo: Pues tiene que estar mal, porque yo...(salta de la cama).


Paco llama por teléfono a la central de reservas en donde le confirman que se ha equivocado. A partir de aquí los acontecimientos se precipitan.



14:27.- Hijo (pálido como un muerto –por el susto y por la convalecencia de la gastrointeritis): ¡Mamá, llama a un taxi!



14:29.- Madre e hijo están en la calle con las maletas, esperando un taxi que tarda en venir. Los minutos se deslizan lentos y pesados como un desfile de tanques.


Madre: Ay, Señor, este taxi que no viene.

Llega un Vecino Simpático.


V.S.: ¿Qué tal? ¿Vas o vienes de Vie...?

Madre: Pues mira, que nos acabamos de dar cuenta de que...(le explica el problema).


Paco empieza a ponerse de un tono sospechosamente verde. El estómago le empieza a dar punzadas. Sudoración. Respiración dificultosa. Ligero mareo.




14:41.- Viene el taxi. Se le explica la cuestión. Gracias a Dios toca un taxista animoso.


Taxista: Tú tranquilo, que a menos cinco estás tú en la T-4 y coges el avión.


Paco, moribundo, se deposita en el asiento de atrás del taxi. Su madre está, si cabe, más atacada que él.



14:45.- El taxista pisa el acelerador pero tiene que detenerse al llegar a una salida especialmente atascada debido al frenesí consumista navideño.


Taxista: Me cago en tó...Pero tú tranquilo, que ahora cogemos el peaje y recuperamos, ¿Eh?


Paco empieza a sentirse como una parturienta a punto de echar al mundo una criatura. Por el zipizape que tiene en la zona abdominal bien podría ser. Repasa sus últimas andanzas sexuales. Respira tranquilo. No. Lo ha hecho siempre con protección.


El momentaneo atasco se disuelve. El taxista encara una carretera de peaje. Los adefesios que ha propiciado la burbuja inmobiliaria desfilan a toda velocidad por las ventanillas.



14:50.-Taxista (en el mismo tono que un entrenador de fútbol americano de película explicando un placaje): ¡Tú ahora, a los mostradores de Iberia! ¿Eh? No pierdas el tiempo que, media hora antes de que salga el vuelo, cierran los mostradores.


Paco sólo es capaz de emitir un ligero sonido parecido a un ayyyy. El estómago le hace burrrp burrrp.



14:55.- Terminal 4 de Barajas. Paco recupera fuerzas para reptar fuera del taxi, abrir el maletero, sacar el equipaje y lanzarse hacia el mostrador de Iberia. Largas colas (aún más largas le parecen por el apuro). Dos agradables miembros del personal de tierra de la aerolínea le orientan a las máquinas de autochek-in. La madre de Paco ya se sube por las paredes. Paco, si tuviera fuerzas, también lo haría.



14:57.- Con la tarjeta de embarque y el pasaporte entre los dientes, Paco y su Madre acuden a los dos Agradables Miembros del Personal de Tierra que, sin cambiar de expresión, le dicen que espere una cola eterna. Paco se hunde en la más negra desesperación. Por suerte una Agradable Miembra del Personal de Tierra (distinta de las anteriores) le indica la zona de Business. Paco asalta el emporio de los Ricos y Famosos y, sintiéndose Darek (el ex de Ana Obregón, con quien comparte hechuras, blanca dentadura, rubia cabellera y musculaturas varias) le da un empellón a un ejecutivo especialmente imbécil y pone sus maletas en la báscula.


La Agradable Muchacha del Mostrador : pues ha tenido usted suerte de que el vuelo vaya con retraso, que si no, se hubiera quedado en tierra.


Paco piensa seriamente en saltar el mostrador y darle un beso de tornillo. Por suerte, se contiene. A estas alturas, suda a chorros, la adrenalina le sale por las orejas. Debe de estar pálido como el papel. Pero la maleta (loado sea Dios) ya va camino de Viena.


Paco: Corre mamá, que no llegamos al control.


Ante los puestos policiales, despedida emotiva (pero exprés) de Paco y de su Madre.


Haciendo el striptís acelerado que exigen los modernos controles aeroportuarios, Paco se lanza al detector de metales que, por suerte, no detecta nada que implique un retraso.



15:07.- Pájara. Paco, de pronto, no puede con la vida. Embarca en la puerta H2 (una de las del fondo fondísimo de la T-4) va por la serie J de puertas cuando las fuerzas le fallan ¿Llegará? ¿No llegará? ¿Romperá aguas antes de llegar al paritorio?



15:10.- Paco llega a la puerta de embarque más muerto que vivo, con la boca como un zapato, la ropa desordenada, sudando a chorros como si se hubiera duchado con la ropa puesta. Delante de él una pareja austriaca se hace carantoñas (concretamente un beso cada dos pasos).



Lo último que piensa antes de ocupar su asiento (el 23D, pasillo como a él le gusta) es en una escena de un libro de Primo Levi en el que explicaba cómo había tenido que sufrir para aguantar en Auswitz 14 horas de trabajo con disentería.

De pronto, entiende a Primo Levi perfectamente.


After Hours en Alcampo
28 de Diciembre.- Cuando llegué a Viena na de las cosas que más me sorprendían –y cabreaban- eran los horarios comerciales. Era, seguramente, porque los españoles estamos acostumbrados a ir de tiendas cuando no tenemos otra cosa mejor que hacer. Los sábados por la tarde, el momento más tonto de la semana, recorremos los pasillos del Carrefour, miramos los expositores y nos extasiamos ante lo absurdo de algunas ofertas sin decidirnos a comprar mucho, las cosas como son.

O nos metemos en un VIP´s o en una de esas cafeterías americanas que dicen que venden café pero que, en realidad, sirven un agua sucia que, por no poner, no pone ni nervioso.


En España el principio es: “mantengamos abierta la trampa lo máximo posible, que alguno caerá”. En Viena, todo está chapado a las 18:30 –máximo las siete-. Un día a la semana, los jueves, cierran los comercios a las ocho. Para rematar, los sábados, a las seis, cae la bomba de neutrones y, hasta el lunes, la ciudad está fibrilando, como decían en Urgencias. Ni un alma.

Cuando al principio, yo, presa del síndrome de abstinencia, me quejaba de esto, los aborígenes me miraban un sí es no es escandalizados y me decían:

-Es que las personas que trabajan en los comercios también tienen derecho a estar con sus familias.

Por no hablar de que, privados del atontolinamiento comercial, las gentes se ven forzadas a inventarse otros entretenimientos. Como salir al campo a ver árboles (yo, ya me he acostumbrado pero, de vez en cuando, el diablillo celtíbero que vive en mí sale, y me dice al oido que, donde esté una buena tienda, que se quite un bosque; y yo no tengo más remedio que darle la razón). Mi ideal sería pues dejar frita y humeante a la paloma de la VISA –si la tuviera o tuviese- pero entiendo que el sistema austriaco es mucho más educativo y más justo para todos. Y quizá, qui lo sá, la clave del éxito de este país en los informes PISA.

Han pasado los años, como en aquel bolero y a mí, ahora, los horarios españoles me parecen, no ya insensatos, sino abiertamente perversos.

El día de Nochebuena, sin ir más lejos, el Media Markt más cercano a mi casa cerró ¡A las ocho de la tarde!. Carrefour tiene abierto, según mis noticias, hasta las once, lo mismo que IKEA. Es que, pensándolo friamente, sólo se me ocurre una pregunta: ¿Quién es el desequilibrado que, a las diez y media de la noche de un martes, puede decir

-Arréglate Mari Cruz, que me acabo de dar cuenta que ahí, en el rincón, nos quedaría de miedo una mesita Svekongon?

 
Ayer estuve comprando en un Alcampo a las ocho y media con mi hermano y mi cuñada y la verdad es que tuve una sensación rara. Porque tampoco es que hubiera una gran algarabía, pero para mí, con otra costumbre, era como estar de madrugada en un sitio prohibido, invadiendo. Me fijaba en las caras grisaceas de las cajeras, en el aburrido semblante de los seguratas, y me daba como cosa andar rebuscando en la sección de bebestibles porque, poseido del síndrome de Estocolmo vienés, me imaginaba a los pobres hijos de esa gente esperando a sus padres. Criaturas de mirada perdida, como ternerillos sin cencerro, sentados frente a la tele viendo la repetición número n del rapado capilar de Aramís Fuster o de la dama que abría refrescos con el pechamen.

Creo que me estoy volviendo demasiado europeo. Me lo voy a tener que mirar.


Sacrificada vida del escritor
27 de Diciembre.- El escritor, después de haber pasado la noche en blanco con una gastroenteritis caballar, intenta pergeñar unas líneas para su blog…


“Hace algunos días recibí un amable correo de un lector amante de los libros. En él me explicaba que él nunca los subrayaba (costumbre que, por cierto, compartimos). El mensaje se prestaba a ser leído entre líneas y creí reconocer en él ese amor casi supersticioso que sentimos todos aquellos para quienes ven el momento de aprender a leer como una de las cumbres de su infancia.

Cuando vuelvo a España, a la casa de mis padres, duermo en la que fue mi alcoba de niño, de adolescente y aún de joven, y me reencuentro con mis libros. Vuelvo a repetir el ritual pulido durante tantos años y que me une como un trazo limpio, familiar y preciso con miles, millones de lectores que me han precedido. Esas largas horas dialogando en silencio con lo mejor que la humanidad ha producido son sin duda uno de los botines que un hombre puede llevarse de la vida.”



El escritor intenta releer lo que ha escrito, concentrándose en ver si el texto tiene tensión suficiente para que el lector no se dé cuenta de que está débil, mareado, en cualquier caso, muy fuera de forma…

 
“Leo vigilado por dos imágenes. La de mi abuelo S., guapo, vestido de recluta allá en los años veinte del siglo pasado, discretamente elegante sin saberlo. A su lado, una tarjeta grande de Las Meninas, que compré en el Museo de El Prado hace ya veinte años. En un tamaño menor, Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes, Marlene Dietrich en Deseo y una imagen de Fred Astaire que una asociación vienesa ha utilizado para una campaña publicitaria que aspira a recaudar fondos para los damnificados por una modalidad armamentística siniestra.”



Al escritor le gustaría poder escribir un texto con algún que otro chiste, pero el sentido del humor no te sale cuando estás enfermo…



“De vez en cuando, levanto los ojos de la página y veo libros, mis libros. Revueltos, como a mí me gusta. Atlas, biografías, novelas que me unen, pero al mismo tiempo me separan, de la persona que fui. Cuatro años no son nada en el tiempo, pero espiritualmente valen por una eternidad.

En cada viaje, selecciono un par de volúmenes –nunca más de cinco- que llevarme “



El escritor se rinde. Piensa que sus lectores le comprenderán si deja la escritura hasta mañana…


Por desgracia para mí y para mis fieles lectores no he podido encontrar ningún video de la dama de las ubres potentes;deberán conformarse mis lectores con el de la gallega histérica
Abriendo latas a tetazos
25 de Diciembre.- Feliz navidad. Confieso que mi país me produce cada vez más perplejidad ¿Cómo debe de ser criarse aquí, vivir aquí todos los días, cuando uno pone la tele y sale una mujer abriendo latas a tetazos? Ayer estuve viendo el dizque programa y dizque especial que ponía Antena 3 para divertir a sus telespectadores durante la cena navideña y, la verdad, se me cayeron todos los palos del sombrajo.


Hubiera sido algún consuelo que los contenidos hubieran estado especialmente elaborados para la ocasión (como aquella ubre volandera que Samantha Fox perdió durante el especial de Nochevieja de TVE y que, a pesar de estar perfectamente trucado todo el asunto, salió hasta en el telediario del día siguiente). Pero no. Se trataba de trozos de programas que se habían emitido (la mayoría) en horario supuestamente protegido.

Si un extraterrestre (pongamos un servidor) hubiese venido anoche en un platillo volante y hubiera sintonizado Antena 3 hubiera podido pensar que el país reverenciaba a los viejos rijosos, a las personas de vida marginal que amenazaban de muerte a otras en programas de televisión, a los individuos que se liaban a guantazos a la menor provocación; que el hombre más grande del mundo y la mujer más minúscula eran personajes de enorme importancia y que el chiste más delicioso que se les podía ocurrir a los guionistas de televisión era travestir al presentador o hacerle cantar cuando Dios no le llevó por el camino de la música.

Ayer, hipócrita de mí, con la oreja en la televisión, un ojo en los centollos y otro en mi sobrina –que está preciosa- pensaba yo en las personas que estaban solas en sus casas, en esta noche que, por lo menos para mí, tiende a la melancolía. Me ponía en la piel de quienes buscasen un poco, no ya de humanidad ni de consuelo, sino de un entretenimiento que no hiciera ruborizarse a los primates o a las hienas ¿Qué les quedaba?

Cuando el corte era de una singular crudeza, me preguntaba sinceramente, en alto ¿Pero esto, de verdad, sale en televisión? Y, después de llamarme mojigato (o casi) mi familia me animaban a dejarme de escrúpulos y me decían que cosas así eran lo más normal del mundo y que hacía las delicias del pueblo soberano que, como todo el mundo sabe, nunca se equivoca. Me preguntaban qué había en Austria y, al yo decirlo, me aseguraban con aire experto:

-Eso no vende.

Supongo que es el signo de los tiempos, que aunque a mí me parezca que ni los mismos hunos hubieran querido tener nada que ver con los guionistas de televisión actuales, España necesita de estos entretenimientos broncos para olvidarse de los males que la afligen. Que me vendrá mejor asumir lo antes posible que la televisión no tiene una responsabilidad con los niños y con los adultos y que es un negocio que no debe abrigar intención ninguna de formar ni de informar.

Será lo mejor.

Viena Directo te desea Feliz Navidad

24 de Diciembre.- Durante este último mes, he tenido que escuchar muchas versiones del tamborilero (una, incluso, infame de Rod Stewart). Lo cual me ha hecho reafirmarme en mi opinión y en mi Raphaelismo militante.
Aquí el Único, el Grande, el Inimitable Rapha-él (acompañado de la escolanía de El Escorial).



La multitud se agolpa a las puertas de la bolsa de Wall Street en 1929
Desde el país de la "grisis"
(Este post debió publicarse ayer pero debido a una inaplazable labor de juego de construcciones Lego con mi sobrina Ainara fue del todo imposible)
23 Diciembre.- Querida Ainara: te acabas de marchar de casa de tus abuelos. El lugar del mundo en el que mejor te lo pasas. Para probarlo, el número que has montado para irte. El hecho de separarte de tu abuelo siempre te cuesta un sofocón.


Yo, la verdad, estoy hecho polvo. El viaje desde Viena ha sido largo y tedioso. Tres horas y pico de avión en un trayecto que se suele hacer mucho antes. A mi espalda, una familia bastante pija que se esforzaba en demostrar cierta superioridad a base de mala educación y de no hacer caso de las instrucciones de la megafonía del avión. A mi lado, una chica joven que dormía con la boca abierta, ignorante de sí misma y, a pocos asientos, una adolescente vestida con unos escuetos pantalones cortos que hablaba inglés hasta consigo misma con ese acento nasal falsamente americano que se adquiere en los mejores peores colegios.

Por suerte, era Iberia y daban periódico. Sólo se puede elegir uno (suprema tortura para un voraz lector de prensa como es tu tío). Me he arrepentido casi instantáneamente de la elección hecha. El periódico que he cogido trazaba un panorama bastante negro del año 2010 para mis conciudadanos. Quiebras bancarias, quiebras empresariales, posibles disturbios, ay Macarena.

Al llegar, tras un feliz aterrizaje (gracias a Dios), me he encontrado Barajas mucho más tranquilo de lo esperable. En las cintas de recogida de equipaje no había demasiados vuelos, por lo cual el trámite ha sido corto y seguro (si no hubiera sido por una caterva de niños austriacos de aspecto angelical pero maneras de hotentote, que se sentaban en las maletas y hacían surfing por la cinta). Al decirle yo a uno de ellos que lo de repantingarse en las maletas que no son de uno está feo (conteniéndome para no darle un sopapo). Una muchacha española se ha solidarizado conmigo.

Muchacha-Y estos niños salvajes, ¿De quién son?

Yo-Pues no sé, pero la verdad es que a mí me están poniendo de los nervios.

Muchacha-Pues si hubiera sido mi padre ya me hubiera dado una hostia.

(Respeto totalmente la terminología original utilizada por la chica).

El taxi (por suerte, no había huelga). Los páramos castellanos, algo más húmedos por las nevadas recientes. Mi pueblo. Muchos comercios de toda la vida cerrados. En todos o casi, promociones (la ley prohíbe poner rebajas aún). Establecimientos de chinos (de alimentación, vestido y calzado). Un local de apuestas (!). Y la crisis. Todo el mundo me pregunta lo mismo. Entre donde entre hable con quien hable, todo el mundo que sabe que no vivo en España me pregunta cómo va la crisis. Casi con las mismas palabras:

-Y por allí…¿Se siente tanto esto de la crisis?

Siempre me sorprende mucho cuando vengo (cada vez más) que las dependientas de las tiendas –tan correctas en Austria- vayan vestidas, con todos los respetos, para cantar en El Coro de la Cárcel. Los piercings, los peinados, los tintes…La gesticulación de la gente por la calle que, acostumbrado a la sobriedad centroeuropea, me parece cosa de teatro. Lo alto que habla la gente ¡Mis vecinos! (a los que oigo a través de los tabiques: por un momento me parece que tengo la tele puesta). Sensaciones todas olvidadas las que me tengo que acostumbrar de nuevo. Que me dejan sorprendido pero que me traen una suave nostalgia de lo que fui y ya no soy.

Por suerte está mi madre, y luego llegas tú, tu madre, tu padre (mi hermano) y nos echamos unas risas que no me puedo echar en Austria porque me faltan las referencias culturales. Luego, me siento a jugar a las construcciones contigo.

Estás preciosa.

Besos de tu tío

Natascha, modosa, posa junto a una cámara de Puls 4 (foto: Puls 4)
Siempre ha habido clases
22 de Diciembre.- Para muchos de mis paisanos este habrá sido el día de la salud (para mí, también). Salvo seis euros que jugaba por cortesía de mi hermano, la verdad es que no le he dado a la suerte demasiadas ocasiones para que me venga a visitar.

En Austria, la nieve, ayer por la tarde, tomó la consistencia de la arena de la playa. Una espesura parda que cubrió las aceras más transitadas y que, al andar, hacía un ruido rasposo. Hoy, con las temperaturas sobre cero, la nieve se ha resistido a irse de los tejados y ha cubierto –para delicia de los turistas- la mayoría de las superficies ajardinadas, vírgenes de pie humano. Las temperaturas seguirán altas para el gusto aborigen –que siempre se alegra de que la navidad sea tan blanca como en los villancicos- y no se volverá a pasar frío hasta que llegue el fin de semana, cuando el Christkind haya traido los regalos. Yo no lo veré porque estaré en España, con mi familia, subiéndome el ácido úrico, si Dios quiere.
Aparte del tema meteorológico –puedo asegurar que ayer, durante el tradicional vinete navideño con C. y S., mis alumnos, casi me tienen que amputar algo- lo que recorre los mentideros vieneses es el caso de Claudia Schiffer, atrapada en el tren Eurostar durante las grandes nevadas. Mientras el pueblo llano, o sea, las personas con granos, con barriga, con celulitis, los calvos como yo, etcétera, tenían que aguantar en los trenes durante horas y horas, nuestra buena Claudia hizo una llamada con su móvil de última generación y, haciendo gala de muy poquita solidaridad con sus compañeros de infortunio ferroviario, consiguió ser rescatada en menos que canta el marido de la gallina. Así va el mundo, ladies and gentlemen, en este siglo XXI que, según los que entienden de esto, ya ha cumplido una década. La actitud de Claudia ha sido aprovechada por los medios austriacos para devolverle una bofetada sin mano  a los medios Piefkes, que habían puesto a escurrir a la República Alpina a cuenta de las últimas declaraciones de nuestra pequeña Natacha (Krampusch).

La exrehén de Prikopil ha recorrido los lugares de su encierro para un documental producido por una cadena alemana; durante la presentación de este programa, de indudable valor periodístico, Fräulein Krampusch declaró que dicho programa sólo podía haberse filmado mediante el patrocinio Piefke; Austria, dijo Natacha, está deseando echarle tierra encima a lo sucedido. Según Krampus, reina en el chiki country con forma de pipa una gana contumaz de mirar para otro lado ante lo desagradable, y un deseo de callarla a toda costa.

Los periódicos locales han aprovechado para recordarle a la muchacha la jugosa cantidad de euros obtenida por sus exclusivas para la ORF, así como los ingresos que le han procurado sus programas de televisión y la compasión universal que suscitó su caso. Y la instaba a cerrar la fruncida boquita, en el mohín que le es tan característico, y a fijarse en otras víctimas de crímenes tan horrorosos como el suyo. Verbigracia en la pobre familia del carcelero de Amstetten que, Dios y la poli mediante, habitan en algún lugar de Austria bajo una nueva identidad sin dar un ruido ni conceder una exlusiva mundial a cambio de los macabros detalles de su vida.
Todas estos tiras y aflojas los ha aprovechado la escritora española Almudena Grandes, para aliñar una columna (aquí) en la que, aprovechando las declaraciones de Krampusch, le afeaba a Austria su actitud frente al fenómeno del nazismo; comparándola con la muy sana de nuestros vecinos del norte que, según ella, purgaron a tiempo sus demonios familiares y ahora viven felices y comen perdices.

En fin.

Por cierto, dejo aquí un enlace especialmente dedicado a mis lectores germanoparlantes en el que podrán ver una entrevista absolutamente desternillante entre dos cabaretistas haciendo de Krampusch y Stephan Petzner. Está extraida de Hi-Society.

Un estudiante sostiene una pancarta (foto:www.kurier.at)
Cocineros y frailes
21 de Diciembre.- Hoy es el día más corto del año y ayer fue, parece ser, el más frío. Por lo menos en Austria, en donde se alcanzaron 24 grados bajo cero (yo eso lo he vivido en mis carnes morenas y, pese a lo abultado de la cifra, francamente: entre menos diez y menos veinticuatro, la diferencia es mínima; llega un momento en el que el cuerpo está tieso con la temperatura que sea).


La prensa y la radio se hacen eco de esta tremebunda ola de frío siberiano (groenlandés, dicen los entendidos) y la relacionan con el cambio climático. Se glosan, el grito puesto en el cielo, las gélidas temperaturas alcanzadas y, como en esas conversaciones de agricultores viejos a la vera de cualquier pilón, se dice que con las marranadas que le estamos haciendo a la atmósfera no es extraño que caigan nevadas en diciembre.

En fin.

Cuando nieva, hiela y caen chuzos de punta del firmamento cielo, los que salen perdiendo, naturalmente, son los pobres que viven en la calle. Este año habían encontrado algo de alivio en el Audimax de la Universidad de Viena que, como recordarán mis lectores, fue ocupado hace dos meses para protestar por las sevicias del Plan de Bolonia. Nuestro remedo vienés de mayo del 68 ha ido apagándose poco a poco (cualquiera que haya sido cocinero antes que fraile está al cabo de la calle de que las multitudes estudiantiles suelen tener arrancadas de caballo y paradas de burro). En cuanto han llegado las fiestas navideñas, las reivindicaciones han quedado aplazadas hasta mejor ocasión y se han disuelto en ponche y vino caliente.

Esta noche, el Audimax ha sido desocupado por la policía. Apenas quince estudiantes quedaban en lo que fue el epicentro de la revuelta que quería cambiar el mundo. Unos ochenta indigentes han sido también desalojados por la pasma la cual, tan cortesmente como suele en este país, les ha entregado un listado de direcciones a las que acudir para obtener algo caliente de comer y un techo bajo el que resguardarse.

Dicen las versiones oficiales que el desalojo se ha producido sin resistencia ninguna y que los estudiantes han desfilado (en el fondo, probablemente muy aliviados) después de haber cubierto su cuota de rebeldía. La resistencia infinita les ha durado dos meses.

Por lo demás, siguen las luchas de poder entre los rottweilers de la política austriaca. Centrada ahora en que el recién nacido FPK (Partido Liberal de Carintia) resultado de la fusión de parte del BZÖ y el FPÖ consiga su propio grupo parlamentario (situación que, no sólo le aportaría un gran eco mediático, sino un montón de Eurazos). Problema: para conseguir un grupo parlamentario hace falta que por lo menos cinco diputados abandonen su grupo original y emigren al hipotético nuevo. La lucha está siendo a muerte (de hecho, la lucha ES a muerte, para el moribundo BZÖ). De momento, sólo hay tres diputados nacionales que se hayan decidido a dar el paso.

Mientras tanto, los medios locales hablan de una reedición de la situación que, hace una década, llevo a Haider al poder de la mano del Partido Conservador e insisten (nunca bastante) en el peligro que supondría que unos indivíduos cuya ideología se traduce en diversas “fobias” (xenofobia, homofobia, etcétera) campasen a sus anchas por los lugares en los que se toman las decisiones.

“La vergüenza de Europa”, tituló hace diez años un prestigioso semanario austríaco. Esperemos que no se vuelva a repetir.

Winter Wonderland
20 de Diciembre.- En la cuenta de Flickr (aquí) he dejado para mis lectores fotos de los últimos dos días en Viena.

La ola de frío siberiano que azota Europa ha dejado unas blancas estampas que se disfrutan más en foto que en vivo y en directo. Hoy, al sol, había sólo cinco grados bajo cero. He intentado cambiar el objetivo de la cámara he sentido, por un momento, que los dedos no me respondían. En Estiria, incluso ha habido dos muertos por congelación (volvían, por separado, de sendas fiestas de navidad).

Las fotos, sin embargo, son bonitas (o eso pretendió el que las hizo). A disfrutar.

Verano (Julio-Agosto)
19 de Diciembre.- El año avanza (parece que fue ayer todo lo que estoy contando y ya han pasado seis meses).

En Julio, el día 4, tradicional desfile del orgullo gay vienés, maratón y delicia de todos los que, como yo, se pirran por hacer fotos. Como todos los años, record de visitas a la cuenta de flickr. Calor (que tanto se echa de menos ahora), diversión y baile.

6 de Julio.- La municipalidad vienesa propone prohibir comer en los transportes públicos, pretextando que los comistrajos de ciertos viajeros atentan contra el derecho de otros a gozar de un aire libre de olores fétidos. Al final, la medida no prospera.

7 de Julio.- Cristiano Ronaldo abandona su oficio en los coches de choque de las ferias para ser presentado como jugador del Real Madrid. A Viena llegan los primeros ecos de la promoción austriaca de “Los Abrazos Rotos”.


10 de Julio.- ¿Metro vienés abierto 24 horas? ¿No? El ÖVP hace campaña con dos jóvenes en paños menores (!). El hecho de que la chica esté en Top-less levanta las iras de las feministas (y de los verdes). Como respuesta, en la siguiente edición del cartel, el chico también pierde la camiseta.


13 de Julio.- Se cumple el cincuenta aniversario de la llegada del hombre a la luna. Momento que el escritor Fernando Sánchez-Dragó aprovecha para desmarcarse de la tendencia laudatoria general y escribir un artículo en el que duda de que el alunizaje se produjera. Yo, prefiero acordarme de mi abuela. Otra gran escéptica.


19 de Julio.- La crisis hace sus estragos. El Gobierno austriaco pierde la AUA (que compra la Lufthansa). Adiós menús, adiós.


20 de Julio.- Los ateos también se manifiestan en Viena. La campaña dura una semana, pasada la cual todo sigue lo mismo y en Austria no hay una apostasía masiva.


24 de Julio.- Tremenda tempestad sobre el lago Neusiedl. Mis ojos ven cómo el viento desgaja un árbol como se parte un puerro.


28 de Julio.- Feria de la moda de Düsseldorf. Una ciudad estupenda. Nada que ver con su vecina Colonia.

29 de Julio.- El Österreich despierta el pánico entre los turistas alemanes en Mallorca. Una plaga de medusas, la gripe porcina y un atentado terrorista hacen que los alemanes huyan de la isla manifestando su voluntad de no volver más nunca.

1 de Agosto.- ¡Entra en mi vida la tecnología fotográfica Reflex! Desde entonces no puedo estar sin mi cámara (que tantos momentos de placer me procura).

3 de Agosto.- Tras una pelea en la localidad italiana de Ostia, el pobre de Marcus Rogan, tras recibir una manta de ídem, termina con la cara como un pan.

5 de Agosto.- (por la noche) la policía mata al joven Florian P. , de 14 años, que atraca un supermercado en Krems. Florian es un rebelde sin causa pero, en cualquier caso, no merece morir tan joven. La opinión pública austriaca se indigna.

7 de Agosto.- ¡Los Abrazos Rotos! Tras la proyección llamo a mi amigo M. para lamentarme de no haber ido al estreno con él (como, por otra parte, es tradicional y teníamos los dos planeado). Pena penita pena de vivir tan lejos.

13 de Agosto.- Me convierto en uno de los pocos hombres residentes en Viena que se ha sometido a una mamografía. Ole.

17 de Agosto.- Se crea la SokoOst, unidad policial encargada de evitar que los chorimanguis procedentes de la Europa del este hagan su agosto en los länder más cercanos al antiguo telón de acero. Se destina a ello a una serie de honrados funcionarios que antes de apatrullar las zonas de conflicto, se encargaban de controlar que las cartas llegasen a su destino.

18 de Agosto.- Prospera la primera querella en la tierra en que nací por acoso laboral motivado por la homosexualidad del acosado. El objeto de la querella es un austriaco que dice que todas las acusaciones son caca de la vaca.

21 de Agosto.- Tábata y su colega Quique, de Callejeros Viajeros (programa de Cuatro) me graban en el Hipódromo de Viena.

28 de Agosto.- El post habla de otra cosa pero, ese día, paseé la mar de a gusto a lo largo del Danubio. Desde Roßauer Lände hasta el Observatorio astronómico al principio del Ring. En el momento en que escribo esto, nieva en la calle, así que lo recuerdo con el doble de nostalgia.

La actriz italiana Cristiana Capotondi, que encarna a la emperatriz Elisabeth en esta nueva versión
Queremos tanto a Romy
18 de Diciembre.- En los años cincuenta del siglo pasado, Austria se recuperaba de las heridas de la guerra mundial, aún dolorosamente reciente.


Deseando olvidar las convulsas décadas que habían sucedido a la caída de los Habsburgo, el inconsciente colectivo hizo un ejercicio de añoranza y así, una jovencísima actriz, practicamente recién salida de un internado para señoritas en la región de Salzburgo e hija de una de las mayores estrellas del cine de entreguerras alemán, recibió el encargo de encarnar a la emperatriz Elisabeth en una película. Para arropar a la joven pero dotadísima intérprete, Martischka la rodeó de los mejores actores de teatro austriacos del momento y, para congraciarse con el público más maduro, incluso fichó a su madre, Magda, para que personificase a la princesa Ludovica, la madre de la bávara que, en la película, conquistó los corazones de todos los que añoraban una representación ingénua y endulzada de la turbulenta monarquía austrohúngara.

Romy Schneider se convirtió en una estrella mundial gracias a su belleza y a la habilidad con que Maritschka presentó a la emperatriz como la perfecta casada y, los tiras y aflojas imperiales, como cosas que pasan hasta en las mejores familias. La emperatriz madre (tía, a su vez de Sissi) se convirtió en una suegra mala de cuento de hadas y el emperador Francisco José en un joven marido enmadrado testigo (impotente) de las peleas entre las dos santas que dominaban su vida (su santa esposa y su santa madre).

Tres películas duró la serie, hasta que Romy, rechazando un sueldo record para la época (un millón de marcos) decidió que ya estaba bien de unificar monarquías bicéfalas y se largó a París.

Vistas hoy, las películas de los cincuenta son encantadoramente cursis. E, incluso, los que no vean el encanto por ningún sitio, no podrán negar que están hechas con astucia y la misma pericia técnica que, al otro lado del Atlántico, desplegaba con muchos más medios Cecil B. Demille.

Sin embargo, parecía claro que los filmes habían envejecido y que el technicolor olía un poco a naftalina. Para rejuvenecer el mito y para quitarle a la emperatriz algo de almíbar, la ORF y la RAI se embarcaron en una nueva versión de la biografía de la emperatriz. Para que no existiera comparación con Romy Schneider, se eligió a una actriz italiana para que interpretase a la emperatriz. El emperador, lo puso Austria.

Durante un año, en escenarios naturales y en otros que querían serlo, se grabó la serie que, ayer y antes de ayer, emitió la segunda cadena de la ORF.

El resultado es solvente (la RAI y la ORF cuentan con cierto Know How en esto del drama de pelucón y bosques a la luz de la luna) pero en ningún modo es tan magnético como las películas originales. Quizá porque la actriz italiana tiene que ser doblada para el mercado alemán (cuando resulta claro que sus compañeros de reparto no). La italiana se defiende, pero la comparación es inevitable.

Por otra parte, la tele del siglo XXI no es el cine de los cincuenta. Los extras cobran, así que el multitudinario pueblo de Sissi a veces no es más que una primera de figurantes que se mueven mucho.

También hay más sexo. Sisi no es ya la jovencita virginal que se casa a los dieciseis sin saber nada de la vida. Los emperadores recién casados incluso echan un coito a la luz de la luna de Schönbrunn y la suegra, memorable en la primera versión, es en esta un personaje mucho menos creíble porque la han despojado de toda la carga de caricatura que un personaje así debe tener.

La serie se ve con interés, pero se echa de menos la belleza de Romy Schneider por todas partes. Quizá no la de la chica de dieciséis años que, asesorada por su madre Magda, aceptó el papel, sino la cínica y algo amarga de la mujer que, años después, volvió a interpretar a la emperatriz para Visconti.

Aquellos sí que eran tiempos.

Uwe Scheuch (dcha.) y HC Strache ayer, durante la conferencia de prensa en la que anunciaron que volvían a ser amigos (foto: www.kurier.at)
17 de Diciembre.- Era una cuestión de tiempo y, al final, ha sucedido. Los dos partidos ultraderechistas austriacos (BZÖ y FPÖ) se han fusionado de hecho. Aunque mejor sería decir que el FPÖ, con Strache a la cabeza, se ha tragado al BZÖ mediante el expediente de partirlo por la mitad.


A ver si consigo explicarlo.

Desde la muerte de Haider, el BZÖ andaba anémico de liderazgo. En un principio, y como medida de emergencia, Stephan Petzner, entre llanto y llanto, ocupó el lugar del prócer muerto, hasta que fue aligerado de sus cargas por sus compañeros de partido y sustituido por un empresario de Carintia llamado Bücher.

En una maniobra todo lo inteligente que permitían las circunstancias, las cabezas pensantes del BZÖ decidieron vincular la suerte del partido a una especie de culto postmortem a la figura de Haider. Monumentos de la más diversa índole y variadas apariciones públicas de la viuda, Claudia (atrezzo imprescindible: retrato del muerto en marco de plata). A nadie parecía importarle que Haider hubiera tenido una vida privada que nada tenía que envidiar a la sandunga que se gasta Berlusconi.

Sin embargo, el tiempo demostró que Bücher, un hombre más bien gris, no tenía prestancia mediática suficiente para llenar el hueco que había dejado Haider y el lloroso Petzner, una vez pasado el morbo del se-acostaron-o-no, se disolvió derretido debajo de una lámpara de rayos UVA.

A pesar de todo esto, en el BZÖ no querían ni oir hablar de reunificaciones ni de niños muertos . Pero (y aquí viene cuando la matan) hace un par de semanas estalló la crisis del Alpe-Adria, y se supo que Haider, amén de besar mocosos, abrazar ancianas y estrechar las callosas manos de honrados campesinos Carintios, había tirado los caudales en una política populista que había colocado a su land al mismísimo borde de la ruina. Y los austriacos pueden pasar por que sus políticos pueblen su cama con animales de cualquier pelo o pluma (allá ellos:los animalicos y los políticos) pero por lo que no pasan es porque les toquen las cosas de comer.

El escándalo está siendo monumental y tuvo su punto culminante en el programa de televisión que yo contaba hace dos entradas (el de los tres expertos contra el campesino de Central Lechera Asturiana).

Si yo no estoy equivocado, él, de nombre Uwe Scheuch, ha sido la pieza clave de esta maniobra. En aquel plató, mientras le despellejaban, debió de sentir una enorme angustia: la de todos los estudiantes que se enfrentan a un examen que saben que no aprobarían ni currándose la asignatura. De camino a casa, en la soledad de su coche oficial, el bueno de Uwe debió de masticar en silencio el ninguneo del que había sido objeto. Strache debió suponerlo y consideró que había llegado el momento de hacer una llamada de teléfono.

Ayer, se escenificó delante de la prensa el acuerdo que dinamitaba el BZÖ siguiendo el modelo de la CSU alemana. Los dos partidos se presentarían con sus propias siglas a las elecciones, pero en el parlamento harían causa común. Cinco parlamentarios del BZö se integrarían el el FPÖ a nivel nacional y en Carintia el partido cambiaría de siglas pasándose a llamar FPK (si no estoy equivocado). Para Strache todo son ventajas: no sólo gana 5 diputados (pasando de 34 a 39, de momento) sino que se embolsa 1,2 millones de euros del erario público con los que empapelar el país con los tradicionales carteles que le muestran sonriente, dientiblanco, y ojiazul.

La facción superviviente (vienesa) del BZÖ se ha tomado fatal la cosa. Más que nada porque Uwe no dijo ni mú mientras duraron las negociaciones.

Para rematar la faena, Strache se presentó anoche en la tele, triunfante, para explicar cómo se había convertido en la tercera fuerza política del país sin contarse veinte y sin pasar por la casilla de salida. La explicación fue, como todas las suyas, bronca. Estuvo , frío como el hielo. Como todos los políticos de su pasta, Strache se lleva mal con las palabras y las sutilezas le son ajenas. Él lo que quiere es imponer su punto de vista y no dudaba en hablar al mismo tiempo que el presentador intentando que no se escuchase cómo leía declaraciones suyas de los últimos años en las que casi se ciscaba en los políticos que hoy son (oficialmente) amigos suyos.

Puede que yo sea un aprensivo, pero daba como miedito.

Para que mis lectores se hagan una idea
Juguetes
16 de Diciembre.- Querida sobrina: aquí me tienes un miércoles más, esta semana considerando seriamente abrazar el satanismo.


Como todos los años, con las primeras nevadas ha llegado también a Austria una tormenta (mejor, un tormento) de villancicos de ayer, de hoy y de siempre. Con todo, son bastante mejores que aquellos que a mí me siguen provocando retortijones después de los años: aquellas cintas inacabables de mi infancia (aquellos casettes, dónde estarán) en las que coros de voces pretendidamente angélicas, pero en realidad espantosamente cursis, se empeñaban en cantar ese verso terrible que dice que “la nochebuena se viene, la nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más”.

Aquí están permanentemente enchufados al repertorio de Bing Crosby (White Christmas, Let it snow) y la cursilería irredenta la ponen Mariah Carey y otras divas del gorgorito . Como el repertorio, en cualquier caso, es reducido, no resulta improbable escuchar diez veces al día escuchar a Jorge Miguel cantar que last christmas le dio su corazón a una mocita (bueno, en su caso a un mocito) pero que este año buscará un lugar más seguro donde depositar su víscera cardíaca, porque el juncal le salió rana.

De todas formas, y quizá influido por estas entrañables fechas (que, como sabes, me ponen del hígado) hoy quisiera hablarte de juguetes.

Desde pequeños, la sociedad nos bombardea con la necesidad de poseer cosas. En la infancia, la unidad mínima de posesión, son los juguetes. En varios niños que tengo cerca, he observado que hay una especie de cualidad sedante en el proceso cuyos hitos fundamentales son desear, señalar, pagar (proceso delegado por razones lógicas) y adueñarse de la cosa. Supongo que yo, cuando era niño también era así (los niños no tienen la capacidad de darse cuenta de lo arteros que son los mensajes que les dirige el mundo de los adultos). Sin embargo, cuando emigré, descubrí que hay pocos objetos que de verdad se necesiten para vivir y que, aún estos, no son todo lo imprescindibles que a veces nos creemos.

La tendencia de nuestra sociedad a la acumulación, a la posesión, a la dominación, suele encubrir la incapacidad de llenar otro tipo de vacíos. En nuestro deseo conquistador, llegamos incluso a cosificar a las personas y hablamos de “mi mujer”, “mi marido”, “mi novio”, “mi hijo” o “mis amigos” del mismo modo y en el mismo tono en que nos referimos a cosas que nos pertenecen y sobre cuya suerte tenemos derecho. Cuando en realidad es al contrario. El que se expresa así cree que se relaciona con el mundo mediante estos vínculos de dominación es el que, en realidad, está dominado por las cosas. El que exhibe sus afectos como la gama de trofeos de los que dispone para justificarse ante el mundo no está sino haciendo gala de la pobre opinión que tiene de sí mismo.

Aquellos que nos soportan, que nos acompañan, que tienen la gentileza de escucharnos, nos hacen siempre un regalo, Ainara. Y no hay que olvidarlo nunca. Y, por supuesto, en ningún caso nos pertenecen, sino que el servicio que nos hacen haciéndonos la vida más agradable es algo quebradizo, efímero, que no hace más que subrayar nuestra interinidad en este mundo.

Un mundo que, a pesar de todas nuestras ansias de posesión, seguiría rodando exactamente igual a partir de mañana si nosotros desapareciésemos hoy.

Por eso, hay que disfrutar cada segundo de quienes nos dan su afecto, dotar a las relaciones que mantenemos con ellos de calidad, de profundidad, de anchura, color, intensidad. No dejar nunca que se agosten por pereza. No conformarnos con juguetes, con sucedáneos, con objetos que no tienen alma.

Besos de tu tío